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Cristóbal Serra en su laberinto. Algunas fotos

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«La literatura de Cristóbal Serra es una locura…»

Hace unas semanas, en una de esas en que editor y distribuidora se reúnen para planear cómo dominar el mundo, fue cuando salió el «…y vamos a publicar un libro sobre Cristóbal Serra, que es algo que me apetecía mucho». El «me apetecía mucho», yo les traduzco, es la manera que tiene Juanjo*, editor de Polibea, de decirme, de forma simpática, digamos, que me va a enviar uno de esos libros que no nos van a sacar de pobres.

El editor, ufano

Y la cosa es, en fin, que me lo dijo con ese brillo en los ojos que se lo pone a veces… Así, que me fui, curiosa, a la presentación del número 13 de la colección La espada en el ágata. Fue en una de mis librerías preferidas, además: la librería los editores*. A ver quién era este escritor sobre el que Manuel Neila, autor de Cristobal Serra en su laberinto, había montado todo un libro que había prologado, además, Diego Doncel, mi profesor de lengua y literatura cuando le dieron el premio Adonais, nada menos, allá por el año 1990.

Hay escritores prematuros y escritores tardíos, tan viejos como la historia de la literatura. El polígrafo Cristóbal Serra (Palma de Mallorca, 1922-2012) es uno de estos escritores de madurez, y hubo de esperar a sus postrimerías para culminar una obra original y sugestiva, que le valió el premio Ramón Llull (200) y el título de Doctor Honoris Causa por la Universidad de les Illes Balears (2006).

A la izquierda, Diego Doncel. Junto a él, el autor, Manuel Neila

«Su literatura era breve porque le pasaba como a Marguerite Duras, tenía que escribir algo muy intenso pero muy breve porque él no aguantaba escribir más allá de eso. Para él era importante que se combinaran dos cosas: la brevedad y el encanto. (…) Cristóbal Serra es de los grandes escritores de la segunda mitad del siglo XX», concluye el autor del prólogo, «y de los grandes articulistas. Sus artículos en prensa eran una maravilla».

Le gustaba el silencio, el misterio, la creación de zonas oscuras. Su concepción del mundo había nacido de enormes debates internos, debates no sólo estéticos sino también morales, por eso más que una concepción del mundo parecía una forma poética de ver la realidad, como ocurre en su amado William Blake. Un mundo habitado tanto por la aspiración a la armonía como por un sentido profundo de la alucinación, tanto por claridades cegadoras como por perturbadoras fuerzas demoníacas.

Manuel Neila

«Serra es un escritor raro, un escritor extraño, pero maravilloso y originalísimo. Y el destino de los originales es estar orillados». Dice además Neila que ése es el destino de los poetas, «no es la ciudad, la ciudad es para los políticos; es el campo, el retiro».

Manuel Neila y Juan José Martín Ramos durante el acto

Un libro sobre un escritor apenas conocido, «orillado». Lo enviamos estos días a librerías. Pregunten a su librero o librera.

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