Inicio»Textos que nos llegan»Blog del autor»Crimen y Castigo. Memorias de un librero enamorado

Crimen y Castigo. Memorias de un librero enamorado

1
Compartidos
Pinterest Google+

luna

Venía todos los días. Recorría toda la librería de arriba abajo. Será sólo un ratito, me decía con la mirada, pero se pasaba allí toda la mañana. Y yo, por no molestarla, dejaba que repasara los libros como si fuera a comprar algo. A veces leía uno o dos capítulos y ponía una marca para seguir al día siguiente. Pero lo hacía con cuidado, no sé si para que yo no lo notase o para no dañar el libro. Vestía como alguien que vive en la calle pero tenía cierta elegancia innata, no estaban reñidos sus andrajos con una coquetería persistente, siempre llevaba un adornito, una flor o un collar que a saber de dónde había sacado. A media mañana, me hacía un café y dejaba otro a su lado como quien ha hecho de más. Se lo tomaba y no me daba las gracias aunque siempre me sonreía después. Nunca descolocaba nada, cada libro volvía a su lugar. Y a veces se escondía. Había gente que le parecía que no debía verla y se ocultaba en algún rincón, supongo que para no perjudicarme. Cuando la tienda se quedaba otra vez vacía, reaparecía como un fantasma. Cuando hacía calor venía dos o tres veces y los días fríos de invierno casi no salía de aquí pero se iba bastante antes de cerrar para no ponerme en un compromiso. Se me ocurrió poner alguna silla y ya no tenía que recostarse en las paredes. Le gustaba Crimen y castigo pero lo leía muy despacio, como si no quisiera que se acabase y lo alternaba con otras lecturas más livianas. Una vez mentí a un cliente para que no se llevara ese ejemplar, que era el último que me quedaba. Había temporadas cortas en las que desaparecía y yo suponía que estaba enferma o que algún familiar la había recogido. Después de esos períodos regresaba con más ganas y siempre empezaba con su Dostoievski allí donde hubiera dejado su marca de papel. Hace más de dos meses que no sé nada de ella y ya no creo que vuelva a verla. He retirado su Crimen y castigo de la estantería y lo he guardado en la oficina por si algún día sucede un milagro.

Sin comentarios

Dejar una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *