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Libros que leemos

Hemos leído… y nos ha gustado

Decía Andy Warhol que nada daba tan buen resultado como el objeto inadecuado en el lugar apropiado. Jean Rhys pertenecía tanto a este mundo como un meteorito: nacida en Dominica, en las Antillas, de padre galés y madre criolla, quiso marcharse a Inglaterra, en la adolescencia, seducida por todos los libros que había leído, sin caer en la cuenta de que en Inglaterra hacía frío, ya que ninguno de esos libros lo mencionaba. El choque con un país gris, de calles grises y

Perder ciudades dos viajes en el siglo XXI, de Hilario J. Rodríguez (New Castle, 2015) Que son muchos libros los que se publican en este país y que esto no parece que pueda pararlo nadie da fe la mesa de novedades de cualquiera de las librerías medianas de cualquier ciudad: libros que se apilan en torres; algunos, los menos, a elección del librero y su parroquia; otros, los más, a elección del comercial asignado a la zona, o del propio editor

Desde Tusitala os ofrecemos una serie de recomendaciones literarias para estos días… Libros para disfrutar. Palabra de librero Comenzamos por Novela de ajedrez (Acantilado, 2013), narración breve de Stefan Zweig, uno de nuestros autores favoritos. Como ocurre también en Mendel el de los libros, un narrador anónimo que bien podría ser el propio Zweig nos presenta a un personaje misterioso, tan sublime como derrotado. Publicada por primera vez en 1941, Novela de ajedrez es muchas cosas (obra de intriga, homenaje al

Si mi casa se incendiara de repente, ¿qué tres objetos salvaría? Tres cosas que pueda sacar inmediatamente, claro. Cuando al protagonista de este libro le plantean la cuestión, él deja bien claro que nunca piensa en términos de tres. Sin embargo, al llegar la ocasión que sirve de arranque a todo esto, Asterios Polyp busca y recoge el viejo encendedor zippo de su padre, un reloj y una navaja suiza marca Victorinox. Y todos ellos tienen su papel en esta historia.

The Thrilling Adventures of Lovelace and Babbage, de Sydney Padua (Particular Books, 2015) «La burbuja del ferrocarril de la década de 1840 fue la siguiente crisis de carácter ruinoso después del la caida de las bolsas de 1833. Fue sucedida por las crisis de 1857, 1866, 1873, 1884, 1893 y 1896.

Comenzar por el principio, eso pretende este texto: comenzar por las primeras palabras del poeta; leer, de nuevo, su primer libro; viajar hasta las primeras palabras que ofrece José Viñals en Entrevista con el pájaro y comenzar allí: «Toda respuesta es una impostura».

Alguna vez lo hablamos: se publican demasiados libros, libros que a ver para qué se publican si, seamos honestos, hubiera dado lo mismo que no se hubieran publicado; es decir, no lo mismo, voy a precisar: hubiera el sector, sin tener que soportar la carga de la publicación, trasporte, colocación y conato de venta de toda esa basura, podido respirar algo mejor. Se notaría para bien, digo. Porque la oferta editorial es tan amplia, se manejan números tan desproporcionados[1], que

Se dice devorar un libro y se alude a esto, aunque devorar implica comer rápido y sin saborear lo que se come y vale la pena detenerse a saborear lo que se come al leer Paseos con mi madre, de Javier Pérez Andújar. Hace poco leí un reportaje en El País que recorría un territorio en parte superponible al que describe Pérez Andújar

Varias generaciones recuerdan con nostalgia a personajes como aquel David el Gnomo que ni levantando dos cuartas del suelo aseguraba ser siete veces más fuerte que tú. De acuerdo, el hombre hablaba de fuerza proporcional, pero muy amedrentador no sonaba al verle

Esta reseñita va dedicada: A Enrique. Para que no se enfade cuando me enfado cuando dice lo de literatura para mujeres. Y a Lola. Para que se lo lea. De niña, mucho antes de tomar conciencia de a qué podía querer referirse alguien cuando, desde esa altura desde la que que se habla cuando uno no se ha dado cuenta aún de la descomunal metedura de pata que supone ponerle a un texto la etiqueta de «literatura para mujeres», meter en el mismo