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Libros que leemos

Hemos leído… y nos ha gustado

UN TANGUITA LLAMADO DESEO, DE MANUEL LÓPEZ ACAÍÑAS     Un hombre de cuarenta y pico divorciado y con tendencia a la bebida, predilección por los bares donde hay música en directo, que intenta aparentar menos edad de la que tiene mediante atuendos como cazadoras de cuero o botas, con un enorme todoterreno, problemas de relación con su exmujer —con la que se lleva engañosamente bien—, problemas de relación con su hijo —con el que se lleva engañosamente mal—, problemas de relación

VEDA Una lata de guisantes con tomate y todo por hacer mientras la noche respira y soy un animal cansado y estoy vivo. Conductores insomnes atraviesan la autovía mientras la música de la feria de julio resuena en mi terraza con lánguida tristeza y estoy vivo: 40 años de naufragios no han sido bastante para sofocar la llama de mi corazón. Un piso de alquiler vacío y cientos de libros por el cuarto mientras la noche se agita y los

En ocasiones se topa uno con verdaderas curiosidades, con libros que, más allá de su valor literario, valen su peso en oro por otras razones, bien por su rareza, por reflejar otros aspectos de su autor o por… ponga usted aquí una variedad de causas. Es el caso de este libro, o librito, que tenemos entre manos, el calendario Pantagruélico. Publicado por Françoi Rabelais en 1532, el mismo año en que publicó su célebre Pantagruel, esta obra supone una verdadera

Los tigres son más hermosos se publicó en 1968, en pleno éxito de lo que había supuesto el redescubrimiento de Jean Rhys con su Ancho mar de los sargazos. Aunque vale la pena contextualizarlo, es importante decir que no se trata de un puñado de relatos escritos deprisa y corriendo para aprovechar la estela o la resaca de ese éxito. Los relatos de Los tigres son más hermosos habían sido escritos también durante ese período de ostracismo, de pensiones baratas, casas míseras, alcohol, vagabundeo siguiendo al que fuera su segundo marido

Grabados clásicos de historia natural. Animales: arte y zoología     ¿Ven a ese animal de la ilustración que parece una cebra? Es que es una cebra. Una subespecie de la cebra, la más pequeña. O mejor dicho, era. El último ejemplar de cuagga que se ha conocido murió en el zoológico de Amsterdam en 1883. Su nombre procede de la onomatopeya del sonido que emitía. El cuagga del dibujo vivió en el Jardín Botánico de París a finales del siglo

La señora Dalloway Mi primer encuentro con Virginia Woolf fue en la adolescencia; me encontré con un ejemplar de Las olas, o de Al faro, no lo recuerdo, que corría por casa, y salí huyendo. Tal vez fue un encuentro prematuro. Desde entonces siempre me había producido mucho respeto, procuraba no acercarme demasiado a ella. Por otro lado, también estaba el hecho de que supiera que había saltado al Támesis con los bolsillos llenos de piedras un día de 1941. Ahogarme o

En unas ocasiones, es ese periodismo conocido como de largo aliento (una manera algo pedante de llamarlo) el encargado de profundizar y ofrecer una perspectiva distinta, más profunda y reposada y, en teoría, más acorde a la ecuanimidad, de numerosas noticias que nos llegan como balas de ametralladora, una detrás de otra, y sin ningún criterio de selección una vez Internet y las redes sociales dinamitaron un trabajo que todavía hoy se encuentra en periodo de transición. Otras veces puede

Antes de que se me olvide y empiece a divagar y a perderme: La casa de los encuentros tiene por los menos dos golpes maestros que convierten a Amis en todo un virtuoso. Por un lado, la decisión de acometer el punto de vista narrativo más seductor y más difícil, un empeño suicida si uno no es un escritor como la copa de un pino. Al narrar la historia como un exiliado ruso, ex-convicto de un gulag, lo más fácil

Este año he decidido hacerme un regalo, y es la lectura de la monumental obra de Marcel Proust llamada En busca del tiempo perdido y que engloba siete libros llamados Por el camino de Swann (1913), A la sombra de las muchachas en flor (1918), El mundo de Guermantes (1920), Sodoma y Gomorra (1921), La prisionera (1923), La fugitiva (1925) y El tiempo recobrado (1927). ¿Qué lleva a una persona a sumergirse en un relato vital de tres mil quinientas páginas? En mi caso,

Reseña de El dios de las pequeñas cosas, de Arundathi Roy Este libro corría por casa y me decidí a leerlo, a pesar de lo exagerados que me parecían los comentarios de la contraportada – soy escéptico con las contraportadas. Para empezar, como siempre, reconoceré mis límites y mis conflictos. No tengo ni idea sobre literatura india y me hacen fruncir la nariz las palabras fenómeno literario del año. Con este libro me ha pasado lo mismo que con Al final de la