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«Cuando estoy de expedición no quiero estar informado». Una conversación con Ramón Larramendi

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[Por Ima Sanchís]

Regresa una y otra vez al hielo.

El hielo forma parte de mi vida. Hice mi primera expedición al Ártico a los 33 años.

Anda entre dos mundos.

Me gusta ese contraste, pasar de la civilización al mundo salvaje, el lugar más puro de la tierra, en el que las leyes naturales son las que rigen, y no las hechas por el hombre.

Recorrió 14.000 kilómetros en trineo tirado por perros.

Me fui a vivir al Ártico, a aprender el modo de vida tradicional inuit, y me embarqué en la aventura de realizar la expedición circumpolar, desde Groenlandia hasta Alaska. Durante tres años recorrí una distancia gigantesca siguiendo los sistemas inuit, sin mapas, sin guías… Me trasladé a otro mundo y otra época.

Dígame qué busca, o mejor qué encuentra.

La intensidad, la fuerza de la vida y la sensación de estar vivo que uno percibe cuando está ahí no es comparable con nada.

¿Se siente allí más vivo?

Aquellos tres años en los que afronté continuos nuevos retos y peligros y viví en unas condiciones de dureza extrema fueron equiparables a las vivencias que he tenido el resto de mi vida.

¡…!

Allí es imposible evadirte de ti mismo, estás tú con la realidad plena, sin filtros, sin máscaras, sin intermediarios. Me gusta la civilización, pero no tiene comparación, allí eres.

Tres años a través del Ártico¿Usted cree que los inuit también viven con esa intensidad?

Hoy la gran mayoría ya viven en ciudades, pero los cazadores, indudablemente. Son gente profunda, práctica, extremadamente generosa. La manera como tienen ordenada la mente es muy distinta a la nuestra, y eso te deja claro que tú también tienes las ideas ordenadas de una determinada manera, pero que hay otras.

Usted habla su idioma.

Hace años en el Ártico, con un frío inimaginable, me disponía a abandonar un refugio. Un viejo cazador al que no conocía me observaba.

¿Qué miraba?

Mi parka de piel de caribú, que yo mismo me había cosido. En un momento dado ya no pudo más y me dijo: «Quítate esa parka y toma la mía porque te vas a congelar».

¿Es mejor su ropa tradicional que la ropa técnica?

Esa es toda una disquisición. El éxito de mi trineo de viento se debe precisamente a que he incorporado gran parte de los elementos inuit. He diseñado el trineo que diseñaría un cazador. Con la ropa pasa lo mismo, la tradicional es más caliente y confortable, pero requiere más cuidados. La técnica es más resistente.

Un mundo que se desvanece.

Estoy impulsando una patrulla con científicos y cazadores en el norte de Groenlandia para impedir que esa cultura tradicional, que está a punto de perderse, desaparezca.

¿Qué le apasiona de esa cultura?

Su simplicidad para resolver los problemas de la vida en armonía total con la naturaleza, cosa que la técnica no puede resolver. La complejidad parece que va a hallar mejores soluciones, y no es así, lo he demostrado con mi trineo.

¿Aquello no es monótono?

¿Es el mar monótono?…

¿Y no se siente solo, viajando solo?

La terrorífica y profunda soledad está en la ciudad, rodeado de gente, de ruido ajeno. Necesito esa soledad, desconectar de todos los mensajes que, quieras o no, acaban invadiendo tu mente.

Cierto, incluso tus sueños…

Es algo que me impresiona, el bombardeo constante de mensajes, que con las redes sociales se ha convertido en una locura absoluta, equivale a vivir la vida en la continua distracción de uno mismo. Cuando estás en la naturaleza tienes claro quién eres tú.

¿Sin más?

Sin más, es sencillísimo. Y me parece necesario para mantener un cierto equilibrio y una cierta perspectiva.

¿A usted también le atrapa el ruido?

Sí, acabas entrando, por eso cuando estoy de expedición no quiero estar informado, y lo dejo claro: «Si se hunde el mundo, no me lo contéis», si no, toda tu vida acaba presa de la psicosis de la preocupación por cosas que están fuera de tu control y que no tienen nada que ver con la vida verdadera, esa que corre por tus venas.

No sé nada, no quiero saber nada, sólo existe el presente, lo que estoy haciendo ahora mismo, y eso adquiere el tinte de una realidad muy profunda.

Elegir la gente de un equipo de expedición debe de ser algo esencial.

Es la clave del éxito o del fracaso.

¿Y cómo lo hace?

La intuición es más efectiva que los análisis racionales. En las expediciones polares la aptitud es importante, pero la actitud es determinante.

Se debe de llegar a intimar mucho.

Cierto, en el entorno urbano hay cierto tipo de relación interpersonal que no se da jamás. Pero en medio de una tormenta, aislados en una pequeña tienda de campaña…

¿Hay mujeres en esos pequeños espacios?

Sí, y yo no he tenido nunca problemas. Hay una serie de valores que son los adecuados y que marcan la diferencia por encima del género.

¿Qué merece la pena en la vida?

La gran pregunta al final es: ¿has vivido la vida que querías vivir?, ¿has sido tú mismo?…, nos la haremos todos y la responderemos en soledad.

 

Entrevista publicada en La Vanguardia el 29 de mayo de 2018.


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