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Negratinta

25 de diciembre de 2015, en Negratinta Escribe Manu Mérida acerca del festival EÑE: una fiesta de la literatura en la que los autores invitados comparten con el público sus gustos, aficiones y lecturas. Fotografía Lorena Portero. Es sábado. Tengo un amigo que se llama Rubén y va a ver el fútbol esta tarde al Santiago Bernabéu, y encima es negro. Nos cuenta que hay más policía que nunca, y que le han cacheado ya dos veces y todavía no ha podido

No sé cuándo, pero aquí un día hubo una librería viva. Con un señor o señora que levantaba la persiana y hacía pedidos y recibía cajas de libros que abría con un cúter viejo. Es posible que también vendiera prensa y que atara con un cordel todos los periódicos, a eso de las ocho de la tarde, igual que esos fruteros que recogen la mercancía caducada: las peras, las fresas o los tomates, que son productos que merman con facilidad.

Cuando tenía 17 años y viajé por primera vez al extranjero decidí empezar una particular tradición: entrar en cualquier librería de alguna ciudad europea y preguntar si tenían algún libro de Mercè Rodoreda. Desde entonces lo he repetido siempre que he podido. Pero la diferencia entre preguntarlo en librerías comerciales de gran tiraje o hacerlo en librerías pequeñas no se distingue en el hecho de encontrar más o menos ejemplares de In Diamond Square o Rue des Camélies

A principios de los años 70 surgió en Madrid un trío que revolucionó la música rock que hasta entonces se había hecho en  España. Su nombre era Triana. La banda es los 60 en conjuntos como Los Bravos, Nuevos Tiempos o Gazpacho. Después de esos primeros escarceos, el encuentro original tiene lugar taba formada por: Juan José Palacios, Tele, a la batería, un gaditano afincado en Sevilla, y los sevillanos Jesús de la Rosa (compositor, voz y teclados) y Eduardo Rodríguez (guitarra española). Los tres se habían iniciado musicalmente en la

Se cae un mapa al suelo justo antes de que se cierre la puerta del tren. La mujer que lo sostenía se agacha rápidamente para recogerlo, y se pone a observarlo detenidamente una vez más. Lo tiene al revés. Al cabo de dos segundos se da cuenta, y le da la vuelta. Lleva unos pantalones cortos, unas sandalias de suela ancha y una camiseta de manga corta. De su mochila cuelga un jersey, por si acaso. Aquí nunca se sabe.
Tumba de Antonio Machado en cementerio de Colliure

–La tarjeta es de crédito. –¿Y? –respondo, intentando que no suene vacilón. –Pues que la tarjeta del conductor tiene que ser de débito. Yo tengo el codo derecho apoyado en el mostrador de la compañía de alquiler y la otra mano apoyada en la cadera, una pose que he ido adquiriendo a fuerza de ver que las cosas se tuercen al otro lado del mostrador. Giro el cuello y resoplo. A mi izquierda, mi hermana tuerce el gesto y da

Un viaje por carretera con amigos es una aventura, un grito de guerra con el que reciclar la esperanza y combatir la rutina. Si además el trip se hace en furgoneta, pero no en una furgoneta cualquiera, sino en una prestada por una madre que todavía conserva el gen hippie, modelo Westfalia, blanca y naranja, como si en ella, además de mochilas, cupieran sueños, inquietudes, lecturas, la imagen de una cantante distante y enigmática, amores en fuga que la vida

La cronista Leila Guerriero (Junín, Argentina. 1967) desconfía de recetas que expliquen cómo escribir periodismo narrativo. En el recopilatorio de artículos Zona de obras (Círculo de Tiza, 2014), no construye decálogos ni destila axiomas. Simplemente, pinta su forma de trabajar, por ejemplo, sus encierros de 16 horas frente al ordenador, sin teléfono ni correos electrónicos, contando, tachando y puliendo con una concentración monacal. Zona de obras, como destaca diestramente Juan José Millás en su reseña La trastienda de una india,

Cada vez quedan menos sabios. Eduardo Galeano fue uno de ellos, un sabio humilde que defendía a los olvidados, renegaba de los intelectuales y usaba cada una de sus palabras para hacernos sentir y reflexionar. Los grandes medios tratan de reducir su imagen y dibujarle a trazo grueso, como un escritor izquierdista chavista y castrista, “los dos grandes males” del continente según “el gran teatro del bien y del mal” que, según él, fabricaba la prensa manipuladora. Galeano ironizó constantemente sobre las burdas mentiras de los medios y mantuvo un punto de vista izquierdista y lúcido.

Hace cien años nació Edmundo Valadés, el creador de la que ha sido, a mi juicio, la mejor revista literaria del último siglo en español. Supongo que esta afirmación por lo menos le sorprende. Sobre todo si recordamos que don Edmundo nació en Guaymas y, como los jueces mexicanos de clavados olímpicos, solemos ser mucho más estrictos para juzgar a nuestros compatriotas que a los extranjeros. Pero piénselo un momento.