Archivo de Autor - Sabina editorial

[Leído en El Placer de la Lectura] Esta nueva edición anotada con traducción de Milagros Rivera Garretas es la única traducción en femenino que existe en español. Nos devuelve a Virginia Woolf hablando en femenino cuando se refiere a ella misma, a otras mujeres o a situaciones de mujeres. Y el resultado es diferente y mucho más fiel a la obra original. Un cuarto propio es una obra crucial del feminismo y la teoría literaria contemporánea nacida de las conferencias que dio Virginia Woolf
Juana Castro

Oráculo Un poco de ceniza y una seda deshilachada y rota es todo cuanto de ti me resta. Entre tu fe y mi vida, sola, la espada permanece como un hilo midiendo la distancia. Ella es la más fuerte. Fulgirá por los siglos como el rayo perenne de la historia. Tu martirio y mi nombre no resisten las radiantes estrellas de su arista. Brillante testimonio, erguida se levanta, y nos reta al silencio. Solo ella – metal, espejo, lanza- solo
Virginia Woolf. Mundo

¿Por qué este libro? Un cuarto propio, de Virginia Woolf. Por Carmen Oliart, de Sabina Editorial Queríamos publicar una obra de Virginia Woolf porque es una de las grandes y me entusiasman sus ensayos. Y Un cuarto propio es una obra que desde su publicación en 1929 cambió para siempre la forma en la que las mujeres, y las escritoras, se miran a sí mismas. La oportunidad de sacar una nueva edición de esta obra crucial de la crítica literaria y
sexo

Sexo o muerte No sé si hablo de sexo o de muerte, tu cuerpo desvanecido después de su último temblor. El sudor frío que recorre tu sien, el gemido ahogado en tus cuerdas vocales. Y en tu lengua, de repente inerte. No sé si es muerte o sexo;     te vas,   y todo cesa. Escombros está disponible en la generosa red de librerías con que las que trabajamos. Si no ves en el mapa una que te quede a mano, pregúntanos: librerantes@librerantes.com
Juana Castro

¿Por qué este libro? Nunca estuve tan alta, de Juana Castro. Por Carmen Oliart, de Sabina Editorial Este libro nace de un deseo de las editoras: publicar la poesía de Juana Castro en nuestra Colección Mínima, creada pensando en autoras como ella. Porque creemos que Juana castro es una de las mejores poetas en lengua castellana. Porque domina el lenguaje poético, cada palabra la justa para componer una métrica musical, redonda, que colma la boca y los oídos. Porque su poesía es carnal

Una reina de leyenda Juana I de Castilla, de Aragón, de Nápoles, de Sicilia, de Navarra, de las Indias y de las Islas y Tierra Firme del Mar Océano (1478-1555), fue la primera reina (o rey) de España y la más poderosa de su época. Es también la más conocida de la historia de la Península Ibérica, tanto que hay quien se acuerda de ella más que de su madre, la famosa Isabel I de Castilla, llamada la Católica. Pero
Todas las cartas que yo puedo escribir Emily Dickinson

713 En Ese día sobrecogedor. Poemas del incesto Ana Mañeru Méndez y María Milagros Rivera Garretas, editoras de Sabina Editorial, han seleccionado 23 poemas de Emily Dickinson que tratan sobre el incesto. En esta obra nos descubren que sufrió incesto en la infancia y también en la edad adulta, como refleja en muchos de sus poemas. Emily Dickinson convirtió el delito y sus «Confines de Dolor» en poesía, sin olvidar nunca que la poesía es política, política del sentido de la vida y
Todas las cartas que yo puedo escribir Emily Dickinson

         Este poema y su traducción pertenece a Poemas 1201-1786. Nuestro puerto un secreto es el tercer volumen con las obras completas de Emily Dickinson publicados por Sabina editorial, edición bilingüe. Está disponible en la generosa red de librerías con que las que trabajamos. Si no ves en el mapa una que te quede a mano, pregúntanos: librerantes@librerantes.com

Esta viñeta pertenece al libro La bella durmiente hace el turno de noche, de Pat Carra. Podéis conseguirlo, ya lo sabéis, en nuestra generosa red de librerías. Si no ves en el mapa una que te quede a mano, pregúntanos en librerantes@librerantes.com, que te la encontramos rápidamente.    

El sacrificio Llegué por primera vez a St. James, Nueva York, mi futuro hogar, en el invierno de 1946. No era un día brillante de hielo ni un día de nevadas de suaves contornos blancos y carreteras silenciosas; solo un día gris y frío sin nada digno de reseñar. Llegué un domingo por la mañana en el ferrocarril de Long Island. Las ventanas del tren estaban sucias, los suelos mojados, el calor surgía en bocanadas rancias de algún lugar que