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En torno al verso libre. Pedro Provencio

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El diálogo entre el profesor y su única alumna en torno al verso libre

Este original libro es un aporte capital sobre uno de los puntos basales de la poesía moderna, el verso libre, aunque el autor sabe retrotraer cuidadosamente su presencia en poéticas más antiguas. Provencio es uno de los estudiosos más interesantes de la poesía contemporánea, si bien no de los más conocidos; creo que lo primero suyo que leí fue una guía didáctica de lectura tan completa que parecía otra cosa, Poesía española contemporánea (1939-1989), publicada por Akal en 1993. Un curso sobre verso libre está construido de un modo muy inteligente, como un diálogo entre el profesor de un curso libre y la única alumna matriculada en el mismo, sostenido durante tres  sesiones. Esta estrategia conversacional permite a Provencio un método mayéutico de exponer el conocimiento (menos vertical que el socrático), pero también un hábil medio de exponer las reticencias o alternativas al propio discurso, apuntando también mediante la oposición de ideas las posibilidades que podrían quedar fuera del mismo. Para Provencio, el verso libre busca «una lengua particular, un idiolecto» (p. 60). Tras aceptar, como la preceptiva clásica de la métrica, que es una excepción al régimen estrófico marcado por el poema, añade que un verso libre no debe ser contado o computado silábicamente de un modo que coincida con el número estricto de sonidos, tónicos o no, sino que «ni su número de sílabas ni sus combinaciones inevitables de tónicas o átonas son pertinentes: la fonética básica es la misma, porque se escribe en la misma lengua, pero la marca discursiva sobre la prosodia, no» (p. 27). Es, en consecuencia, un régimen de libertad que se debe a la concepción del poema, y no a la del verso común o más frecuente o regulador de ese poema.

Lo importante es que para Provencio, todo rigor proviene de la autoconsciencia (p. 15), y por ello una de las características del versolibrismo es precisamente su sana ruptura con el régimen general de versificación, evitando la musiquilla de la tradición mal leída; Álvaro García lo expresaba así en su ensayo Poesía sin estatua: «Siglos de endecasílabos […] han logrado que hoy casi cualquier escritor de versos pueda hacerlos de corrido como un balbuceo más de escritura no distanciada de su argumento, no sometida en el fondo a rigor, puesto que algunas formas métricas o estróficas están ya de sobra incorporadas al sistema de expresiones viciadas o de expresiones fijas. […] Para un oído familiarizado con la métrica, hacer versos medidos puede ser una forma de balbuceo academicista, algo así como una segunda piel del balbuceo expresivo del individuo». Siguiendo un patrón formalista, diríamos que el verso libre busca la desautomatización del discurso lírico, su reactivación como forma consciente alternativa, no sólo a la tradición, no sólo la expresión contemporánea, sino incluso alternativa a los otros versos del mismo poema en que está incluido. De un modo similar lo veía Pierre Bourdieu, analizando el campo literario francés del XIX: «[…] las luchas que se desarrollan en cada uno de los diferentes campos llevan a aislar poco a poco el principio esencial de lo que define propiamente cada arte y cada género, la ‘literalidad’, como dicen los formalistas rusos […]. Así por ejemplo, despojando la poesía, con el verso libre, de rasgos como la rima o el ritmo, la historia del campo sólo permite que subsista una especie de extracto de alta concentración (como en Francis Ponge) de las propiedades más idóneas para producir el efecto poético de desbanalización de las palabras y las cosas, la ostranenia de los formalistas rusos, sin recurrir a técnicas socialmente designadas como ‘poéticas’». Sin embargo, y esta es una de las aportaciones más interesantes del libro de Provencio, en la poesía clásica también hay algunos ejemplos de «extralimitación» (el libro apunta algunos de Garcilaso y Góngora, pp. 59 y 79), de lucha del significante contra el significado, de forma que el verso libre no nace contra la poesía clásica, sino aprovechando los recursos expresivos de una pequeña parte -la mejor- de la misma. Como aquélla, el verso libre no «desdibuja el metro», sino que «busca otro dibujo» (p. 80), dentro de una deliberada (p. 156) concepción de la poesía entendida como «prosodia imprevisible […] el arte de sobrepasar discursivamente los límites del discurso» (p. 85).

Continúa leyendo este contenido en el blog de Vicente Luis Mora.


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