Entradas en la Categoría

Conversaciones

Según un estudio del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, existen en España casi millón y medio de hogares con gato, y más de dos millones de felinos en ellos. A estos hay que sumar los llamados gatos callejeros. Digamos que son una población considerable. Si en la antigüedad fueron dioses, hoy día son lo reyes del Youtube y las redes sociales. Un considerable peso de internet está dedicado al gato, tal cual. Esto demuestra que ya sean deidades o sencillos

Un grupo de jóvenes en una acampada. Beben alcohol, toman drogas, tienen sus primeros escarceos sexuales. De pronto, uno de ellos, seguramente el amigo del quaterback, aparece acuchillado. Parece que hay un asesino suelto en el bosque. Esta situación se puede extrapolar a otros lugares. No nos engañemos. Ya sabemos lo que va a pasar. Todos los jóvenes van a morir. Así se titula el ensayo de Luis Pérez Ochando, cuyo subtítulo, Ideología y rito en el slasher film, delimita

«No sé cómo te gustan mis artículos, que escribo sin ganas y a la fuerza, en el último minuto porque me hace falta el dinero…» [Carmen Laforet a Elena Fortún entre mayo y junio de 1951.] Contar —bien, con cierto detalle— cómo es una librería, quién la regenta, qué tipo de libro puedes encontrar en sus estantes, etc., en menos de cuatro mil palabras, tiene una cierta complicación. Lo sé porque lo he intentado ya unas cuantas veces, sospecho que

«No tiene un nombre glamouroso, una etiqueta que se pueda poner de moda. No tiene el atractivo de la novedad, son cosas que hemos oído una y otra vez. Conocerse, actuar con honestidad… Pero lo complicado no es oírlo, ni entenderlo, cosas así se escuchan constantemente. Lo complicado es aplicarlo en tu propia vida y hacerse consciente de que la clave está en la responsabilidad personal». 1 Llegar a la sede de Continta me tienes tuvo una cierta complicación. Anoté

La filósofa Maite Larrauri comenzó a hablar de Mrs. Dalloway. De su caminar arriba y abajo por las calles de Londres, de ese deseo suyo de comprar flores y de la percepción tan intensa de que aquella mañana era clara y que el aire era muy fresco a esa primera hora. Y estuvo pues, esa expresión de Clarissa Dalloway , «¡Qué fiesta! ¡Qué aventura!», ya que la entrevistadora, al escuchar a Larrauri hablar de uno de los personajes más potentes de Virginia Woolf, se adentraba en una conversación que le iba a proporcionar jugosas enseñanzas.

Y en cuanto a mí, he decidido tomar cartas en el asunto por el bien de la justicia literaria. Admito que a veces fabulo un poco, pero qué le voy a hacer si mi oficio es el de fabular. Dubravka Ugresic en Gracias por no leer (La fábrica, 2004) Recuerdo cuando Enrique García Ballesteros, coeditor de Recalcitrantes, librero, escritor, mejor lector, camarero, historiador, pesimista implacable, y qué sé yo,, lo tienen todo aquí, me contó que Noelia Adánez y él

Ignacio Castro Rey, es filósofo, crítico de cine y arte, gestor cultural y profesor. Además de múltiples artículos y conferencias, ha publicado diversos libros. El último de ellos es la edición en castellano de Roxe de Sebes (Los libros de fronterad, 2016), revisada por el propio autor. Roxe de sebes está basado en una experiencia personal extrema, que podemos calificar como retiro o como aventura, pero que en todo caso derivó en una honda metamorfosis personal. El autor frecuenta durante siete años, en períodos de entre dos y cuatro meses, una cabaña

Si la librería Venir a cuento es «un espacio diferente», su librero, Enrique García Ballesteros, no lo es menos: historiador y periodista, ha hecho «de todo», dice, en el sector editorial. Escéptico convencido, descreído, pesimista, de vuelta de un montón de sitios, parece haber encontrado en su librería un lugar a su medida. No en vano ha cortado él mismo el patrón. No es casual, en fin, está medido, que esta charla sea la que inaugura la serie Conversaciones con gente de letras: no solo por lo bien que lo pasamos, sino también.

Uno de mis hermanos solía explicar las habituales dificultades de convivencia en los pueblos, los odios ancestrales que se tenían los unos a los otros, el mal que se desean, por la imposibilidad de no ver durante un tiempo al que tan mal te cae, no poder alejarte de él; en lugares donde vive tan poquita gente no es fácil no coincidir, por no decir imposible. De manera que tienes, sí o sí, que tomarte el café en el bar cada mañana con el tipo que le dijo no sé qué a tu hermana, o con el que movió la linde a su favor para arañar «ya ves tú, qué miseria de tierra». Todas y cada una de las mañanas, a ese mismo tipo. Es complicado.

Marta Martínez Carro es periodista; ha hecho el doctorado en fotoperiodismo y ética. Leo que detesta el huevo duro y, bueno, esta redactora tampoco sabe qué hacer con ese dato. Quise quedar con ella, sobre todo, por curiosidad, qué es eso de pedir dinero a la gente, a desconocidos, para montar una editorial, cuánto dinero te han dado ya, cómo llegaste a Ensayos del dolor propio; y ahora qué, qué será lo próximo. Lo mejor de Marta, sin duda, es su empuje, la arrolladora pasión que pone en todo lo que hace, en todo lo que quiere hacer. Y lo original de sus propuestas, que suele además llevar a cabo, como debe ser.