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Cine y periodismo. Aprendiendo a patinar [Editorial]

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Estoy aprendiendo a patinar. El domingo pasado, primer intento. Según me caía la primera vez, con cierto estrépito y mucho más miedo que vergüenza, la edad de una es lo que tiene, importa más el dolor que el qué dirán, en fin, me dio por pensar, durante esos largos segundos que tardó mi culete en estrellarse contra el suelo, como cuando se va a morir alguien y se dice que ocurre esto, que toda tu vida pasa ante tus ojos, a qué sé yo de imágenes revolucionadas por segundo, pensé, digo, en todas las veces que he metido la pata hasta dentro desde que abrimos esto de Librerantes. Y me pareció que la falta de equilibrio había jugado un papel fundamental. Tal cual y según mis huesos se desparramaban por el asfalto de la pista. Pero me explico.

A mí me gustan los libros. Y me gusta todavía más leerlos. Tanto, y para que me entiendan, que ayer, como no tenía forma de acceder al libro físico y sí unas ganas que me moría de leerlo, lo leí en ebook, que es una forma bastante ingrata de leer, me parece. Algo aportan las páginas, acaso el olor sutil del papel, su tacto, a la experiencia. Me parece; es decir, a mí me pasa, y me consta que a otras lectoras y lectores les ocurre lo mismo. Así, que soy mujer fácil. Como distribuidora, que es adonde voy. Muy fácil: aun cuando hemos puesto el cartel de «lleno, no podemos con más», un poco también por esta falta de voluntad, este no saber decir que no cuando algo me gusta mucho, sigo atendiendo los correos y las llamadas de editores que no solo pasan olímpicamente del aviso, es que, por ejemplo, te dicen cosas como «El próximo libro que publicamos es de Pessoa. Una edición bilingüe». ¿Y qué clase de persona, pregunto, podría no querer saber más, sentarse siquiera con este editor, saber sobre el texto de que se trata, cuándo va a salir, cómo van a hacer para que llegue a las librerías…? Una clase de persona no diré tipo B, qué sé yo, hay gente que en vez de sangre en las venas tiene qué sé yo, qué se yo.

Y así con todo. Como con Pessoa, con todo. El corazón pesa más que la cabeza, por usar otro lugar común, tantas y tantas veces. Otras,  que duelen además mucho más, es la cabeza la que insiste «Que no te tiene que gustar a ti, raquelita, que se trata de que se venda en las librerías, y este hombre sale en la tele, o toca la guitarra en no sé qué grupo molón…», y como me parece que así será, que se va a vender, porque es cierto que este negocio puede funcionar así y lo hace en muchas ocasiones, pues acepto, «Hay que comer».  Y me equivoco. No vendemos un pimiento. Y  duele más porque no solo has dejado que unos libros que no te gustan nada se te cuelen, es que has perdido tiempo, dinero, en alguna ocasión hasta el sentido del humor*

¿Pero por qué cuento todo esto?

La verdad: solo es un desahogo. He descubierto que el lamentarme en público puede ser estimulante, las penas compartidas son menos penas. La culpa la tenéis los y las que luego me escribís con algún comentario. No sirve para vender libros, pero es estimulante, ya digo. Se hacen amigos: «Raquel, no sabes cómo te entiendo». Y, bueno, no tengo novio. Quién sabe.

¿Y por qué el título del editorial? ¿Cine y periodismo? Porque me encanta la idea, aquí el enlace a la sesión inaugural. Me gusta muchísimo la revista fronterad, su forma de tratar los temas, y, sobre todo, me gusta la colección Filosofía para profanos —Maite Larrauri escribe, Max ilustra— y me gusta, entonces, que se me note. Pues claro.

Clicka sobre la imagen para ver el programa completo. Aquí puedes comprar las entradas (4 €)

Al cierre de esta edición (siempre quise usar esta frase, así acabo), no hemos podido encontrar el enlace para comprar las entradas. Entiendo que se podrán comprar ese mismo día, si no damos con ello antes. Nos vemos el jueves.

[Horas después del ‘cierre de esta edición’, nos enviaron el enlace ‘bueno’. Aquí va]

[…y el fin de semana, en Salamanca: va en portada.]

[…y dos libros dos de Polibea, adelanto enlaces: Niños que cargan almohadas de neblina, de Ramón Àvila, y Cristóbal Serra en su laberinto, de Manuel Neila]

[Y el culo bien, gracias. Es indestructible. De momento. Voy a seguir patinando]

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