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Editorial

Llevo aquí ya 10 minutos de reloj, que son los minutos que pasan más despacio, lo he comprobado, os animo a que lo hagáis. Tiene que ver con el ponerles ese nombre. Si los minutos fueran, por ejemplo, minutos de nada, pasarían rapidísimo. Los minutos de reloj, por el contrario, y como se llaman así, y hay además que mirarlos para verlos mirando un reloj analógico, a ser posible, pasan muy muy despacio. Puede resultar, y resulta, exasperante lo que

Como nunca he descubierto en mí cualidades que atrajesen a nadie, nunca he podido creer que alguien se sintiese atraído por mí. La opinión sería de una modestia estulta, si hechos sobre hechos —esos inesperados hechos que yo esperaba— no viniesen a confirmarla siempre. [Fernando Pessoa en El libro del desasosiego] Estrenamos zapatitos nuevos: La umbría y la solana, nueva editorial Librerante Fernando Pessoa, Antero de Quental, Antonio Vieira, José de Almaida Negreiros, Luys Santa Marina, Andre Malraux, Lìdia Jorge. Son los

Hablar por teléfono es una de las formas que tenemos los  pobres de viajar —otra de ellas sería leer—, y de hacer, o intentar hacer, negocios. En mi caso son horas y horas las que puedo pasarme cada semana charlando con unas y con otras u otros. Es también cierto que me chifla conversar, y que el de las libreras es un gremio, en particular, repleto de grandes conversadoras y contadoras y contadores de historias. Me refiero, claro, a quienes,

«Volaba como antiguamente: sabiendo hacia dónde» No sé si les ha pasado, que les hayan roto el corazón alguna vez. A mí sí. Una vez y media. La vez entera quedó destrozado, y les voy a contar por qué, faltaría más, por si hay alguien tan cabezota como yo por aquel entonces al otro lado, y además me está leyendo: me pasó porque no quería que me pasara, me negaba a aceptarlo. Hacerlo suponía aceptar que no estaba en mi

Algunas consideraciones sobre la viabilidad y honestidad de algunos proyectos tipo librería Ayer, de camino a la Alberti, disfrutando de otra de las mañanas que el otoño de Madrid le está robando a la primavera del año que viene, con total impunidad, cómo no se va a poner una cursi, bajo este cielo, pensaba, dejándome contagiar por el buen tiempo y de los mejores presentimientos, en cómo una librería como esta ha conseguido permanecer, hacerse incluso más fuerte, convertirse en toda una

Estoy aprendiendo a patinar. El domingo pasado, primer intento. Según me caía la primera vez, con cierto estrépito y mucho más miedo que vergüenza, la edad de una es lo que tiene, importa más el dolor que el qué dirán, en fin, me dio por pensar, durante esos largos segundos que tardó mi culete en estrellarse contra el suelo, como cuando se va a morir alguien y se dice que ocurre esto, que toda tu vida pasa ante tus ojos,

Una de las mejores cosas de este trabajo, sin duda, se da cuando hablas con las libreras o los libreros que además leen y disfrutan los libros. Todos los que trabajamos con librerías, o acudimos a ellas con cierta frecuencia para comprar o interesarnos por algún título, acabamos yendo justo a aquellas donde sabemos que hay alguien que, como nosotras, busca en los libros acaso alguna respuesta, o un refugio, un disfrutar sin más de una buena lectura, desconectar del

Desde que leyera ayer en el Babelia, en la página 3, en un texto cuyo título me gustó tanto que me lo he quedado para este editorial, que «La realidad es que un solo 2% (de autores) puede vivir de la literatura», no hago más que pensar en ti, digo, en el artículo o, más exacto: en el concepto «autor». Porque a qué se refiere aquí la periodista. ¿Qué es un «autor»? ¿El que lo pretende? Porque si es así,

  Hay libreros y libreros. Y luego está Xavi, de librería Nollegiu. Nuestra última conversación, hace unos días, empezó así: —Xavi, qué tal. Oye, que te llamo porque tengo ya el libro de Atxaga, no sé si viste, te lo tengo que enviar. Me corta: —¡Ya lo tengo! Fui a Casa Usher, lo vi, y me lo compré. Te lo iba a pedir para la librería. Tengo que pedirte un montón de cosas… —Pero cómo que te lo has comprado —le

La frase es de mi hija. No dejará de sorprenderme su capacidad para ser feliz, su sentido del humor, con lo chiquitina que ha sido, la madre tan cargada de trabajo que ha tenido casi desde que era un bebé. Doy las gracias al cielo cada día. De corazón. Recuerdo que me lo soltó cuando llegamos al coche para volver de no sé qué recado, estaríamos comprando los regalos de reyes en Venir a cuento, me parece; me pusieron dos multas casi a