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Los charcos Los charcos tienen la última palabra. Reflejarán lo que quieran. Nuestra mirada es lo de menos. Aunque las pisemos y tiemblen las imágenes, se juntarán de nuevo. Como si nunca hubiera existido la pisada. Porque fuimos apenas una breve confusión en el agua sucia de la calle. Los Charcos es un poema o, mejor dicho, apunte de Carlos Castro Rincón. Aparece en su obra Paradero Transparente, que pueden adquirir en nuestra red de librerías.

Siempre he odiado las mentiras. Incluso las piadosas. Ahora, tras el paso del tiempo, vuelvo a pensar en que aquellos años fueron posiblemente los mejores de mi vida, cuando conocí a Julia de aquella manera casual en la que ninguno de los dos podíamos imaginar que llegaríamos a ser importantes el uno para el otro; cuando comenzamos a descifrar nuestros misterios a la vez que fuimos descubriendo que, de algún modo, empezábamos a amarnos, a pesar de que nunca creí

El mar dos veces perdido Leo a Camus todos los veranos. En realidad hubo un verano, ya lejano en el tiempo, que dediqué por entero a la lectura de sus obras. Desde ahí, siempre que el calor comienza a azotar este lugar semidesértico, con su sol blanco de mediodía y ese aire estancado y bochornoso que nos despoja de toda ternura y de toda maldad, vuelvo a sus libros. Vuelvo a ellos porque su querencia de desierto y su búsqueda

Abre al azar es una herramienta «mágica» de apoyo a personas creativas. Los consejos de 22 artistas y filósofos se funden con los 22 arcanos mayores del tarot. Las ideas de las maestras y maestros abrirán nuevas rutas a tu proceso creativo. Abre al azar el libro. Lee: Esta es una de las ilustraciones que se pueden disfrutar en el libro Abre al Azar, de Lliure Briz. Puede comprarlo en Librerantes, donde también puede encontrar otras obras de la editorial

«El territorio paraguayo se repartió entre los amigos del gobierno y después la Industrial se fue quedando con casi todo» La esclavitud y el Estado Es preciso que sepa el mundo de una vez lo que pasa en los yerbales. Es preciso que cuando se quiera citar un ejemplo moderno de todo lo que puede concebir y ejecutar la codicia humana, no se hable solamente del Congo, sino del Paraguay. El Paraguay se despuebla; se le castra y se le

«Con el pez martillo tienes la sensación de que él no puede mirarte de ninguna manera. Es un animal que persigue a otro que es él mismo.» Primera jornada Hileras de palmeras. Sólidas o líquidas, plasmadas en cristales que ocupan el espacio: atentos a su lengua. Hilos de pan y lejos, más lejos que afuera: mujeres con el brazo en saludo horizontal, todos los infiernos esperando una señal para otros vecinos. Para otros viajeros. Puertas que se abren hacia dentro

«Si el aeropuerto era una broma, la estación de tren era todavía peor» Lo primero que te golpea cuando bajas del avión en la India es el calor. Lo primero debería ser el olor, pero ya ha penetrado en el avión por entre las soldaduras mucho antes de que se abran las puertas. La segunda cosa que te noquea es la visión de lo que parece ser un caos absoluto. No es el aspecto de un aeropuerto normal, gente embarcando

«Sé que queréis ganar, pero tenemos que hacerlo juntos, ¡juntos!» Recuerdo exactamente dónde y cuándo me enteré de su muerte. Estaba haciendo tiempo, sentado junto a la barra del bar que frecuentábamos, antes de la llegada de mis amigos, y decidí consultar las redes sociales a través del móvil. Uno de sus mensajes en cadena me alertó de la noticia. Lorenzo Francés había sido hallado muerto esa madrugada debido a una ingesta masiva de somníferos que lo dejó dormido para

«A Marina, que sujeta mis demonios» No entiende de geología, biología, ni ciencia, pero está seguro de que las habitaciones no crecen debajo de los árboles. Por eso, cuando la grúa arranca el tocón de aquel viejo pino muerto, arrastrando consigo trozos de muro enredado en sus raíces, sabe que no es natural que el sol dibuje baldosas y unas sucias escaleras que se adentran hacia el interior de la tierra. Su mente —lenta en acciones cotidianas y perezosa en esencia— es

LA VERDADERA FILOSOFÍA Se cuenta que la noche en que una multitud enloquecida, gritando consignas orangistas, procedió al linchamiento de los hermanos de Witt, hubo que encerrar a Spinoza en su casa de La Haya, para que no saliera a hacer pintadas, ni a distribuir octavillas contra esa barbarie. Corría el año 1672 y con la muerte de los hermanos de Witt finalizaba en los Países Bajos la política llamada de «verdadera libertad»: una gran autonomía de las ciudades y