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En el baile de máscaras/Au bal masqué

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En el baile de máscaras, Hopper

En el baile de máscaras

c con las comisuras remontadas por el pintalabios hacia la alegría, hacia la mofa; los párpados rayados verticalmente por dos líneas rojas. Ridículo, está ridículo de payaso blanco, con ese collarín en acordeón que le aprieta el cuello. Es lo que siente y lo que percibe en la mirada de la pareja rígida de la otra mesa. Pero los ignora, cómo ignora a los dos compañeros que están sentados frente a él. Uno disfrazado de Monet, el otro de coronel de infantería. Acaba de encender un cigarrillo que deja consumirse entre sus labios. Sobre la mesa redonda contorneada por una cinta de latón, hay una jarra de agua en la que se reflejan farolillos de todos los colores. Su mirada se pierde en ella.

Emmanuel piensa de nuevo en el curso que ha dado esta tarde a su alumna preferida. No es que sea muy talentosa, pero es tan frágil, tan delicada, con su piel clara y su pelo castaño rojizo recogido dócilmente en la nuca. Lo emociona, lo conmueve en lo más profundo de su ser. No sabe por qué.

Durante la lección de piano, el tirante de su vestido rojo se ha deslizado hacia su brazo. Ignora qué ha ocurrido. Delicadamente, se lo ha vuelto a poner sobre el hombro. Con toda naturalidad. Como si no tuviera nada más que hacer. Ella ha girado la cara hacia él y le ha dicho gracias. Luego, ni palabras, ni notas. Solamente el silencio en sus ojos.

— Volvamos a empezar, si no le importa.
— ¿Qué compás?
— El tercero, por favor.

Cuando la ve descifrando el preludio de Chopin en mi menor, no oye sus torpezas, piensa en el sabor de un beso suyo si ella se lo diera. A veces, acaricia su muslo bajo el vestido, con el pensamiento únicamente. Sueña.

— ¿Pero qué coño haces? ¡Te estoy buscando desde hace rato!

No la ha visto llegar, con su vulgar delantera y su cara repintada.

— ¿Me oyes? Venga, ven a bailar.

Au bal masqué

Le visage enfariné, les lèvres coleur sang sur lesquelles le rouge à lèvres fait remonter les commissures vers la joie, vers la dérision ; les paupières barrées à la verticale par deux traits rouges. Ridicule, il est ridicule en clown blanc avec cette collerette en accordéon qui lui serre le cou. C’est ce qu’il sent et resent dans les regard du couple guindé à l’autre table. Mais il les ignore, comme il ignore ses deux compagnons assis face à lui. L’un déguisé en Monet, l’autre en colonel d’infanterie. Il vient d’allumer une cigarette qu’il laisse se consumer entre ses lèvres il. Sur la table ronde cerclée de laiton, il y a une carafe d’eau dans laquelle se reflétent des lapions de toutes les couleurs. Son regard s’y perd.

Emmanuelle repense au cours qu’il a donné cet après-midi à son élève préférée. Ce n’est pas qu’elle soit très douée, mais elle est si fragile, si gracile avec sa peau claire et ses cheveux auburn attachés sagement sur sa nuque. Elle l’émeut, elle le touche au plus profond de lui. Il ne sait pas pourquoi.

Pendant la leçon de piano, la bretelle de sa robe rouge à glissé sur son bras. Il ignore ce qui s’est passé. Délicatement, il l’a remise sur son épaule. Naturellement. Comme s’il n’y avait rien d’autre à faire. Il a retourné son visage vers lui et lui a dit merci. Puis, ni mots, ni notes. Seulement le silence dans leurs yeux.

— Reprenons si vous le voulez bien.
— Quelle mesure?
— La troisième, s’il vous plaît.

Quand il la voit déchiffrer le prelude de Chopin en mi mineur, il n’écoute pas ses maladresses, mais pense au goût de son baiser si elle lui en donnait un. Il lui arrive de caresser sa cuisse sous sa robe, par la pensée, seulement. Il rêve.

— Alors qu’est-ce que tu fous? Ça fait un moment que je te cherche!

Il ne l’a pas vue arriver avec sa poitrine vulgaire et son visage outrageusement maquillé.

— Tu m’entends? Allez, viens danser.


Este es uno de los cuadros de Hopper en Peindre / Pintar, que está disponible en la generosa red de librerías con que las que trabajamos. Si no ves en el mapa una que te quede a mano, pregúntanos: librerantes@librerantes.com

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