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Enrique García Ballesteros, librero de Venir a cuento

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Si la librería Venir a cuento es «un espacio diferente», su librero, Enrique García Ballesteros, no lo es menos: historiador y periodista, ha hecho «de todo», dice, en el sector editorial. Escéptico convencido, descreído, pesimista, de vuelta de un montón de sitios, parece haber encontrado en su librería un lugar a su medida. No en vano ha cortado él mismo el patrón. No es casual, en fin, está medido, que esta charla sea la que inaugura la serie Conversaciones con gente de letras: no solo por lo bien que lo pasamos, sino también.

¿Por qué abres una librería? Pero dime la verdad.

La abro porque no sé qué hacer con mi vida…

Trabajaba en edición y corrección, en plan freelance. Había dejado hacía poco mi trabajo en una consultora, donde hacía de director de comunicación. Había ido alternando el trabajo de edición con el de comunicación; me despiden…

¿Qué hiciste para que te despidieran?

Soy una persona muy impertinente, como sabes. La consultora al final se hundió —claro, no me hacían caso [Risas aquí]—. Digamos que me despidieron a mí el primero; no me plegué a todo lo que imponían las empresas con la llegada de la crisis, y que en nuestro caso era una reducción de más de un 20% del salario. Por otra parte, tampoco he sido nunca de hacer mucha vida social tipo «Vente a comer a mi casa», etc. Era una empresa muy familiar, todos se tocaban algo, o casi todos, menos yo. El caso es que dije que no aceptaba la reducción y me despidieron.

Les denuncié por despido improcedente. Esto les pareció horripilante.

Así, me pasé un año en paro, dedicándome a corregir, editar, etc. Lo que había hecho siempre. Como fue en plena crisis (hablamos del 2011, 2012), apenas si salían trabajos, hazte una idea, y como tenía un dinero que había cobrado de unos textos que había escrito para unas instituciones, pensé en hacer algo con ello antes de gastármelo en subsistir. Y monté una librería.

¿Y tenías idea de lo que iba a suponer el dedicarte a esto o eras del tipo ingenuo romántico?

Creí que lo negativo iba a ser como en cualquier otro negocio. Pero no. Lo negativo de ser librero, aparte de que no deja de ser un negocio, con todo el montón de problemas que eso conlleva, es que tiene una cantidad de gestión que no tiene ningún otro negocio. Esto no me lo esperaba, no podía imaginármelo. Creí que estaba todo mucho más racionalizado. Y no. Llegas a un mundo donde un mismo libro lo llevan 10 distribuidoras y subdistribuidoras. Donde hay además unos pedidos mínimos. Tienes que hacer cábalas constantes. Es un sector, además, que funciona por inflación. Lo hemos hablado alguna vez: como no hay dinero, como no se venden libros, la única forma que tienen de recibir ingresos los editores es editando libros para que las distribuidoras les paguen. Cómo compensan si no los libros que han publicado y no se han vendido. Pues sacando otro. Así es como se genera una inflación de títulos y ejemplares. Porque sí, una distribuidora pequeña funciona con cien ejemplares, pero una grande funciona con mil, son los que necesita para moverse. Eso es el mercado del libro. Se editan diez veces más títulos de los que puede absorber el mercado, y probablemente también diez veces más ejemplares.

Para un librero el impacto directo que tiene todo esto es que te fríen a novedades. Los libros que pueden ser interesantes no están expuestos en la librería más de un mes. Menos a veces. A veces tienes que devolver el libro que te ha llegado la semana pasada para que quepa el de esta semana. Y a lo mejor es igual de interesante, o menos. Pero lo pueden pedir más porque acaba de salir. Es lo que yo llamo «La dictadura de la novedad». Si quieres tener una librería con fondo tienes que tener el fondo más todas las novedades, lo cual hace que el negocio siempre crezca exponencialmente. Puedes abrir una librería con dos mil títulos y al año siguiente tener cuatro mil, y al año siguiente ocho mil. Es una locura.

Así que o no tienes espacio, o no tienes stock… O no haces ni caso a lo que sale y según viene lo devuelves. Pero tienes que estar luchando para esto. Constantemente. Contra los comerciales, contra los distribuidores. Tienes que decirles que no. Porque ellos no entienden por qué no quieres su libro, que no es su libro: esta semana son otros dos mil [esto es una exageración; habla agobiado con este tema].

Y esta es, digamos, la parte negativa de ser librero. Y lo que ocurre ahora mismo es que la parte negativa te come la vida. Son muchas horas, ocho o diez horas de gestión diarias que no puede absorber una persona normal.

En este aspecto sí fui un poco ingenuo.

¿Por qué monté una librería? Trabajaba en consultoras de comunicación. Era un mundo que en ese momento se desmoronaba. Las empresas de ese tipo funcionaban con subvenciones y demás. El trabajo de periodista está muy mal visto también ahora mismo, y muy mal pagado. Sobran periodistas. No pagan ni siquiera el mínimo razonable.

¿Cuál es tu formación?

Historia Moderna y Contemporánea. Luego hice un máster en Derecho Constitucional y Ciencia Política, estudié tres años Ciencias Políticas. Hice también un máster de Comunicación y Ciencia Política… De propaganda, vamos. Esto lo hice en la Facultad de Periodismo. Hice el DEA, que es como la tesina, digamos, en Periodismo, en Historia de la Comunicación Social. Luego he hecho más másteres en audiovisual, etc. Mi formación es sobre todo en Historia y Comunicación. Y he trabajado sobre todo en comunicación, pero empresarial. Siempre ha seguido ligado a través de trabajos de redacción a la Historia. He trabajado también de negro. Me da lo mismo. Prefiero cobrar y no figurar, que la vida está muy mala.

Eso pasa mucho.

Cuando acabé la Universidad tenía una nota un poco raspona para becas. Es decir, tenía un notable alto, pero para beca estabas ahí ahí. Recibí una de doctorado, y la dejé porque era insuficiente. Me puse a trabajar. En una editorial.

¿Y qué tal esta experiencia?

Aprendí mucho, la verdad. Me despidió también. De la mitad de los trabajos me he ido yo y de la otra mitad me han despedido. Nunca por incompetente, eso tengo que decirlo. Siempre ha sido por impertinente. Que es verdad que lo he sido, y mucho. Recuerdo que trabajé en otra editorial donde teníamos tres horas para comer, jornada partida. Esas horas yo no podía aprovecharlas, no podía ir a ningún lado porque tardaba hora y media en ir a casa y volver. Entonces lo que hacía era quedarme y trabajar. Como soy de siempre impuntual, llegaba por sistema diez o quince minutos tarde todas las mañanas. Y no se les ocurrió otra cosa que descontarme los 42 minutos que había llegado tarde ese mes. Le dije a la mujer del dueño cuando me pasó el detalle que era una cutre salchichera. Y de esta no me despidieron, hablaron conmigo, la verdad, pero me fui yo porque empecé a dejar de tener trabajo. Esto ocurre mucho en puestos como el mío, en realidad. En la última consultora yo hacía de todo: diseño gráfico, páginas web, escribía discursos para asociaciones de vecinos… Ríete tú de Rajoy. Lo mío sí tiene mérito: que el presidente de la Asociación de vecinos de Villaverde Alto parezca inteligente en un discurso. Hacía también vídeos, reportajes fotográficos, cursos, guiones. No es que lo paguen, vaya. Tienes muchas funciones y nadie sabe a qué te dedicas. Es un trabajo que haces porque a tu jefe le han dicho que lo necesita, pero él no sabe muy bien por qué. Y decir esto es impertinente. «Mira, es que no tienes ni idea de a qué me dedico. No sabes lo que estás haciendo. Ni con la empresa, ni con los trabajadores…». Por eso la gente como yo acaba montando un negocio. Porque no nos aguanta nadie.

De forma natural, digamos, no soy un emprendedor. Soy una persona que no soy problemática, lo que pasa es que no me gusta que me toquen los cojones.

Y te digo una cosa, para mí el problema de este país no son los bancos, son las empresas. Son los que necesitan formación, los empresarios. Son unos gañanes en un 90%.

Pero son los que crean empleo, ¿no? Los que contratan a la gente

Sí, vale, pueden crear empleo. Lo que pasa es que quieren esclavos, gente sumisa. Y, sobre todo, ya digo, ellos no saben, es lo que le pasa a la mayoría de los empresarios en este país, que no son expertos ni en su propio negocio. Les falta formación empresarial.

En el número 2 de Ballena Blanca, Andrew Hoffman decía que en las Escuelas de negocio se enseña a ganar dinero, y que se debería enseñar a crear valor, incidir en la responsabilidad que van a asumir como empresarios con la gente, con el mundo en el que viven, la importancia que tendrán sus decisiones.

A mí han venido hasta cuatro personas diferentes para que les asesore sobre cómo montar una librería. Es gente, tú sabes, normalmente muy entusiasta. Gente que quiere montar una librería por razones equivocadas: porque les gustan los libros.

Como a ti. A ti te gustan los libros.

Sí, pero no la monté por eso. La monté para comer, porque no tenía más remedio, y porque sabía un poco del tema. Es una librería especializada. Llevaba casi cuatro años haciendo reseñas de libros infantiles, juveniles, álbumes ilustrados, etc. Y trabajando 15 años en edición, en producción editorial, en diseño editorial, en ventas. He hecho prácticamente de todo. Si de algún negocio conocía o sabía algo era este. Y, aun así, te das la hostia, porque llegas y hay cosas que no sabes, te das cuenta en seguida. La otra opción hubiera sido montar un bar, que es lo que hace todo el mundo y para lo que yo probablemente estaba más preparado… pero eso es otra historia.

La contamos otro día. Ahora llega gente para que les asesores sobre cómo es montar una librería, me dices.

Sí. Lo que hago es decirles las razones por las cuales no deben montar una librería. Que son normalmente las que ellas tienen para montarlas. Porque suelen ser mujeres las que quieren montar una librería infantil.

Hace poco vino una comercial, con su jefa de Barcelona. La editorial es Casals, que está haciendo algo muy inteligente: les preguntan a sus comerciales qué libros deben editar. Yo les he dicho que también deberían votar los libreros… aunque algunas veces, tras asistir a las reuniones de libreros, pienso que no, que mejor que no voten.

¿Por qué? 

Bueno, digamos que el mundo empresarial del libro está cortado por el mismo patrón que el resto.

El caso es que esta comercial llevó a su jefa por varias librerías, entre ellas la mía, y luego me contó que le había hecho un comentario sobre lo distintas que son las librerías infantiles (la mía no lo es, vaya) que llevan hombres. No nos volcamos en una librería estrictamente infantil. Muchas mujeres tienen esa ilusión, montar una librería infantil.

Tu librería no es infantil. Habría que ver si fuera infantil cómo sería. Tú aquí tienes muchos libros para adultos, nada que ver.

Sí que tiene que ver. Normalmente las mujeres montan librerías infantiles. Hay un perfil de especialización. En Madrid casi todas las llevan mujeres. Sé que es un comentario sexista, pero es que es así: muchas son libreras porque sus maridos trabajan.

Cuando vienen y me preguntan sobre cómo hacer lo primero que les digo es que necesitan cien mil euros.

Ya es dinero. ¿Cuánto te costó a ti?

Cincuenta mil. Comprar fondo, arreglar el local y aguantar el primer año. Aguantar el segundo me costó treinta mil. Vamos por la mitad del tercero y ya he perdido dinero. Así, que recomiendo cien mil.

Recuerdo una librería que abrió en una zona más pija cuando abrí yo, y cerró al año. En mi opinión cerró porque había cometido muchos de estos errores que te digo, le gustaban mucho los libros, ese fue el motivo para montar la librería. Me contaba que se había equivocado a la hora de pedir libros, grandes cantidades… Se dejaba aconsejar por los comerciales. Si te dejas aconsejar por ellos, si no marcas tú este criterio, si no eres estricto en esto, estás jodido. Y aun así, haciéndote enemigos, es difícil sacarla adelante.

Pero si las librerías trabajáis con depósitos.

No, eso ya ha pasado a la historia. Es decir, es con lo que yo me he encontrado. Las grandes distribuidoras marcan sus descuentos. No te va a dar otras condiciones, por ejemplo, porque sea para una biblioteca. Sí que entiendo que haya libreros que se hayan aprovechado de tener los depósitos, «me los dejas, los voy vendiendo, y no voy reponiéndolos». No es mi caso.

El problema de la edición, como en otros sectores en este país, es que hay mucha picaresca. La gente es inmoral en todos los ámbitos y en todos los grados.

Igual ha generado muchos problemas en el sector que la Comunidad de Madrid no pagara a los libreros, o que no supieran cuándo iban a pagar, que trabajen a crédito. Este tipo de cosas están hundiendo a las librerías, porque las editoriales, esa es otra, les hacen la competencia directa: van directamente a los colegios a hacerles un descuento mayor o similar al que te hacen a ti como librero. Todas esas prácticas hunden a las librerías. Este es el sector en el que trabajamos.

En depósito trabajan las editoriales pequeñas, directamente con las librerías. Porque dentro de una gran distribuidora desaparecerían. Les interesan que sus libros estén, que es la única posibilidad de que sus libros se vendan, de uno en uno, que es como se venden los libros.

Al final el librero tiene que hacer un esfuerzo que es uno de los peligros que tienen las librerías, una reinversión que es incalculable, realmente, porque tienes que ir comprando cada vez más fondo.

Entiendo que esto lo hacen las grandes distribuidoras en las pequeñas librerías. No me imagino a una distribuidora haciendo esto en librerías con un cierto peso e importancia.

Ahora es imposible trabajar con el fondo que tenían las librerías antes. Me contaba una librera de toda la vida de Madrid que hace ocho años tenía ocho empleados; facturaba un millón de euros al año. Me lo dijo el mismo año que yo había facturado 30.000.

¿La gente ha dejado de leer?

De comprar libros. La gente no se leía todos los libros que compraba. Eso de un lado. De otro, se han dejado de comprar porque no había dinero. En Francia no, pero en España una de las cosas prescindibles son los libros. No las cañas, los libros. Esto es así.

Y también que a estas librerías generalistas, digamos, les ha afectado la piratería en un momento determinado. Que no creo yo, como otros libreros, que este sea el gran problema del sector. Las cifras ya reflejan que se ha parado el tema del libro electrónico; ha sido una moda. La gente lee en papel. Lo que pasa es que no se lee mucho.

¿Qué hay que hacer para prosperar en este negocio, Enrique? ¿Cuál es el secreto?

Tengo la teoría de que puedes hacer las cosas bien e irte muy mal. Y hacer las cosas muy mal y que te vaya muy bien. Hay que ser autocrítico, creo que muchas empresas no lo son. Hay que apostar a largo plazo, apostar a medio plazo, creo, es un error.

Como sabes, he trabajado mucho en hostelería. ¿Qué es lo que he aprendido? A limpiar bien un baño, por ejemplo. Y a tratar con la gente. Más locos que en un bar no te encuentras en ningún otro sitio. Me ha enseñado, por ejemplo, que tienes que crear tu público. Esto es importante. Si tú dejas entrar a todo el mundo en tu bar, si desde el primer momento no echas a un determinado tipo de gente, y digo echar porque de un bar hay que echarlos literalmente, en otros negocios lo haces de otras maneras, al final no tienes el público que buscas. Pasa igual con los partidos políticos. A corto plazo, si no te impones en esto, tal vez consigas unos objetivos, pero a medio plazo ya la estás pifiando, y a largo plazo estás muerto. Para empezar porque no vas a tener el negocio que tú quieres, además de todos los problemas añadidos.

¿Cómo se traduce todo esto en una librería? Estás en un barrio y hay un tipo de público que no entra nunca en librerías, pero que te impone que tengas el último libro que ha sacado Planeta, Los pilares de la tierra, o no sé, cualquier otro, me da igual, Ruiz Zafón. Puedes dejarte la vida por tenerlo o puedes decir que no lo tienes, que se vayan a la FNAC. Esto último es por lo que yo he optado. Lo otro te supone estar mucho más vendido a la dictadura de la novedad. Y entonces no tienes ni espacio, ni tiempo. Para que una librería como la mía funcione —si funciona; ahora está muy difícil que funcione—, si tiene alguna posibilidad de sobrevivir es siendo diferente.

Desde que yo he abierto, hace tres años, en este barrio han cerrado dos librerías ya. Y otros libreros han dejado prácticamente de serlo, son más bar que librería.

4 Comentarios

  1. Luis A. Novella
    30 mayo, 2015 de 14:40 — Responder

    Enrique, eres un luchador… Exceptico y pesimista, como tu mismo dices, pero un luchador.
    No creas que en otros sectores esta mejor la cosa.
    Sigue con esa librería que prometo visitar pronto.

    Cuidate amigo.

  2. 1 junio, 2015 de 05:27 — Responder

    Bienvenida Raquel a la ‘apuesta personal’. Tan estupenda como siempre la entrevista.

    • 1 junio, 2015 de 07:55 — Responder

      Muchísimas gracias, Txetxu. Ya estoy preparando la próxima, por cierto… 🙂

  3. laura
    2 junio, 2015 de 21:03 — Responder

    Hay algo que este bien en el mundo Enrique?
    Hablas de autocrítica , la has hecho tù?
    De verdad crees que alguien que lo haga mal, le va a ir bien?
    Hay algo que no hayas hecho?
    No tengo una libreria, espero tenerla. Infantil , soy mujer y mi marido trabaja, eres un crack.
    Tu ejemplo me ha servido de mucho.
    A lo mejor tu problema, es que te falta definirte, no me ha quedado claro si tu libreria es infantil, generalista, si te ahogan las novedades o si pasas de ellas.

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