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Desde fronterad

«En Siria no se puede respirar». Imagina que tu nombre es Said. Imagina que tu nombre es Raghida Tienes 35 años, naciste, creciste y viviste toda la vida en la ciudad siria de Daraa –que se pronuncia Dareia– y allí conociste y te casaste con Raghida, que quince años después todavía te gusta, sobre todo su cara y sus ojos redondos, brillantes como higos. Los mismos ojos, con pestañísimas negras, que tiene tu hija mayor, Mona, de trece años, una

La carrera de los Beatles duró siete años y nosotros estamos a punto de llegar a Ocho y medio que, con el renovado homenaje a Juan Ramón Jiménez de esta segunda entrega de nuestra antolojía, ofrece al lector algunas señas de identidad cuando nos dan miedo los que solo saben ser frente al otro, abriendo zanjas, levantando fronteras. Nos sigue interesando, como a Henry David Thoreau, la inmensidad del mundo, la naturaleza, la lluvia, la nieve, los insectos, y cada

La carrera de los Beatles duró siete años y nosotros estamos a punto de llegar a Ocho y medio que, con el renovado homenaje a Juan Ramón Jiménez de esta segunda entrega de nuestra antolojía, ofrece al lector algunas señas de identidad cuando nos dan miedo los que solo saben ser frente al otro, abriendo zanjas, levantando fronteras. Nos sigue interesando, como a Henry David Thoreau, la inmensidad del mundo, la naturaleza, la lluvia, la nieve, los insectos, y cada

A sus 54 años, Agapito Pazos Méndez vivió su único día en el mundo. Conoció el mar en la costa de Galicia, recibió el beso de una mujer y comió su plato preferido. Nada mal para un condenado a no pisar la tierra. Luego lo devolvieron al Hospital Provincial de Pontevedra, donde había entrado a los 11 años y donde murió a sus 80, cuando tuvo suficiente de espiar el cielo por la ventana de la sala de medicina interna.

Dos profesores universitarios españoles, uno que trabaja en España, el otro en una universidad americana, se encuentran después de tiempo en un congreso de filología o literatura española.  —Joder, mira esta noticia. ¿Otra reunión sobre la crisis de las humanidades? Y en la capital de Estados Unidos, vaya. A propósito, es la primera vez que me entero de la existencia de esa Alianza Nacional de Humanidades que pretende «proteger el futuro de nuestras disciplinas». —Y otra vez la crisis. Si

Laura. Italiana. Diseñadora. Preciosa. Pechos sibilinos –los que yo suelo soñar dormido y despierto; los que te hacen caer del caballo–. Actitud demoledora. Besable hasta la extenuación. Inteligente. Con sentido del humor. Nos duchamos juntos como si nos conociéramos de toda la vida. Que ya era hora de poseer a una clienta parecida  a las chiquillas que me solía sacar de las discotecas en tiempos cuanto menos mejores. Y me contrató porque según ella, le “picaba la curiosidad”. Pero mira

Weiß/Colonia, 5.5. Este domingo (son ya casi las 11 pm) puede pasar a mi biografía como el día de la batalla por el Gmail. Es como la del Alamein, donde yo soy Rommel y Arzola es Montgomery. Todo empieza porque Arzola, el manitas más manitas del mundo mundial –no hay entuerto electrónico virtual que no desfaga–, casi tira la toalla con el problema de mi servidor T-Online; el cual, para el envío de prácticamente casi cada email me estaba pidiendo,

Arthur Koestler se suicidó en marzo de 1983 en su casa londinense tras ingerir una dosis mortal de barbitúricos junto a su tercera mujer, Cynthia Jefferies. El escritor tenía setenta y siete años y sufría la enfermedad de Parkinson que se había visto agravada por una leucemia linfática crónica en fase terminal. La decisión no sorprendió a nadie, ya que había pasado los últimos años de vida defendiendo la eutanasia a través de Exit, una organización que afirmaba el derecho

¡Mi abuela de corcho! es una expresión popular muy utilizada por mi abuela. Aunque desconoce su origen y significado exacto con ella muestra sorpresa o enfado. Este proyecto supone un acercamiento a la vida de mi abuela Araceli. A través del espacio pretendo mostrar la paradójica complejidad de una vida tremendamente sencilla pero intensa. Su casa, el 32 de la calle San Francisco, es el manantial de los orígenes de mi familia y su paisaje un territorio cargado de evocaciones. Aquí creció mi padre.

La trágica muerte de Mark Lombardi, que se ahorcó en marzo de 2000, fue un final inapropiado para una vida extremadamente creativa. Utilizando únicamentedocumentación pública, principalmente artículos periodísticos y libros de investigación, Lombardi estudió las interconexiones entre individuos, bancos y otras compañías financieras. (Una exposición reciente en la Pierogi Gallery de Brooklyn (Nueva York) mostraba volúmenes de la biblioteca personal de Lombardi, con títulos como Trust Me (Fíate de mí), The Arms Bazaar (El bazar de armas), y The Grease