En portada

Con motivo de la publicación del número 4 de Negratinta. Cuba, el ocaso de la última utopía, hablamos, entre otras, del oficio de periodista con Pablo Sierra del Sol, uno de sus editores. En la presentación de la revista que aparece en la web habláis de un «periodismo perdido» que pretendéis recuperar, ¿cómo era ese periodismo y cómo es el actual? ¿Por qué aquel era mejor? Recuperar el periodismo perdido no es un simple ejercicio de nostalgia ni una manera

¿Qué pasaría si juntásemos a filósofos y pensadores de todas las épocas, tales como Dostoievski, Sartre, Platón, Wittgenstein, Nietzsche, Beauvoir, Sócrates, Kant o Camus en un mismo tribunal, en una oficina moderna o en un terreno de juego para disputar un partido? Corey Mohler (Portland, OR, Estados Unidos, 1985), que cuenta con la improbable virtud de ser trascendental a la par que divertido, brinda en estos Cómics existenciales la posibilidad de disfrutar a través de unas páginas que oscilan, en natural equilibrio, entre la reflexión sosegada y lo hilarante del chiste fácil.

Por Simon Leys Cuando se borra la historia de un pueblo, se borran sus bases morales. Ma Jian Si Hitler hubiera ganado la guerra, podemos imaginar que, un cuarto de siglo más tarde, una nueva generación de dirigentes nazis, obedeciendo a imperativos pragmáticos, probablemente habría emprendido la reforma de la visión original del Führer de manera tal que habría acabado siendo difícil reconocerla. Pero, actuando así, no les sería difícil conservar por todas partes los retratos del genial fundador del Tercer Reich; y su efigie gigante seguiría decorando la fachada del Reichstag en Berlín. Diversos aspectos de la ideología hitleriana, de idiosincrasia un poco incómoda (pensemos en la «cuestión judía», por ejemplo, para entonces resuelta ya mucho tiempo atrás), se habrían metido discretamente debajo de la alfombra; y, además, en sus relaciones —por lo general buenas— con el Reich europeo, la diplomacia transatlántica se guardaría púdicamente de aludir a estas desagradables historias del pasado (que, por lo demás, no tendrían ninguna incidencia en los nuevos intercambios comerciales).

Puentes

Nhung ayuda por las tardes en el arrozal, pero aún es una niña y, de vez en cuando, mientras regresan a casa, se esconde entre las plantas que bordean el camino, o se sube a un árbol hasta que su madre, tras llamarla sin obtener respuesta, se gira y comienza a enfadarse porque está cansada del largo día de trabajo y, también, del mismo juego. La niña no sospecha la verdadera razón del enfado de su madre. Hoy se ha

El diálogo entre el profesor y su única alumna en torno al verso libre Este original libro es un aporte capital sobre uno de los puntos basales de la poesía moderna, el verso libre, aunque el autor sabe retrotraer cuidadosamente su presencia en poéticas más antiguas. Provencio es uno de los estudiosos más interesantes de la poesía contemporánea, si bien no de los más conocidos; creo que lo primero suyo que leí fue una guía didáctica de lectura tan completa

Moloch! Moloch! Nightmare of Moloch! Llevaba una semana agotada. No era por trabajar en verano mientras la mayoría de la gente se iba de vacaciones; en el trabajo al menos estaba fresquita, a resguardo del calor sofocante del exterior, donde el aire de la calle envolvía a todos como una gruesa manta de lana. El cansancio, esa sensación, venía a cuenta de todo del tiempo robado por los autobuses, que reducen su frecuencia de paso en verano. Suponía entre veinte y

Minila me hizo el favor de mandarme su último libro al departamento, bueno, al de una amiga porque en el mío se los roban. Lo primero que leí de él fue Lo peor de la buena suerte, publicado por Tierra Adentro. Me gustó tanto que además de reseñarlo compré un par más y los regalé. Luego escribí sobre él para un periódico local (vivo en la Ciudad de México) en el que trabajaba. Creo que le gustó mi recomendación o el

incorpore es una editorial con un pie en Francia y otro en España. «Oiga ―me dice el lector imaginario―, que ha escrito el nombre de la editorial con minúscula inicial y con el ʽinʼ en cursiva». A este meticuloso lector le diremos que se escribe así. Paisajes en una maleta pertenece a la colección les petits bilingues, por lo que una página está en francés y la de al lado en español. En la contraportada hay un breve texto en francés que voy

Apenas había salido el tren, mi compañera, esa que no llevaba pasaporte, se durmió. Se ve que el golpe de las ruedas y el balanceo del tren actúa sobre la conciencia humana adormilándola. Por suerte para mí, durmió hasta la misma Viena. Ocurrió en cambio que tuve otros dos acompañantes en el compartimento del tren. Estaban sentados enfrente de mí y hablaban en alemán. Uno de ellos era un hombre corpulento, ancho de hombros, de mediana edad y bien afeitado.

Desde fronterad

A sus 54 años, Agapito Pazos Méndez vivió su único día en el mundo. Conoció el mar en la costa de Galicia, recibió el beso de una mujer y comió su plato preferido. Nada mal para un condenado a no pisar la tierra. Luego lo devolvieron al Hospital Provincial de Pontevedra, donde había entrado a los 11 años y donde murió a sus 80, cuando tuvo suficiente de espiar el cielo por la ventana de la sala de medicina interna.

Dos profesores universitarios españoles, uno que trabaja en España, el otro en una universidad americana, se encuentran después de tiempo en un congreso de filología o literatura española.  —Joder, mira esta noticia. ¿Otra reunión sobre la crisis de las humanidades? Y en la capital de Estados Unidos, vaya. A propósito, es la primera vez que me entero de la existencia de esa Alianza Nacional de Humanidades que pretende «proteger el futuro de nuestras disciplinas». —Y otra vez la crisis. Si

Laura. Italiana. Diseñadora. Preciosa. Pechos sibilinos –los que yo suelo soñar dormido y despierto; los que te hacen caer del caballo–. Actitud demoledora. Besable hasta la extenuación. Inteligente. Con sentido del humor. Nos duchamos juntos como si nos conociéramos de toda la vida. Que ya era hora de poseer a una clienta parecida  a las chiquillas que me solía sacar de las discotecas en tiempos cuanto menos mejores. Y me contrató porque según ella, le “picaba la curiosidad”. Pero mira

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