Archivo de Autor - Jerónimo Fernández Duarte
foto de paul bowles

Déjala que caiga es la respuesta que da uno de los asesinos de Banquo cuando este hace el comentario intrascendente de «parece que se avecina lluvia». Y es la última frase que Banquo oye. En la breve nota introductoria del propio Paul Bowles a la novela —escrita la nota unos 30 años después— nos dice que esa frase le fascina desde que leyó Macbeth con ocho o nueve años. Le entiendo. Aunque nunca fui tan precoz como para leer Macbeth

Carson McCullers publicó su primera novela, El corazón es un cazador solitario, con veintitrés años, en 1940, el mismo año en el que moría a los cuarenta y cuatro años de edad Francis Scott Fitzgerald. Más que de relevo generacional, puede hablarse de una escritora precoz que publica su primer libro y un cadáver precoz que se reúne por fin con la tierra. La brillante lost generation recibiría el reconocimiento de dos premios Nobel a principios de los cincuenta y la generación de la

El mejor elogio que le hicieron a Casanova como escritor fue negarle la autoría de sus Memorias 1 y atribuírselas a Stendhal, que las habría falsificado. No dudo de que Stendhal leyera a Casanova —las Memorias están escritas en francés— y de que sintiera simpatía por él; lo cita alguna vez en Paseos por Roma (Alianza editorial, 2007), y hay algo en la sequedad y vivacidad en el estilo que los emparenta. No obstante, el estilo de Casanova es, de

Decía Andy Warhol que nada daba tan buen resultado como el objeto inadecuado en el lugar apropiado. Jean Rhys pertenecía tanto a este mundo como un meteorito: nacida en Dominica, en las Antillas, de padre galés y madre criolla, quiso marcharse a Inglaterra, en la adolescencia, seducida por todos los libros que había leído, sin caer en la cuenta de que en Inglaterra hacía frío, ya que ninguno de esos libros lo mencionaba. El choque con un país gris, de calles grises y

En 2004 se publicó Suite francesa, novela interrumpida de Irène Némirovsky, quien fue deportada a Auschwitz mientras la escribía. Le dio tiempo a guardar los cuadernos en una maleta que confió a sus hijas y que éstas no abrieron en cuarenta años, temerosas de que contuviera los diarios de su madre durante la Ocupación. Cuando por fin lo hicieron, la novela, inacabada, salió a la luz, ganó el Premio Goncourt y devolvió el nombre de Irène Némirovsky a la actualidad. Salamandra

Se dice devorar un libro y se alude a esto, aunque devorar implica comer rápido y sin saborear lo que se come y vale la pena detenerse a saborear lo que se come al leer Paseos con mi madre, de Javier Pérez Andújar. Hace poco leí un reportaje en El País que recorría un territorio en parte superponible al que describe Pérez Andújar