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Dedicantes

Dedicatorias, libros, recuerdos… Literatura

Es del 15 de marzo de 2016, Patricio Pron presentó su última novela, No derrames tus lágrimas por nadie que viva en estas calles, en la librería Cálamo de Zaragoza. Víctor Gomollón acudió a la cita y se llevó este ejemplar dedicado:   Víctor Gomollón es editor en Jekyll & Jill, fetichistas de los libros. Son de Zaragoza.

Para el abajo firmante, que es librero, resulta relativamente fácil conseguir dedicatorias de sus autores favoritos: basta con invitarlos a tu establecimiento para presentar su libro más reciente, y asunto resuelto. Pero una librería también es una atalaya, desde la que pueden verse cosas singulares como el proceso de documentación de un autor, y así contemplar el camino de lecturas que necesita recorrer hasta sentirse preparado para afrontar su siguiente obra. A lo largo de los meses dedicados a la

En esta ocasión nos quedamos con dos dedicatorias que nos manda la directora de Uve Books, Sandra Márquez. Son dedicatorias realizadas por los propios autores en proyectos editoriales de la propia Sandra. El primero de ellos El espíritu de la Escalera, de David Fueyo. El segundo Bedés Penyeach, de Alfonso Zapico, con dibujito incorporado.  

«Cuando terminé de leer Llámalo sueño me embargó una emoción tan grande que tras conseguir el teléfono de su autor, Henry Roth, le llamé a Alburquerque. Le dije que tenía previsto hacer un largo viaje por Estados Unidos y que me encantaría verle. Me dijo que sería bienvenido. Fue un inolvidable viaje de casi cuarenta días, la mayor parte en tren, en el verano de 1992. Mr. Roth se presentó en mi motel acompañado de Felicia, su asistente, que conducía

UNA DEDICATORIA En cierta ocasión, le regalé un libro a un amigo. No recuerdo cuál —ni el libro ni el amigo en concreto—. Quizá fuese además un cómic, ahora que lo pienso. No lo sé. Es lo de menos. Letras tenía, eso seguro. Andaba yo perjudicado por algunas jornadas de fiesta, ya bien grandecito, en la edad de ser un maduro interesante, sólo que sin interés ninguno. Y el caso es que me dijo, mi amigo, que le escribiese una dedicatoria y