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Un cuento de perros [Por Linda Rogers]

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La Detención indefinida de Michael Rothenberg

La detención indefinida es una cadena perpetua, ya esté conectada o no al pecado original. Como perros con correa, seguimos, obedecemos, y engullimos la galleta. O no. Aquí está la vocación del poeta para resistir. En su vida como activista y escritor, Rothenberg es el perro que aúlla desde sus cadenas lo mismo que el mar.

América le ha dado una buena razón. Los perros pueden soñar en blanco y negro, cada fotograma sobreexpuesto a una historia de racismo y cada ismo no mencionado en la Constitución Estadounidense que otorga a sus ciudadanos el permiso para tener esclavos y llevar armas. Ahora, en los oscuros tiempos anunciados por la elección de un demagogo profano respaldado por los blancos racistas, sus poemas son un manifiesto que no podemos permitirnos ignorar si de verdad nos importan los derechos humanos y el planeta que profanamos con explotación y degradación.

La vida como hombre o perro, dios a la inversa, es una serie de percepciones. La inteligencia nos da el poder  de trasladar aquellos momentos empíricos e inspirar o profanar a la comunidad.

En su epígrafe, una cita de Lawrence Ferlinghetti:

El perro trota libremente en la calle y ve que la realidad y las cosas que ve son más grandes que él mismo…

Rothenberg confronta los desafíos implícitos a la salvación. El perro acepta la correa y el sometimiento, o bien escucha el silbato del ángel de su mejor naturaleza y crece por encima de los impedimentos para la gracia, Dios mismo, por lo que San Anselmo no podía concebir nada más grande. Así es como Rothenberg se desafía a sí mismo y a sus compañeros escritores: ser un dios o un perro.

Al establecer 100 mil poetas por el cambio, ha convo-cado a los artistas a las barricadas. Todo un imperativo universal. Una nación bajo la égida de Dios son todas las naciones y serán los poetas más que los políticos quienes nos conducirán fuera del desierto post-apocalíptico, lo que Joanne Kyger llama las «réplicas de la realidad».

Ahora, estamos escribiendo en la arena el nombre del poeta y trovador místico, Leonard Cohen. Mientras el alma de Cohen se hace espíritu, el océano se tragará su nombre, pero su música permanecerá en la canción del viento y las olas. Detención indefinida: una historia de perros, plasma el momento transformacional en el que todos nosotros, todas nuestras relaciones, se funden en el Uno, y el mar reclama nuestras pisadas. Más allá del nacimiento y la cópula hay relaciones más grandes para las que la intimidad y los vínculos familiares descritos por el poeta, son únicamente un ensayo.

Rothenberg nos dibuja un mapa lírico en el agua que acabará tragándose la civilización o nos liberará de nuevo sobre las arenas del tiempo. Cuando él confiesa que echa de menos a su esposa, que es, como todos nosotros, agua viajando a través de la carne, establece la premisa, mientras su viaje paralelo se erosiona y remodela a sí mismo.

Poemas posteriores recogen los momentos perdidos y encontrados que definen nuestras vidas, mientras nos movemos física y metafísicamente de un agujero en el mar que nos llena a otro. En su última novela El mar, el mar, la novelista y filósofa Iris Murdoch, sorprendió a sus lectores con una aleatoriedad inusitada en ella. No mucho después de que lo escribiera, la brillante erudita fue diagnosticada con demencia. ¿Había Murdoch, podríamos ahora suponer, ido finalmente más allá de las disciplinas de sus dos vocaciones y encontrado la lógica más elevada del agua flotando en el ciclo sin fin de la vida? ¿Era su demencia un avance hacia el entendimiento cósmico, la difuminación de los límites que definen la experiencia alucinógena?

Una libertad similar es la aleatoriedad de la segunda generación Beat. Rothenberg, cuyo aullido es el movimiento a contrapunto de la música del agua, alabanza y lamento, olas rimando sobre las playas de su observación e imaginación. «Estoy», escribe, «escuchando el latido resplandeciente». Esta única línea justifica un libro de selección idiosincrásica y que pone en paralelo la vida con «una nueva era Dybbuk» habitada por hombres huecos.

Y hay muchos proverbios de esos. El fluido catálogo de ruinas y belleza de Rothenberg captura con frecuencia la luz conforme ésta inunda las marismas de la escritura postmodernista, la mayor parte de ella dedicada a la forma, genios atrapados en botellas definidas por normas sociales conservadoras. El perro, su doble, soñando en la ausencia de color, no conoce tales restricciones. El palíndromo perro/dios es el mundo del ego, mira la comida / cómetela, mira la pelota,/ persíguela, incluso por las peligrosas calles de América, donde «la fe es convulsiva».

La detención indefinida es la vida no iluminada y, la libertad, su apoteosis. En locura, demencia, muerte, y transubstanciación nos son dadas las oportunidades. Incluso cuando la flor ha sido decapitada o asolada por el tiempo, la palabra viaja bajo el suelo, hace túneles como los prisioneros de la opresión.

Desde las canciones infantiles y los cuentos con moraleja hasta las homilías junto a la tumba, somos redimidos y liberados por la bendición de los relatos de los cuentistas que nos conectan con la más grande narrativa de ser. Éste es un escritor dispuesto a exponerse a la oscuridad y a la luz. En la generosidad de su desnudez, experimentamos lo que significa ser humano y luchar poniendo proa hacia lo divino, hacia la gracia, incluso cuando el tiempo no es más que arena sobre la playa.

La vida es un círculo. Michael Rothenberg, nacido en Miami Beach y recientemente arrastrado al litoral en vías de extinción de Florida, nos ha informado de nuestra obligación de proteger lo que conservamos en veinte libros de poesía, en su revista literaria Big Bride y a través de su activismo dedicado a los derechos humanos y a la protección del medio ambiente, el equivalente literario de los túneles, una subversión de los muros de la prisión. La urgencia del ahora es el ritmo de su voz y estamos obligados a escuchar, especialmente, las advertencias:

«Hasta que caiga la bomba sólo habrá discursos agradables».

Tenemos derecho a más que a eso, a la llamada a las armas del arcángel guerrero y al poeta que comparte su nombre.

Detención indefinida, de Michael Rotheberg (Varasek, 2017)
9788494634260 Detención indefinida. Portada

[Linda Rogers es una poeta y autora canadiense especializada en literatura infantil. Es conocida por su trilogía The Empress, saga de una familia chino-judía que distribuye opio y ron en el Triángulo de Oro, en Bozuk. The Empress es una novela de búsqueda ambientada en la Turquía moderna.]

Detención indefinida. Un cuento de perros esta disponible en la generosa red de librerías con que las que trabajamos. Si no ves en el mapa una que te quede a mano, pregúntanos: librerantes@librerantes.com

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