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Una idea de Harold Bloom  que me sorprendió leyendo El canon occidental fue la de que muchas de las lecturas verdaderamente creativas son erróneas de manera deliberada. Como leí el libro hace seis o siete años, y ahora además está fuera de mi alcance, entre mis libros de Barcelona —tengo una biblioteca escindida y medio embalada—, me es difícil asegurar si eso es lo que en verdad escribía Bloom o se trata de una lectura, a su vez, errónea por mi parte. De todos modos,

Esta viñeta de Pat Carra pertenece al libro La bella durmiente hace el turno de noche, de Sabina editorial. Pueden conseguirlo, ya lo saben, en la generosa red de librerías con las que trabajamos.

Me han gustado también mucho las ilustraciones, la tipografía y la caja. Me gusta, incluso, lo barato que parece todo: así no hay más remedio que fijarse en el qué, el continente no es más que un medio, el vehículo. Uno que además se pude doblar, llevar a la piscina, volver a ojear mientras te comes un bocadillo de jamón serrano. Aquí va un gracias, entonces, que yo esto del leer, cuando llega a mis manos algo con cierta enjundia, lo disfruto mucho.

Madrid, 5 de marzo de 2017 Querida Teresa, Aún perdura el eco de tus versos en nuestra última exposición. Como ya sabes, el colectivo Quinto Espacio tiene la necesidad de buscar otras alternativas a la solemnidad del cubo blanco, como formato expositivo. Así como la necesidad por generar colaboraciones transdisciplinares, desde otros lugares, como el ámbito de la música, la danza o, como en este caso fue, de la poesía y ahí es donde nos cruzamos contigo. Surge la magia

La escritora Maite Larrauri regresa a la radio para poner fin a la colección Filosofía para profanos (FronteraD). La guerra según Simone Weil pone el broche de oro. Abordar la guerra con un poquito de esperanza. La guerra parece que no termina nunca, que no obedece a lógica alguna, si acaso obedece a la necesidad de los humanos varones de demostrar que son más poderosos ganando una guerra. Simone Weil cree existe otro principio en el ser humano: la expectativo

Eduardo Moga, en la tele El autor de Corónicas de Inglaterra, Eduardo Moga, ha sido noticia en Extremadura. Su obra, editada por Varasek ediciones, presenta el lado más hostil de Londres, una ciudad que conoce en primera persona tras haber vivido allí varios años. En Extremadura Noticias se han hecho eco de su publicación y le han dedicado unos minutos. Lo podrás ver a partir del minuto 28. El libro Corónicas de Inglaterra, de Eduardo Moga, está disponible en la generosa

Me arranco las bragas negras de la tristeza. Las dejo al pie de la cama como un perro roto. Ya se compondrá después cuando haya que disfrazarse para la alegría o la nada.   Este texto pertenece a Economía de guerra, de Ana Pérez Cañamares (Lupercalia). Lo puedes encontrar —o encargarlo, si en ese momento no lo tienen— en todas estas librerías. Si no ves en el mapa una que te quede a mano, escríbenos a librerantes@librerantes.com, a veces se nos pasa actualizar el mapa,

Desvarío laborioso y empobrecedor el de componer vastos libros; el de explayar en quinientas páginas una idea cuya perfecta exposición oral cabe en pocos minutos. Más razonable, más inepto, más haragán, he preferido la escritura de notas sobre libros imaginarios. Jorge Luis Borges En el mercado editorial se da por sentado que los libros de relatos se venden peor que las novelas: algo tendrá que ver con el hecho de que los llamados best-sellers, con las exageradas campañas de marketing

Permítanme empezar ofreciendo disculpas. Les pido perdón por mi atrevimiento y también por mi ignorancia. Crecí creyendo que las leyes físicas eran verdades irrefutables y jamás pensé que hubiese un mecanismo capaz de darles la vuelta. La ley de leyes, la ley que nos explicó durante siglos que las cosas caen por su propio peso… resulta que puede ser alterada para lograr efectos especiales alucinantes en el cine.  Sí, señores, la gravedad puede ser anulada. Poner patas arriba la teoría

Cuando la pregunta se deja formular con tal facilidad es porque el juego ya está hecho. Estos son los conflictos que Deleuze (1973: 97) calificaba como «normalizados, codificados, institucionalizados», que ya están representados, resueltos al menos en el modo de su formulación, de cómo deben ser representados. Frente a estos, decía el filósofo, está el conflicto que aún no está normalizado, que se resiste a su representación, «porque dependen de otra cosa más profunda, porque es como el relámpago que