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Llegó un momento que dejé de creer, me hice escéptica de todo tipo de retórica, pensé Eso que dices sale en los anuncios de TV o Cada vez que se queja uno de tu especie hace un ejercicio de hipérbole deleznable o Imposible darme a la anoréxica rima política, la de estos tiempos, pues cada letra es una posición siempre en el mundo y nunca nos va a doler como herida de hambre a un muerto de hambre; llegó un

Esta viñeta pertenece al libro La bella durmiente hace el turno de noche, de Pat Carra. Podéis conseguirlo, ya lo sabéis, en nuestra generosa red de librerías. Si no ves en el mapa una que te quede a mano, pregúntanos en librerantes@librerantes.com, que te la encontramos rápidamente.

El sacrificio Llegué por primera vez a St. James, Nueva York, mi futuro hogar, en el invierno de 1946. No era un día brillante de hielo ni un día de nevadas de suaves contornos blancos y carreteras silenciosas; solo un día gris y frío sin nada digno de reseñar. Llegué un domingo por la mañana en el ferrocarril de Long Island. Las ventanas del tren estaban sucias, los suelos mojados, el calor surgía en bocanadas rancias de algún lugar que

Esta viñeta de Pat Carra pertenece al libro La bella durmiente hace el turno de noche, de Sabina editorial. Pueden conseguirlo, ya lo saben, en la generosa red de librerías con las que trabajamos.

Eternas preguntas Somos antiguos, muy antiguos… casi me atrevería a decir que podríamos considerarnos a nosotros mismos una reliquia. No les estoy tomando el pelo. ¿No es cierto que el hombre se ha encargado de recrear su historia por todos los medios: en libros, en el cine, en museos…? Tiene su lógica. Siempre ha estado buscándose, nunca ha dejado de preguntarse de dónde viene y cómo ha llegado a ser lo que es. Pero, ¿qué somos? Pues ahí seguimos: buscando

Hay algunas cosas del día a día que no dejan de sorprenderme. Son esas cosas tan sencillas que pasan desapercibidas hasta que un día, de repente, comienzas a cuestionarte qué esconde ese fenómeno. Me sucedió hace apenas unos días. Una muchacha de no más de quince años lloraba desconsolada en el regazo de una amiga. Eran lágrimas de desamor, amargas, inocentes. ¿Quién no lloró por un gamberro colegial que te rompió el corazón? Pero lo desgarrador de esta escena fue

Esta viñeta de Pat Carra pertenece al libro La bella durmiente hace el turno de noche, de Sabina editorial. Pueden conseguirlo, ya lo saben, en la generosa red de librerías con las que trabajamos.

Me encantaba dar largos paseos con mi padre por Oviedo, pero solían terminar en alguna librería, donde él se pasaba horas rebuscando y charlando con el librero, mientras yo me aburría mortalmente. También es cierto que de aquella no existían esas secciones para niños tan molonas de hoy día donde, menos leer, los pequeños hacen cualquier cosa, como por ejemplo babear los lomos de los libros o dibujar con ceras de colores. Pero había dos excepciones. Una, regentada por dos

Esta viñeta de Pat Carra pertenece al libro La bella durmiente hace el turno de noche, de Sabina editorial. Pueden conseguirlo, ya lo saben, en la generosa red de librerías con las que trabajamos.

Fue en mi adolescencia cuando mi madre me regaló por mi cumpleaños un libro de Arthur Conan Doyle. No sabía quién era ese hombre, pero me enganchó su lectura. Me fascinó la forma en que contaba los casos que siempre resolvía de forma magistral el gran detective Sherlock Holmes, esa capacidad del autor para atraparme e invitarme a investigar el caso con todos los detalles y pistas que iba recavando conforme avanzaba en la lectura. No os quiero engañar: jamás logré