Entradas en la Categoría

Editorial

Una de las mejores cosas de este trabajo, sin duda, se da cuando hablas con las libreras o los libreros que además leen y disfrutan los libros. Todos los que trabajamos con librerías, o acudimos a ellas con cierta frecuencia para comprar o interesarnos por algún título, acabamos yendo justo a aquellas donde sabemos que hay alguien que, como nosotros, busca en los libros acaso alguna respuesta, o un refugio, un disfrutar sin más de una buena lectura, desconectar del

Desde que leyera ayer en el Babelia, en la página 3, en un texto cuyo título me gustó tanto que me lo he quedado para este editorial, que «La realidad es que un solo 2% (de autores) puede vivir de la literatura», no hago más que pensar en ti, digo, en el artículo o, más exacto: en el concepto «autor». Porque a qué se refiere aquí la periodista. ¿Qué es un «autor»? ¿El que lo pretende? Porque si es así,

  Hay libreros y libreros. Y luego está Xavi, de librería Nollegiu. Nuestra última conversación, hace unos días, empezó así: —Xavi, qué tal. Oye, que te llamo porque tengo ya el libro de Atxaga, no sé si viste, te lo tengo que enviar. Me corta: —¡Ya lo tengo! Fui a Casa Usher, lo vi, y me lo compré. Te lo iba a pedir para la librería. Tengo que pedirte un montón de cosas… —Pero cómo que te lo has comprado —le

La frase es de mi hija. No dejará de sorprenderme su capacidad para ser feliz, su sentido del humor, con lo chiquitina que ha sido, la madre tan cargada de trabajo que ha tenido casi desde que era un bebé. Doy las gracias al cielo cada día. De corazón. Recuerdo que me lo soltó cuando llegamos al coche para volver de no sé qué recado, estaríamos comprando los regalos de reyes en Venir a cuento, me parece; me pusieron dos multas casi a

El grito inútil ¿Qué vale una mujer? ¿Para qué sirve una mujer viviendo en puro grito? ¿Qué puede una mujer en la riada donde naufragan tantos superhombres y van desmoronándose las frentes alzadas como diques orgullosos cuando las aguas discurrían lentas? ¿Qué puedo yo con estos pies de arcilla rondando las provincias del pecado, trepando por las dunas, resbalándome por todos los problemas sin remedio? ¿Qué puedo yo, menesterosa, incrédula, con solo esta canción, esta porfía limando y escociéndome la

El poder del silencio de los libros, que despierta nuestros sentidos antes de que conozcamos el tesoro que encierra. Ayer fue un día bastante triste (salvo la tardenoche, como luego estuvimos de librerías). Muy triste; me lo pasé discutiendo con una librera a la que un tipo más listo que donde los hacen —ya hemos hablado de él en anteriores entregas: no se ha equivocado en toda su vida una sola vez, al menos no que nosotras sepamos— le ha pasado graciosamente un balón que no tenía por qué ir para ella —o tal vez sí, no lo sé— y que entró en una dinámica tan mala como la mía; esto es, el discutir no para llegar a una solución, sino para acabar demostrando, nada más, que llevábamos razón, cada una en lo suyo.

Esta semana empezó muy bien: Varasek tenía ya lista la 2ª edición de Círculo de hueso y, además, llegaba el 17º Buccaneers: Geometría básica, Lupercalia estrenaba marzo con una novela negra, de la mano de Unai García, Morir tranquilo. La vida parecía sonreír para no parar de hacerlo a esta pequeña distribuidora. Ha sido la semana en que nos hemos leído las memorias de Emilio Salgari. También hemos conocido al librero mayor de Machado (¿O eso fue la semana anterior?), con el que pasé un

Sobre algún pecado y lo difícil que es dar las gracias sin quedar demasiado moñas Esta quincena, como me han dicho ya dos libreros —a los que además les tengo aprecio sincero, que esto es lo que tiene, que une mucho—  que parece que estoy enfadadísima, me había propuesto contar nada más que cosas buenas, porque no lo estoy, digo, enfadada, todo lo contrario… pero no me va a salir, estoy viendo, según me he sentado a mi mesa, lo

De cuando El Maligno es tan torpe que es mucho peor. Y de sus estragos La primera vez que alguien me habló del principio «ganar/ganar» no entendí nada; lo hizo un hombre que me hacía regalos carísimos con cierta frecuencia y con el que no podía comunicarme apenas. «Busco el win win», me decía, en inglés, para más inri. Y yo no veía más que pérdidas por todas partes, nadie parecía contento, ni él —jamás le escuché una buena carcajada— ni

O de cómo se le quintan a una las ganas de plantar narcisos Es una exageración; hemos descubierto que este tipo de titulares hacen que hagáis más clicks, que nos leáis más (no sé si mejor). En realidad, no es para tanto. Pero sí que es verdad que a veces pasa, digo, lo de los narcisos. Cuando empecé a trabajar con los libreros hablé horas y horas con ellos, por teléfono y en persona. Una vez, incluso, un librero me invitó