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El loco mundo del libro. Palabra de librero (I)

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El loco mundo del libro. Palabra de librero

A finales del siglo pasado y principios de èste, todo iba bien en el mundo del libro. Para que entiendan que hablo con conocimiento de causa, aclaro que he estado en los dos lados del mapa editorial, previamente a ser librero pasé por el mundo comercial dentro de nuestra pequeña distribuidora familiar. En esa época las novedades estaban expuestas entre 30 y 60 días. Daba tiempo de sobra a que el librero se empapara de las mismas, tomara cariño a algunas y supiera qué y cómo venderlas. Curiosamente y en una pirueta inverosímil, la cantidad de ejemplares de novedad que llegaban a una librería era mayor en el 2003 que en el 2009. Pero la rotación de las mismas rondaba los 45 días en el 2003 frente a los escasos 20 en el 2009. Una explicación posible es que a principios de milenio las tiradas de los ejemplares de los grandes bestsellers duplicaban a las de hoy en día.

Hasta que llegó el 2008 y con él, Larsson y Falcones. No se recuerda desconocidos con tal índice de ventas en la historia de España. Arguiñano tenía su programa en la TV y su libro batió todos los récords, pero era un personaje más que público. J. K. Rowling ya venía de vender millones de libros en los países anglosajones. Y sonó la flauta. Y sonó en aquellos tiempos donde todos «vivíamos por encima de nuestras posibilidades». Al parecer, también leíamos, o comprábamos libros, por encima de las mismas.

Los grandes grupos editoriales nacionales (y los no tanto) comenzaron una vorágine de publicaciones para todos los públicos, de todos los colores. Llegamos al 2009 y al auge de la burbuja inmobiliaria. Burbuja que es también editorial. Las novedades no bestsellers se exponen 15 días. Las apuestas 30, como mucho. Para que os hagáis una idea: en mi librería en marzo de 2009, un mes goloso por la proximidad del día del libro, llegan solamente en novedades 452 títulos diferentes con un total de 1500 libros. 452 títulos en 31 días. Se dice pronto. La enorme bola estaba en movimiento y nada la podía hacer parar. Devoluciones que rozaban el 70%, catálogos de novedades infestados de poca calidad, editoriales con un prestigio tremendo con nuevos títulos que las hacían palidecer de vergüenza. El mayor problema que tienen los grandes grupos editorialese es que rozando ese 70% de devolución, no se pueden permitir parar de publicar a ese ritmo.

La ecuación es clara:

  1. En febrero coloco 1000 € y me devuelven 700€.
  2. Me lo pienso mejor y en marzo coloco 600 € (menos 700 € de la devolución de febrero) y me siguen devolviendo 420 €
  3. Un cálculo básico nos pone en abril con la cuenta en negativo… y no. ¿Solución? Sigo colocando de 1000 en 1000 y nunca deberé nada.

Este ejemplo es simple y poco exacto, pero ilustra a la perfección cómo están las cosas en el mundo del libro a fecha de hoy.

Mientras tanto, las pequeñas editoriales seguían publicando con más cabeza, apostando por clásicos desconocidos de autores a veces no tan desconocidos. No se hacían millonarias ni salían en bolsa, pero tampoco perdían dinero ni sus devoluciones estaban por las nubes.

Ese escaso 30% de lectores asiduos agradecía encontrar en las estanterías de su librería libros bien cuidados y textos desconocidos. Mientras que el librero sabía qué ofrecer al lector que quería ir un poco más allá de los bestsellers.

Debido a este desbarajuste en la edición se da el caso de que a demasiada oferta la demanda baja.

En todos los cursos que hay de vendedor cara al público hay una máxima que es no mostrar más de tres artículos al cliente, ya que a partir del cuarto su mente se confunde, se nubla y las posibilidades de que no se lleve nada aumentan demasiado. Así, las novedades, nuevas ediciones y refritos, hacen que el comprador de impulso dude entre una montaña de novedades o la que tiene al lado.

El cliente que compra por impulso o por recomendación del librero es el 70% de la gente que lee. Volviendo unos puntos más arriba, las dos opciones de elección tienen su riesgo: O bien se deja engatusar por la montaña más alta, que no siempre (que casi nunca) es la más recomendable, o bien no se deja convencer por el librero de que esa otra montaña más pequeña es mucho mejor.

La burbuja está en marcha y el factor que se ha de dar para pararla o reducirla es muy complicado en la tesitura económica y social de hoy en día: o se empieza a leer con asiduidad en un porcentaje superior al 60% o la burbuja acabará estallando.

1 Comentario

  1. […] leer la primera siguiendo este enlace […]

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