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Salvador Espríu. Por Arturo Espinosa.

A José Ángel Cilleruelo   LETIZIA, de Salvador Espriu, vio su primera luz en 1937 en las Edicions de la Rosa del Vents, en un volumen que, aunque titulado en cubierta solo con el nombre de la protagonista del relato que nos ocupa, se completaba por aquel entonces con el relato «Fedra» y un conjunto de textos breves bajo el epígrafe «Otras prosas», tal como lo hemos conocido en las posteriores ediciones que se han impreso, ya con el título

Letras impresas, pero también sonoras Víctor Nubla no es únicamente el autor de El viaje secreto de Elidan Marau a través del Mar de Leche. Es escritor, músico, compositor, ilustrador. Va y viene desdibujando las fronteras de las cosas. En esta ocasión, visita la radio para hablarnos de música. Lo hace en el programa Con las ondas en la masa, producido por Javi Álvarez para la Radio del Museo Reina Sofía.   Puedes encontrar —o encargarlo, si en ese momento no

No pensé jamás que algún día me despertase curiosidad algo de ese programa. Sin embargo, tengo que admitir que me hizo gracia el juicio a una joven que habría sido infiel a su chico. Lo cierto es que el jurado mediático otorgó plena fiabilidad al resultado aportado por dicha máquina: la máquina de la verdad o, mejor dicho, de la mentira. No ha lugar más pruebas. Muy dramático todo, para qué les voy a mentir, si me van a pillar.

Lo primero que me viene a la cabeza cuando pienso en Hemingway son dos imágenes violentas. La primera explicada por él mismo en París era una fiesta; la soberana paliza que le pegó a su mujer por perderle la maleta donde guardaba todos sus manuscritos. La segunda explicada por Guillermo Cabrera Infante, no recuerdo ahora si en Cine o sardina o en una entrevista de prensa; Hemingway le invitó a pescar el pez espada. Una vez en alta mar, el

Enrique Darriba: un Rimbaud de la pintura Conocí a Enrique Darriba justo después de la muerte de mi padre. Marceliano, que así se llamaba mi progenitor, había estado luchando contra un cáncer durante un año pero alea jacta era. De pronto me vi convertido en un adolescente desnortado en aquel barrio del sur de Madrid, Zarzaquemada, sito en Leganés, y que lindaba con el descampado y los polígonos industriales. Por fortuna, desde aquel septiembre de 1981, Enrique Darriba pasó a

Una idea de Harold Bloom  que me sorprendió leyendo El canon occidental fue la de que muchas de las lecturas verdaderamente creativas son erróneas de manera deliberada. Como leí el libro hace seis o siete años, y ahora además está fuera de mi alcance, entre mis libros de Barcelona —tengo una biblioteca escindida y medio embalada—, me es difícil asegurar si eso es lo que en verdad escribía Bloom o se trata de una lectura, a su vez, errónea por mi parte. De todos modos,

Esta viñeta de Pat Carra pertenece al libro La bella durmiente hace el turno de noche, de Sabina editorial. Pueden conseguirlo, ya lo saben, en la generosa red de librerías con las que trabajamos.

Me han gustado también mucho las ilustraciones, la tipografía y la caja. Me gusta, incluso, lo barato que parece todo: así no hay más remedio que fijarse en el qué, el continente no es más que un medio, el vehículo. Uno que además se pude doblar, llevar a la piscina, volver a ojear mientras te comes un bocadillo de jamón serrano. Aquí va un gracias, entonces, que yo esto del leer, cuando llega a mis manos algo con cierta enjundia, lo disfruto mucho.

Madrid, 5 de marzo de 2017 Querida Teresa, Aún perdura el eco de tus versos en nuestra última exposición. Como ya sabes, el colectivo Quinto Espacio tiene la necesidad de buscar otras alternativas a la solemnidad del cubo blanco, como formato expositivo. Así como la necesidad por generar colaboraciones transdisciplinares, desde otros lugares, como el ámbito de la música, la danza o, como en este caso fue, de la poesía y ahí es donde nos cruzamos contigo. Surge la magia

La escritora Maite Larrauri regresa a la radio para poner fin a la colección Filosofía para profanos (FronteraD). La guerra según Simone Weil pone el broche de oro. Abordar la guerra con un poquito de esperanza. La guerra parece que no termina nunca, que no obedece a lógica alguna, si acaso obedece a la necesidad de los humanos varones de demostrar que son más poderosos ganando una guerra. Simone Weil cree existe otro principio en el ser humano: la expectativo