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Construir nuestra propia red

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[Por Julieta Hernández, editora de Siesta]

¡Espero no haberte despertado de la siesta! ¿O estabas a punto de echártela? Seguro que te gusta escuchar un cuento antes de dormir. Pues te voy a contar un cuento. Más bien te voy a hablar de nuestro cuento La red. Empezando como se cuentan los cuentos:

Había una vez un mono, Monito, que vivía con sus papás en una casita en un árbol y era muy feliz paseando con ellos hasta el lago, donde recogía fruta. Sus papás le llevaban en brazos y eso le hacía sentirse seguro. Fue creciendo y cada vez se hizo más pesado para llevarle encima. Sus papás esperaban que ya braquiara para entonces, sí, eso que hacen todos los monos para saltar de rama en rama, pero parecía que Monito no tenía tanto interés en hacer eso.

¿Por qué a todos los monos les parecía tan buen plan eso de colgarse por las ramas? ¿no se daban cuenta de que se podían caer?, pensaba Monito. Así pues, a su mamá, preocupada por Monito, se le ocurrió un plan: pedir a su amiga Mariaraña que construyera una red para colocarla bajo los árboles y que Monito se sintiera más seguro y se atreviera así a braquiar de rama en rama.

¿Pero qué pensáis que ocurrió? Pues como pasa con la mayoría de planes que organizan para uno, que no funcionó. Monito saltó en la red, y le pareció muy divertido, pero no saltó todavía de rama y rama. ¿Y sabéis cuándo lo hizo? Cuando el sintió y decidió que estaba preparado.

Es una una tierna historia de Lara HR Lamagrande, maravillosamente ilustrada por Viktoria Astrom que invita a educar sin prisa y con respeto.

Porque Monito utilizó la red como mejor se adecuó a sus necesidades y cuando él decidió, no cuando lo hicieron lo demás monos ni cuando decidieron sus papás. Primero se apoyó completamente en ella, pero luego se fue distanciando cada vez más y seguro que llegó el momento en el que se olvidó de que estaba allí y saltaba de rama en rama sin darse cuenta de la red.

Todos deberíamos construir nuestra propia red y utilizarla como mejor se adecúe a nuestras necesidades en cada momento. Una red personal que represente nuestra individualidad, nuestras creencias y modos de interpretar el mundo que nos rodea. Estas deberían coincidir con nuestra forma de actuar, no solamente para conseguir objetivos, sino en todo lo que hagamos en la vida. Porque sólo seremos felices si lo que hacemos coincide con lo que pensamos. Una red que imaginemos tener siempre debajo de nosotros, como los trapecistas, primero más cerca y gradualmente más lejos. Y estará ahí sólo por si necesitamos recordar algo, pero igual que los trapecistas, rara vez necesitaremos usarla, aunque sí arreglarla, reforzarla y asegurarnos de que es bien sólida. Nuestra individualidad representa esta red y cada uno tejemos una distinta.

Es una red resistente que luego querremos pasar a nuestros hijos para que pueda servirles de modelo, pero siempre animándoles y permitiendo que tejan su propia red basada en su propia individualidad.

Desde Siesta te invitamos a compartir un momento de lectura leyendo La red a tus hijos para empezar a construir esa individualidad desde pequeños.

Ahora sí, te dejamos continuar con tu siesta. Ah, y ¡no dejes de soñar!


La red

La red está disponible en la generosa red de librerías con que las que trabajamos. Si no ves en el mapa una que te quede a mano, pregúntanos: librerantes@librerantes.com

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