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El egoísmo de Max Stirner. También chistes

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La editorial Stirner lleva ya un par de años publicando títulos tan interesantes como Manual agorista o Idea general de la revolución. Adriano Fortarezza y Víctor Olcina, los editores, fueron desarrollando una idea sobre tres pilares fundamentales: la literatura, la política y la filosofía. Si fundimos esto con la pasión que estos dos amigos tienen por la ilustración, el resultado es el inconfundible sello Stirner.

Este otoño celebramos, nos llega estos días, la llegada de una obra muy esperada: Cómics existenciales, una surrealista mezcla de filósofos de todos los tiempos enfrentándose a todo tipo de situaciones ideadas por Corey Mohler, ingeniero de software afincado en Portland y mejor persona.

Hablamos con Adriano y Víctor. 

¿Cómo nace Stirner? Y, ¿quiénes la hacen posible?

Víctor: Bueno, Adriano y yo nos conocemos desde el instituto, en Alicante. Estuvimos colaborando en algún proyecto de la editorial Innisfree, sin cobrar nada. En un determinado momento nos preguntamos si no podríamos hacerlo mejor por nuestra cuenta. Llevarlo a nuestro terreno. Combinar el aspecto racional con el deseo, el propósito de comprender la realidad con el de vivirla, la literatura y el arte con el ensayo. Así nació el número uno de la revista Stirner [agotadísima]. Entonces yo trabajaba en una hamburguesería en Londres y Adri vivía haciendo apuestas en Madrid, fue una época muy divertida.

Después, las revistas gustaron (a día de hoy están agotadas) y nos planteamos expandir el proyecto, convertirnos en una editorial medio de verdad. Pero el corazón de nuestra propuesta estaba en la revista: una mezcla de ilustraciones cuidadas, relatos, artículos de actualidad, política-economía, literatura, música, cine. Nuestras colecciones conservan esa mezcla incluso después de la revista. Todo con un cierto sabor individualista, libertario, más allá de las dicotomías clásicas y de los guetos de este país. Sin preconcepciones, para nosotros ha colaborado gente como Santiago Navajas o Roger Senserrich, que en el fondo representan posturas muy diferentes.

Los editores, Víctor Olcina y Adriano Fortarezza. En medio, una mujer que no sabemos quién es

De todos modos, la idea no habría pasado al plano de la realidad si no contáramos con un grupo de colaboradores y amigos tremendos que nos están echando una mano a lo largo de todo el camino (André Filipe Marques, Janire Goikoetxea, M. Vega, Pablo Molina, Julia Navarro, Anna Casanova y David Martínez). Una editorial es algo muy complejo, y si no tienes ayuda de gente que sabe cómo moverse en la maraña legal, que traduce o dibuja casi por amistad, que te ayuda con la promoción, es impensable. Cuando surgió la idea, una de las cosas más bonitas fue darnos cuenta de que contábamos con gente para llegar allá donde no podíamos llegar solos.

¿Cómo elegís los contenidos de las diferentes colecciones?

Víctor: El procedimiento es sencillo: nos insultamos durante semanas y el implacable elige. Así vamos destilando ideas y definiendo el ámbito de cada uno. La verdad es que tenemos una larga lista de clásicos de ensayo y escritores noveles (y no tan noveles) por publicar, por lo que el conflicto de día a día es más bien en qué dedicamos el poco dinero que vamos reuniendo, ganando, pidiendo prestado.

La filosofía está presente en una gran parte de vuestras publicaciones, ¿por qué?

Víctor: Bueno, los tres pilares de Stirner son la literatura, el ensayo político-económico y la filosofía. Quizá nos inclinamos por la filosofía porque es la mirada que comprende a todas las demás. Se puede ver muy bien en nuestra última publicación, Cómics existenciales: los protagonistas en teoría son filósofos que hacen filosofía, pero luego encuentras a gente como Albert Camus o Robert Nozick o Karl Marx, que se desbordan hacia la literatura y la política, o ves que el autor otorga cierto protagonismo a escritores como Dostoievsky y a políticos de acción como Mijaíl Bakunin y Emma Goldman.

La ilustración es seña distintiva de Stirner, todas vuestras publicaciones cuentan con unas portadas muy definidas, y una de vuestras colecciones es sólo de cómics. 

Víctor: La idea es que el conocimiento, y la literatura por descontado, pueda ser también una experiencia estética. Nuestros libros nacen con cierta vocación de coleccionismo. Piensa por ejemplo en la colección de ensayo: leer a Proudhon está bien, pero nuestra idea es que al lector le resulte atractivo conocer sus antecedentes (Thomas Hodgskin) y sus continuadores (Samuel Konkin) y le llame la idea de reunirlos a todos en una estantería llena de color y retratos elegantes. Es un enfoque que viene de nuestra filosofía de partida: Stirner trata no sólo de comprender la realidad sino de vivirla y disfrutarla.

¿Con qué ilustradores trabajáis?

Víctor: Nuestros ilustradores son todos muy, muy jóvenes y vienen de sitios muy diversos. Julia Navarro (colección literatura) y Anna Casanova (colección ensayo), por ejemplo, son amigas nuestras y su trabajo nos flipaba ya desde antes de iniciar la editorial.

A Peter O’Toole, el ilustrador de nuestra revista, llegamos a través de Casual Connoisseur, una tienda de ropa de Mánchester, y desde el primer momento supimos que tenía que trabajar para nosotros (aún a riesgo de poner en peligro el equilibrio patrimonial de la editorial, como diría la directiva del Barça). Ahora hace encargos para Adidas y se merece todo lo que le llegue.

El libro

Cómics existenciales es la primera publicación de la colección de cómics

Víctor: Ambos seguíamos desde hacía tiempo las tiras de Corey Mohler (el autor de Cómics existenciales) y un día a él se le ocurrió la idea de que podríamos traducirlo y editarlo. A título personal, no soy muy aficionado al mundo del cómic, pero Corey Mohler tiene un sentido del humor, una sensibilidad y una capacidad para contar historias con imágenes tan increíbles que se lo merece todo. Además, sentimos una extraña conexión con sus historias. Hay gente que leemos y pensamos: éste es un autor Stirner.

Adriano: Hubo varios factores. El primero era que nos encantaba lo que hacía. Llegué a una tira suya a través de un contacto en Facebook, que la compartió, y desde entonces me hice fan. Te das cuenta enseguida cuando alguien sabe contar historias, no sólo chistes, sino que además es elegante en la narrativa. Sus cómics no son muy convencionales, tienen tremendas parrafadas y algunas de ellas no son precisamente una lectura fácil, pese a que cualquiera (y digo literalmente cualquiera porque yo apenas sabía nada de filosofía antes de abordar este proyecto) puede disfrutarlos. El segundo era que, a priori, parecía un trabajo tan devastador de llevar a cabo, que consumiría tantos recursos, que sólo unos locos podrían abordarlo, locos en el sentido de que no nos pusimos a calcular cuántos ejemplares habría que vender para rentabilizar tantos meses y meses de trabajo. El cómic está pensado para publicarse en web, y además hemos creído conveniente adaptar los bocadillos a la longitud de la frase en castellano en lugar de disminuir el texto, lo que habría reducido una barbaridad el tiempo necesario para dejarlos presentables, pero sacrificando en buena medida la armonía. El trabajo de Corey es tan bueno y nos gusta tanto que no hemos escatimado en nada.

Y por último, como ha señalado Víctor, desde el primer momento nos pareció que sus cómics formaban parte de esa especie de universo involuntario que, al mismo tiempo, pretendemos activamente crear, con iniciativas como por ejemplo publicar todos los meses un relato mensual, de entre los que nos envían los lectores, y formar una colección de textos que, siendo diferentes entre ellos, coincidan en hablar de lo que nos importa en nuestro tiempo, o en las cavilaciones de nuestra generación, etc. Cómics existenciales, siempre desde el respeto al trabajo original, contiene muchas expresiones con las que nos sentimos muy identificados, por usarlas en la vida diaria.

Y bueno, en realidad el ultimísimo factor fue Corey y su enorme amabilidad, confiando en unos editores a los que no conocía de nada y no habían editado un cómic en su vida. Tuve que ser muy convincente en el mail que le escribí, o quizá le di mucha pena, el caso es que todo fue muy rápido y enseguida llegamos a un acuerdo para ponernos en marcha.

¿Y de dónde viene el nombre de la editorial? ¿Es en alusión al filósofo alemán Max Stirner?

Adriano: Ésta es una pregunta que Víctor siempre odia. Lo cierto es que yo todavía no sé el porqué, así que le paso el marrón a él. En principio viene de Max Stirner, pero desconozco los matices. Siempre que hemos hablado del tema ha sido poco claro. Cuando estábamos pensando el nombre a mí no se me ocurría absolutamente nada, así que lo decidió unilateralmente. A mí me pareció bien, por supuesto. Me alegra que lo preguntes porque igual se desentraña el misterio.

Víctor: Stirner es el filósofo de la nada, del individuo que se erige en medio de la nada una vez han desaparecido la ilusión de la nación, la clase social, el Estado, el género. Sabemos que el egoísmo de Max Stirner es laberíntico, no conduce a ninguna parte, pero es un punto de partida para entregarse a algo apasionadamente. Eso somos nosotros, egoístas que quieren dejar de serlo. Esto nos lleva mucho más lejos, hacia Rimbaud, Kazantzakis, Céline, Miller, Kerouac, Tucker, Karim Benzema. Por eso, a veces, es mejor no responder, Stirner se capta mejor leyéndonos.

Una de las tiras

[Aquí los libros.

Y aquí el cómic]

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