Archivo de Autor - Raquel Blanco

Estoy aprendiendo a patinar. El domingo pasado, primer intento. Según me caía la primera vez, con cierto estrépito y mucho más miedo que vergüenza, la edad de una es lo que tiene, importa más el dolor que el qué dirán, en fin, me dio por pensar, durante esos largos segundos que tardó mi culete en estrellarse contra el suelo, como cuando se va a morir alguien y se dice que ocurre esto, que toda tu vida pasa ante tus ojos,

Una de las mejores cosas de este trabajo, sin duda, se da cuando hablas con las libreras o los libreros que además leen y disfrutan los libros. Todos los que trabajamos con librerías, o acudimos a ellas con cierta frecuencia para comprar o interesarnos por algún título, acabamos yendo justo a aquellas donde sabemos que hay alguien que, como nosotras, busca en los libros acaso alguna respuesta, o un refugio, un disfrutar sin más de una buena lectura, desconectar del

La primera parte del título se lo dedicamos a un librero de Zaragoza que, sabemos, por esta anécdota recurrente, que no se lee nada más que los titulares (no es un reproche; te entendemos, Paco, esta redactora puede ser muy aburrida, a poco que se ponga) de modo que cada vez (y ya van…) que lee «Cerramos», nos llama, alarmado, «Raquel, qué me dices, qué ocurre». «Nada, Paco, si es lo de todos los años, que nos vamos unos días

Desde que leyera ayer en el Babelia, en la página 3, en un texto cuyo título me gustó tanto que me lo he quedado para este editorial, que «La realidad es que un solo 2% (de autores) puede vivir de la literatura», no hago más que pensar en ti, digo, en el artículo o, más exacto: en el concepto «autor». Porque a qué se refiere aquí la periodista. ¿Qué es un «autor»? ¿El que lo pretende? Porque si es así,

Cuando se nace en una casa donde no hay libros, referentes, dónde se buscan. Recuerdo mis primeras lecturas como un totum revolutum, desordenadas, inconexas. Buscaba los libros en las estanterías de otros, en la escuela, en la casa del cura. Como a mí no me gustaba ir a misa, y mi madre, además, tuvo siempre la prudencia de no obligarme a que lo hiciera, me refugiaba allí a esperar a que salieran mis amigas. Los curas eran generosos; tal vez alguno

  Hay libreros y libreros. Y luego está Xavi, de librería Nollegiu. Nuestra última conversación, hace unos días, empezó así: —Xavi, qué tal. Oye, que te llamo porque tengo ya el libro de Atxaga, no sé si viste, te lo tengo que enviar. Me corta: —¡Ya lo tengo! Fui a Casa Usher, lo vi, y me lo compré. Te lo iba a pedir para la librería. Tengo que pedirte un montón de cosas… —Pero cómo que te lo has comprado —le

Lo decimos muchas veces cuando no nos escuchan los autores: qué tostón el tener que acudir a la presentación de un libro. Pocos compromisos hay más pesados, más aburridos, más difíciles de evitar sin quedar mal, o regular. Y lo cierto es que estos actos para mayor gloria del autor y sus padres y sus primos, son una pesadez inaguantable. Recuerdo una ocasión —la tengo grabada a fuego en mi memoria, de tan mal como lo pasé— en la que un autor

El Libro: Escuchar Irán, de Patricia Almarcegui. Lugar: Librería Rafael Alberti. Calle Tutor, 57. Madrid Hora: 19:00 h. La redactora, que va a hacer también unas fotos, llega una media hora tarde por un error fatal de cálculo. Piensa, según escribe estas líneas, que tal vez no sea buena idea hablar de sí misma en tercera persona. Lo deja estar. Intevienen: Javier Castro, editor de Newcastle; Jesús Marchamalo, escritor y periodista; la propia autora. «Este libro es un relato pasado.

«No estoy acostumbrada, llevo fatal lo de estar a este otro lado», me dice Tamara Crespo cuando ve que enciendo la grabadora. Es la librera de Primera Página, una de las ¿12? librerías de Urueña, el pueblo de Valladolid donde hay más librerías que bares, tan sólo 182 habitantes censados el año pasado, según el INE, una muralla casi que en perfecto estado de conservación y unos 1.000 instrumentos musicales diferentes

La frase es de mi hija. No dejará de sorprenderme su capacidad para ser feliz, su sentido del humor, con lo chiquitina que ha sido, la madre tan cargada de trabajo que ha tenido casi desde que era un bebé. Doy las gracias al cielo cada día. De corazón. Recuerdo que me lo soltó cuando llegamos al coche para volver de no sé qué recado, estaríamos comprando los regalos de reyes en Venir a cuento, me parece; me pusieron dos multas casi a