Archivo de Autor - Raquel Blanco

O por qué hay que estudiar filosofía en las escuelas. Otra razón más El proceso es el siguiente: selecciono una serie de citas textuales, se las paso a Max y él las dibuja, hace una especie de aproximación intuitiva, no filosófica, él no es filósofo; de hecho, él suele decir que es mi primer aprendiz de filosofía. Maite Larrauri en librería Muga el pasado 17 de marzo. Me van a entender mejor quienes como yo siguen y devoran los títulos de la colección

El primer día llovió a cántaros, un chaparrón de los buenos, de esos que luego dejan un olor a tierra mojada un buen rato, incluso en Madrid. Y el segundo también. Pensaba, según llegaba el sábado por la tarde, tan contenta, celebrando que, a buen seguro, entre unas cosas —las lluvias— y otras —un partido de fútbol de esos que paralizan media España y fastidian a la otra mitad—, no iba a encontrarme con el desquiciado mogollón de gente que suele acudir

Si la librería Venir a cuento es «un espacio diferente», su librero, Enrique García Ballesteros, no lo es menos: historiador y periodista, ha hecho «de todo», dice, en el sector editorial. Escéptico convencido, descreído, pesimista, de vuelta de un montón de sitios, parece haber encontrado en su librería un lugar a su medida. No en vano ha cortado él mismo el patrón. No es casual, en fin, está medido, que esta charla sea la que inaugura la serie Conversaciones con gente de letras: no solo por lo bien que lo pasamos, sino también.

Joaquín Campos está en España estos días, de gira, como una estrella de rock; todo el mundo quiere entrevistarlo, saber cómo fue lo suyo con Segarra, cómo ha conseguido esta historia, por qué fue a él al que concedió la entrevista el presunto asesino antes de que se lo llevaran a Tailandia para ser juzgado por el asesinato de David Bernat, el consultor leridano cuyo cadáver había aparecido flotando en un río, Bangkok…

La mirada nos hace olvidar lo que queda en sus márgenes, y que es el mundo entero, la vida entera. La mirada prolonga naturalmente nuestro cuerpo hasta el extremo del mundo, y el mundo, que no tiene extremo, parece limitarse tan naturalmente a un punto de vista. (…) El realismo, para un pintor, no consiste en reproducir un motivo, sino en producir una relación (François Deck) Texto: Bernard Nöel. Diario de una mirada. Traducción de Miguel Casado

Libros de filosofía como aperitivo La cita fue en una de nuestras librerías preferidas: Muga. La excusa, uno de los libros de la colección Filosofía para profanos, el primero de la serie que está publicando —ya van tres títulos— la editorial librerante Los libros de fronterad , El deseo según Gilles Deleuze. Pudimos conocer por la propia autora, Maite Larrauri, de dónde surgió la idea, qué cabe esperar de la lectura de estos libros tan pequeños, cuál es su ambición. No vamos a dejaros hoy más que unas fotos, es así

Fue en la librería Venir a cuento. Sábado 12, a las doce de la mañana. [La becaria acudió a la cita sin batería en la cámara de fotos. Como nos costaría un dineral despedirla, en fin, hemos optado por usar las fotos que sacó con el móvil. Y que sea lo que Dios quiera.] Los niños fueron llegando, más o menos puntuales. Aquí aún no estaban todos… Al fondo, los editores: Antonio Cordero saluda a su hermano Gonzalo; Enrique Mercado, editor

Perder ciudades dos viajes en el siglo XXI, de Hilario J. Rodríguez (New Castle, 2015) Que son muchos libros los que se publican en este país y que esto no parece que pueda pararlo nadie da fe la mesa de novedades de cualquiera de las librerías medianas de cualquier ciudad: libros que se apilan en torres; algunos, los menos, a elección del librero y su parroquia; otros, los más, a elección del comercial asignado a la zona, o del propio editor

Uno de mis hermanos solía explicar las habituales dificultades de convivencia en los pueblos, los odios ancestrales que se tenían los unos a los otros, el mal que se desean, por la imposibilidad de no ver durante un tiempo al que tan mal te cae, no poder alejarte de él; en lugares donde vive tan poquita gente no es fácil no coincidir, por no decir imposible. De manera que tienes, sí o sí, que tomarte el café en el bar cada mañana con el tipo que le dijo no sé qué a tu hermana, o con el que movió la linde a su favor para arañar «ya ves tú, qué miseria de tierra». Todas y cada una de las mañanas, a ese mismo tipo. Es complicado.

Alguna vez lo hablamos: se publican demasiados libros, libros que a ver para qué se publican si, seamos honestos, hubiera dado lo mismo que no se hubieran publicado; es decir, no lo mismo, voy a precisar: hubiera el sector, sin tener que soportar la carga de la publicación, trasporte, colocación y conato de venta de toda esa basura, podido respirar algo mejor. Se notaría para bien, digo. Porque la oferta editorial es tan amplia, se manejan números tan desproporcionados[1], que