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Dedicantes

Dedicatorias, libros, recuerdos… Literatura

Minila me hizo el favor de mandarme su último libro al departamento, bueno, al de una amiga porque en el mío se los roban. Lo primero que leí de él fue Lo peor de la buena suerte, publicado por Tierra Adentro. Me gustó tanto que además de reseñarlo compré un par más y los regalé. Luego escribí sobre él para un periódico local (vivo en la Ciudad de México) en el que trabajaba. Creo que le gustó mi recomendación o el

Por lo común recomiendo autores que no son mexicanos porque desgraciadamente no se publica mucha buena literatura actual. Son contadísimos los autores mexas que me atrevería a defender en público. Uno de estos autores es Juan Pablo Villalobos, último Premio Herralde de novela. Comencé a leer No voy a pedirle a nadie que me crea después de que una amiga, aburrida mientras me veía trabajar, tomara un libro de mi pila de pendientes y no lo pudiera soltar. Ella estudió letras inglesas y

Cuando se nace en una casa donde no hay libros, referentes, dónde se buscan. Recuerdo mis primeras lecturas como un totum revolutum, desordenadas, inconexas. Buscaba los libros en las estanterías de otros, en la escuela, en la casa del cura. Como a mí no me gustaba ir a misa, y mi madre, además, tuvo siempre la prudencia de no obligarme a que lo hiciera, me refugiaba allí a esperar a que salieran mis amigas. Los curas eran generosos; tal vez alguno

La editorial Acto Primero fue fundada a principios de este año con la publicación de La isla Púrpura, una versión libre del dramaturgo y director tinerfeño Jose Padilla. Casualmente, una editorial que acababa de nacer escogió a una correctora que acababa de empezar. Fui a la presentación del libro en Enclave de libros, una acogedora librería del centro de Madrid, con muchos nervios y muchas ganas de conocer en persona a todos los que habían participado en la obra conmigo.

«En el caso de Javier Marías fui a que me firmara un libro, que compré en su caseta. Le pedí que me firmara con mi propio bolígrafo en la creencia de que así me conferiría parte de su aura. Se negó. En el de Eugenia fue la primera vez que quedamos. Quedamos en una pizzeria de Bilbao o de Alonso Martínez. Charlamos, me dedicó un libro, y luego cenamos una pizza. Con el tiempo la acompañé a la entrega de premios de Planeta 2000, donde tuve lugar en la cena dado que falló la agente de Paulo Coelho».

Mafalda llegaría algo más tarde. Para quedarse. Las niñas íbamos a empezar a reparar en un montón de cuestiones de las que no habíamos tenido siquiera una mínima sospecha: el hambre, el feminismo, las guerras, la economía mundial, la política, qué está bien, qué mal, qué quería decir la palabra inocencia.

Hace ya más de veinticinco años de aquel viaje a Cáceres en el que Javier Tomeo dio una charla para setecientos alumnos. A alguien de la universidad se le ocurrió que quien asistiera a las cuatro conferencias de escritores del ciclo que organizaron se le dieran alegremente unos cuantos créditos académicos (en aquella época —aunque parezca increíble— aún existían cosas gratis) Resultado: setecientos chavales llenando el auditorio del antiguo convento de San Francisco sentados incluso en los pasillos, las escaleras

Nunca he sido fetichista ni he perseguido la foto o el autógrafo de nadie. Sin embargo, cuando supe que Houellebecq visitaba Molina de Segura, localidad a veinte minutos escasos de mi casa, me emocioné bastante, pues en aquel momento (abril de 2014), como hoy, lo tenía por uno de los cinco mejores escritores vivos del planeta. Fui de los primeros en llegar y me senté a esperar con mi ejemplar de Las partículas elementales. Poco a poco la sala se

El periodista y escritor Ricardo Bada puede presumir de tener dos dedicatorias muy especiales, realizadas por un par de escritores que alcanzaron un cierto estatus de mito en vida: Gonzalo Rojas y Juan Rulfo. En este caso El alumbrado y la archiconocida Pedro Páramo fueron objeto de las firmas. Los librerantes nos permitimos redondear estas dedicatorias precisamente con el poema que Rojas dedicó a Rulfo: Mariposas para Juan Rulfo. Sirva de prólogo para esta nueva entrega de nuestros «Dedicantes». Cómo fornicarán felices las

El 1 de agosto de 2016 comenzó un cambio de era en mi vida, siempre ligada a los libros, pero nunca tan directamente. Soy periodista, pero hace un año me reconvertí en librera (una audacia por mi parte), con la ayuda de mi compañero de vida y, durante mucho tiempo, también de trabajo, Fidel Raso, que es fotoperiodista. Alfonso Armada ha sido para Primera Página como un ángel protector, nos alentó en el momento más difícil, el del salto al