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Antes de nada, os invitamos a leer un fragmento de En la ‘pelu’ con El Puma, la crónica escogida por Rafael Dochao, autor de Crónicas Jemeres para interpretar él mismo en la presentación que tuvo lugar en la Librería Los Editores. Un evento que echó abajo ese mito que dibuja a los diplomáticos como seres aburridos, enfundados en trajes y armados de protocolo hasta los dientes. Se podría decir que Rafael Dochao es diplomático de profesión, viajero por devoción y

Sobre algún pecado y lo difícil que es dar las gracias sin quedar demasiado moñas Esta quincena, como me han dicho ya dos libreros —a los que además les tengo aprecio sincero, que esto es lo que tiene, que une mucho—  que parece que estoy enfadadísima, me había propuesto contar nada más que cosas buenas, porque no lo estoy, digo, enfadada, todo lo contrario… pero no me va a salir, estoy viendo, según me he sentado a mi mesa, lo

De cuando El Maligno es tan torpe que es mucho peor. Y de sus estragos La primera vez que alguien me habló del principio «ganar/ganar» no entendí nada; lo hizo un hombre que me hacía regalos carísimos con cierta frecuencia y con el que no podía comunicarme apenas. «Busco el win win», me decía, en inglés, para más inri. Y yo no veía más que pérdidas por todas partes, nadie parecía contento, ni él —jamás le escuché una buena carcajada— ni

Un libro al son de una danza —milenaria— dibujada Del lat. liber, libri. 1. m. Conjunto de muchas hojas de papel u otro material semejante que, encuadernadas, forman un volumen. Un libro es, en la mente colectiva, un conjunto de muchas hojas de papel que forman un volumen. Una definición correcta que también acepta la Real Academia Española. Entonces, ¿alguien podría crear un libro que sonase al son de una danza que también pudiera contemplarse en sus páginas? Imagina un escenario que

Siete semanas en Irán. Por Patricia Almarcegui Un libro tuvo la culpa. Fue un libro de viajes por el mundo oriental de Edward Said, el mismo en que basó su tésis doctoral, el que inspiró la carrera de Patricia Almarcegui, quien conoce de primera mano el mundo árabe; ha vivido en Egipto, Yemén, Omán, Túnez, India, Líbano, Siria o Irán. Ha convivido con su gente. Viaja mucho, y siempre acompañada de libros y un cuaderno donde anotar sus experiencias. Su

O de cómo se le quintan a una las ganas de plantar narcisos Es una exageración; hemos descubierto que este tipo de titulares hacen que hagáis más clicks, que nos leáis más (no sé si mejor). En realidad, no es para tanto. Pero sí que es verdad que a veces pasa, digo, lo de los narcisos. Cuando empecé a trabajar con los libreros hablé horas y horas con ellos, por teléfono y en persona. Una vez, incluso, un librero me invitó

Caídas, de Teresa Soto, en Madrid — ¿Cómo presentarías a un amigo? —le dijo ella. — Con una sonrisa —respondió él. Así empezamos la presentación del poemario , de Teresa Soto. Así queríamos empezar. Sin superlativos ni parafernalias. Desde lo pequeñito, lo cercano. Desde la alegría que se siente al publicar un libro como ese. Un libro que busca amigos, o más bien, cómplices. Así empezamos la presentación, entre cómplices: Teresa Soto, la autora del libro, Nicholas F. Callaway, el autor

insólito, ta Del lat. insolĭtus. 1. adj. Raro, extraño, desacostumbrado. Desde que hace ya casi un año se nos ocurriera reunirnos cada mes en una librería para celebrar los jueves librerantes han sido unas cuantas las ocasiones —una cada mes, para que no se olviden de nosotros, descansando agosto, diciembre y enero— en las que, con esta excusa, la de reunirnos porque sí, nos hemos juntando en torno a nuestros libros autores, editores y libreros. Cada uno de los jueves —que no

Esta semana producía un auténtico hito, un antes y un después, un final de ciclo, uno de estos momentos a partir de los cuales nos enfrentamos con ilusión a una nueva era, la luz al final del camino, el verdadero brote verde, el maná para el hambriento, el…algo sencillamente increíble: concedían el premio Cervantes a Eduardo Mendoza. ¿Qué tiene esto de particular? En primer lugar Mendoza ha dedicado gran parte de su obra a la comedia. En segundo los elogios

Concha Alós sonríe desde otra época. Mira a la cámara sosteniendo en la mano izquierda una copa de champán achatada, con los dedos índice y meñique estirados en un gesto demodé. La cabeza tocada por un moño esculpido con laca y el cuello del vestido con un corte sesentero. Semejante estampa solo puede completarse con unas gafas de pasta oscura que enmarcan una cara ovalada en la que renegrean dos cejas llamativamente separadas