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Negratinta

Eran las cuatro de la tarde, la hora de la siesta. Teníamos el estómago lleno y las piernas cansadas de buscar las mejores fotos por toda la costa portuguesa. Lo sensato habría sido tumbarse en cualquier sombra a echar una cabezada, pero la visita a la famosa librería Lello, en Oporto, se había alargado más de lo previsto, y teníamos que volver a la carretera para llegar a nuestro siguiente destino con luz suficiente para montar la tienda. El aire

Uno nunca sabe cómo acabará sus días en la ruleta de la fortuna callejera. Es difícil pronosticar si este ratero o aquel otro cerrará su historia con un navajazo de buenas noches o, en cambio, feliz junto a su familia tras convertirse en un escritor no ya famoso sino algo muchísimo mejor: un escritor leído con el celo del voyeur que por nada del mundo quiere que su Hemingway (“¡pero qué!”, repite incrédulo, “¡qué animal tan admirable! Este párrafo es

Desde que vi Amores perros en el año 2000 –hace ya 16 años–, no he dejado de seguirle la pista. La primera película de Alejando González Iñárritu me marcó profundamente y fue culpable de que hoy viva en México y del amor-odio que me sigue despertando este monstruo sísmico mal llamado ciudad. Antes de que pegara el pelotazo final con Birdman, afirmaba sin dudarlo que era mi director favorito, el que más me llenaba. Lo sigue siendo. El mío y

Mata las horas en una silla blanca de plástico que quedó arrinconada en el balcón por falta de espacio, lleno de bicicletas, pelotas, triciclos, motos y plantas amarillentas. Sale con la excusa de no fumar delante de los niños. Ahora vuelvo que voy fuera. Se enciende un cigarrillo y lo absorbe con rabia. Detesta su vida. Lo sabe todo el mundo aunque nadie lo diga. Mira a los niños desde fuera. La niña molesta al grande, que toquetea el portátil

Es sábado. Tengo un amigo que se llama Rubén y va a ver el fútbol esta tarde al Santiago Bernabéu, y encima es negro. Nos cuenta que hay más policía que nunca, y que le han cacheado ya dos veces y todavía no ha podido entrar al estadio. Que o le detienen o le cae una bomba junto a los demás, pero algo se lleva seguro, que hasta otro amigo le dice: «Macho, es que tú también, qué manera de jugarte la vida. Con estado de alerta 4 por los atentados y te vas al fútbol. Por lo menos dile a alguna chavala que el final está cerca, a ver si tienes suerte y te cae una paja en los baño»

25 de diciembre de 2015, en Negratinta Escribe Manu Mérida acerca del festival EÑE: una fiesta de la literatura en la que los autores invitados comparten con el público sus gustos, aficiones y lecturas. Fotografía Lorena Portero. Es sábado. Tengo un amigo que se llama Rubén y va a ver el fútbol esta tarde al Santiago Bernabéu, y encima es negro. Nos cuenta que hay más policía que nunca, y que le han cacheado ya dos veces y todavía no ha podido

No sé cuándo, pero aquí un día hubo una librería viva. Con un señor o señora que levantaba la persiana y hacía pedidos y recibía cajas de libros que abría con un cúter viejo. Es posible que también vendiera prensa y que atara con un cordel todos los periódicos, a eso de las ocho de la tarde, igual que esos fruteros que recogen la mercancía caducada: las peras, las fresas o los tomates, que son productos que merman con facilidad.

Cuando tenía 17 años y viajé por primera vez al extranjero decidí empezar una particular tradición: entrar en cualquier librería de alguna ciudad europea y preguntar si tenían algún libro de Mercè Rodoreda. Desde entonces lo he repetido siempre que he podido. Pero la diferencia entre preguntarlo en librerías comerciales de gran tiraje o hacerlo en librerías pequeñas no se distingue en el hecho de encontrar más o menos ejemplares de In Diamond Square o Rue des Camélies

A principios de los años 70 surgió en Madrid un trío que revolucionó la música rock que hasta entonces se había hecho en  España. Su nombre era Triana. La banda es los 60 en conjuntos como Los Bravos, Nuevos Tiempos o Gazpacho. Después de esos primeros escarceos, el encuentro original tiene lugar taba formada por: Juan José Palacios, Tele, a la batería, un gaditano afincado en Sevilla, y los sevillanos Jesús de la Rosa (compositor, voz y teclados) y Eduardo Rodríguez (guitarra española). Los tres se habían iniciado musicalmente en la

Se cae un mapa al suelo justo antes de que se cierre la puerta del tren. La mujer que lo sostenía se agacha rápidamente para recogerlo, y se pone a observarlo detenidamente una vez más. Lo tiene al revés. Al cabo de dos segundos se da cuenta, y le da la vuelta. Lleva unos pantalones cortos, unas sandalias de suela ancha y una camiseta de manga corta. De su mochila cuelga un jersey, por si acaso. Aquí nunca se sabe.