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Anna Dodas nació en Folgueroles (Osona) y la plana de Vic es un paisaje muy presente en su obra poética.  Comenzó su actividad literaria desde bien pequeña, participando en diversos concursos literarios.  En 1976 ganó el primer premio literario con el cuento David i el paraigües meravellós y en 1981, el premio Primavera de Vic con la narración  Capvespres de foc i de grana. Después vendrán Les ciutats, La deessa de les flors, y una obra narrativa inédita, Suite y

Las prácticas sexuales en línea son sexo real, y hay mucho más que porno. Quiero quitarme la careta y confesarme abanderada del sexo, de follar y del amor online. Soy una romántica digital. Porque el sexo en Internet es sexo de verdad y el amor online también es amor, y todo lo que hacemos entre lo uno y otro es tan auténtico como tocarte bajo los pantalones mientras el corazón te sale por la boca. Proclamo esto en nombre de

Por Simon Leys Cuando se borra la historia de un pueblo, se borran sus bases morales. Ma Jian Si Hitler hubiera ganado la guerra, podemos imaginar que, un cuarto de siglo más tarde, una nueva generación de dirigentes nazis, obedeciendo a imperativos pragmáticos, probablemente habría emprendido la reforma de la visión original del Führer de manera tal que habría acabado siendo difícil reconocerla. Pero, actuando así, no les sería difícil conservar por todas partes los retratos del genial fundador del Tercer Reich; y su efigie gigante seguiría decorando la fachada del Reichstag en Berlín. Diversos aspectos de la ideología hitleriana, de idiosincrasia un poco incómoda (pensemos en la «cuestión judía», por ejemplo, para entonces resuelta ya mucho tiempo atrás), se habrían metido discretamente debajo de la alfombra; y, además, en sus relaciones —por lo general buenas— con el Reich europeo, la diplomacia transatlántica se guardaría púdicamente de aludir a estas desagradables historias del pasado (que, por lo demás, no tendrían ninguna incidencia en los nuevos intercambios comerciales).

Apenas había salido el tren, mi compañera, esa que no llevaba pasaporte, se durmió. Se ve que el golpe de las ruedas y el balanceo del tren actúa sobre la conciencia humana adormilándola. Por suerte para mí, durmió hasta la misma Viena. Ocurrió en cambio que tuve otros dos acompañantes en el compartimento del tren. Estaban sentados enfrente de mí y hablaban en alemán. Uno de ellos era un hombre corpulento, ancho de hombros, de mediana edad y bien afeitado.

Llegó un momento que dejé de creer, me hice escéptica de todo tipo de retórica, pensé Eso que dices sale en los anuncios de TV o Cada vez que se queja uno de tu especie hace un ejercicio de hipérbole deleznable o Imposible darme a la anoréxica rima política, la de estos tiempos, pues cada letra es una posición siempre en el mundo y nunca nos va a doler como herida de hambre a un muerto de hambre; llegó un

Esta viñeta pertenece al libro La bella durmiente hace el turno de noche, de Pat Carra. Podéis conseguirlo, ya lo sabéis, en nuestra generosa red de librerías. Si no ves en el mapa una que te quede a mano, pregúntanos en librerantes@librerantes.com, que te la encontramos rápidamente.

El sacrificio Llegué por primera vez a St. James, Nueva York, mi futuro hogar, en el invierno de 1946. No era un día brillante de hielo ni un día de nevadas de suaves contornos blancos y carreteras silenciosas; solo un día gris y frío sin nada digno de reseñar. Llegué un domingo por la mañana en el ferrocarril de Long Island. Las ventanas del tren estaban sucias, los suelos mojados, el calor surgía en bocanadas rancias de algún lugar que

Esta viñeta de Pat Carra pertenece al libro La bella durmiente hace el turno de noche, de Sabina editorial. Pueden conseguirlo, ya lo saben, en la generosa red de librerías con las que trabajamos.

Eternas preguntas Somos antiguos, muy antiguos… casi me atrevería a decir que podríamos considerarnos a nosotros mismos una reliquia. No les estoy tomando el pelo. ¿No es cierto que el hombre se ha encargado de recrear su historia por todos los medios: en libros, en el cine, en museos…? Tiene su lógica. Siempre ha estado buscándose, nunca ha dejado de preguntarse de dónde viene y cómo ha llegado a ser lo que es. Pero, ¿qué somos? Pues ahí seguimos: buscando

Hay algunas cosas del día a día que no dejan de sorprenderme. Son esas cosas tan sencillas que pasan desapercibidas hasta que un día, de repente, comienzas a cuestionarte qué esconde ese fenómeno. Me sucedió hace apenas unos días. Una muchacha de no más de quince años lloraba desconsolada en el regazo de una amiga. Eran lágrimas de desamor, amargas, inocentes. ¿Quién no lloró por un gamberro colegial que te rompió el corazón? Pero lo desgarrador de esta escena fue