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Esencia y evolución del periodismo. Dos generaciones, dos puntos de vista

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La excusa siempre es un libro. La de hoy, Antolojía

En esta ocasión la convocatoria es en Meta librería. Joaquín María López, 29. Madrid. Siete y media de la tarde de un viernes 5 de Junio posterior al día del Corpus, que fue fiesta en Madrid, por lo que mucha gente había hecho puente; algo muy madrileño esto: salir escopetados hacia da casi que igual dónde en cuanto se tienen más de dos días libres. Nos preguntábamos si habríamos sido capaces de hacer llegar la convocatoria a un número de personas suficiente. Veremos luego que sí; apenas había sillas libres, solo tres en primera fila. Además, los asistentes fueron del tipo participativo, por lo que todo salió bien, nos hemos puesto buena nota.

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«Ante la desazón de saber que un reportaje al que se le ha dedicado tiempo no se va a leer tanto como una opinión incendiaria que has puesto en tu propia página web que ha escrito alguien en caliente sobre un hecho, y que está muy bien escrita, pero que entra en vena… Ante eso tienes que trabajar a largo plazo, lector a lector. No queda otra. Porque si dejas de publicar esa historia de contexto te estás haciendo un flaco favor a ti mismo como periodista y al medio para el que estás trabajando». Pablo Sierra, a colación de los comentarios que se hicieron sobre la prensa sensacionalista.

La idea era juntar a dos generaciones de periodistas para hablar de periodismo, de la profesión, de cómo ha ido cambiando la manera de entenderlo, si se ha desvirtuado tanto como se oye en algunos foros, de qué es lo que permanece, su esencia, y, si acaso, de qué se ha perdido. Tal vez se tocaron demasiados puntos; aquí vamos a intentar desgranar solo alguno, dar alguna pincelada, para no aburrirles y para que conozcan más sobre las iniciativas que se promueven desde esta casa, por la ilusión que le ponemos.

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Pregunta alguien si pasa igual en otros países, si la prensa es tan sensacionalista. Y Pablo Sierra hace un matiz: «Aquí no hay ningún periódico que se autodenomine sensacionalista, como ocurre en Gran Bretaña, por ejemplo. Esa es la diferencia. The sun está orgulloso de ser lo que es, no vende otra cosa».

Tras una acelerada y algo torpe presentación de los ponentes por parte de Raquel Blanco, toma la palabra Pablo Sierra, editor de negratinta. Es el periodista más joven de los tres. Abre el coloquio apuntando el primer cambio del que fue consciente nada más empezar a trabajar en el Diario de Ibiza, donde estuvo algo más de tres años: la precarización. «Ya se escuchaba en la facultad, a gente que había hecho periodismo y estaba empezando, que los sueldos y las oportunidades laborales no eran las mismas que hacía tal vez diez años, en los noventa; pero aún había esperanza de encontrar un trabajo por mil quinientos euros, mil… Era lo que te contaban que estaban cobrando los redactores de Radio Barcelona, Rac1,  de El País  de Cataluña, que eran los sitios de referencia donde la gente quería ir».

Pablo Sierra, Sara Acosta, negratinta, Ballena Blanca
«Nos hemos vuelto vagos. Hay que ver cómo hacemos para espabilarnos». Sara Acosta.

Sara Acosta, editora de Ballena Blanca, empezó en el año 96. «Y lo que hice es irme fuera de España». No encontraba trabajo, así que se fue a París. Se presentó en el periódico en el que había hecho las prácticas en Bruselas. Y es donde pudo empezar a trabajar. «A veces bromeábamos con otros compañeros freelance  cuando se hablaba de exiliados económicos: “¿seremos también nosotros?”. Tuvimos que irnos porque no había trabajo aquí. Y eso ha ido a peor». Da una cifra espeluznante: algunos medios nacionales pagan 20 euros por una entrada en un blog.

Ambos periodistas coinciden en apuntar hacia esta precariedad como la principal causa que ha propiciado el que surjan medios alternativos de calidad como los que ellos, junto con sus compañeros, han creado. Recuerda Sara cuando empezaron a eliminarse páginas de los diarios: «aún era más complicado dedicarse a esto. Llegó un momento en el que dijimos “o lo hacemos nosotros o no lo hace nadie”. Y es muy interesante y estimulante ver cómo hay un montón de gente con un montón de ganas de seguir trabajando en lo que le gusta. Porque cree que es necesario».

«Hay gente nueva muy valosa» contesta Alfonso a un comentario sobre si hay lugar en los grandes periódicos para nuevas firmas, «El Mundo acaba de contratar a Manuel Jabois. Pablo Simón también está en primera línea... »
«Hay gente nueva muy valiosa» contesta Alfonso a un comentario sobre si hay lugar en los grandes periódicos para nuevas firmas, «El Mundo acaba de contratar a Manuel Jabois. Pablo Simón también está en primera línea… »

Comienza su intervención Alfonso Armada, director de fronterad. Cuenta que le ha dado alguna vuelta a cómo hablar de este tema a un público ajeno a los entresijos y preocupaciones del oficio. «Lo digo porque yo he participado en muchos encuentros de este tipo, sobre la crisis, el mercado, el periodismo, etc. Y empiezo a estar un poco fatigado de vernos en el espejo y además de vernos con un aspecto poco agraciado, al estar siempre quejándonos».

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«Internet te permite estar en contacto con gente de todas partes que está haciendo cosas muy parecidas».

El más veterano de los ponentes de hoy lleva 32 años trabajando como periodista. «En España en concreto han pasado muchas cosas, y casi todas no buenas». Señala que los directores de los medios, «sobre todo los dueños», suelen hablar de una serie de crisis encadenadas para explicar la situación actual. En este sentido, echa en falta algo de autocrítica: «Hay muchos problemas encadenados, pero creo que uno de los más graves problemas de las empresas de los medios de comunicación en España tiene que ver con su propia naturaleza, con cómo se han movido en este sector. No es algo privativo de nuestro país, entiendo que en otros países ocurre lo mismo. Sí creo que en España los medios, en general, su vinculación con la ideología, ha sido demasiado estrecha. Y esta vinculación ha ido en demérito de los propios medios, aun cuando sea algo que los lectores quieran, un periódico donde encuentren lo que quieren leer». Apunta también hacia los vínculos demasiado estrechos con los anunciantes, «hace poco amanecimos con todos los principales periódicos de Madrid envueltos en un anuncio del Banco Santander», y hacia un abuso del autobombo, cómo se ha mentido sistemáticamente a la hora de dar cifras, como causas del descrédito generalizado de los medios de comunicación. «Todo esto tiene que ver con la mala relación de la prensa española con la verdad. Es el problema fundamental».

Otro problema, importantísimo, es la situación financiera del sector. Informes de pérdidas apabullantes por parte de todos los principales periódicos. «Si uno ve las cifras, mes tras mes, cada vez se venden menos periódicos. Los lectores han dejado de comprarlos. Nosotros nos hemos convertido en unos estupendos suicidas, regalamos lo que vendemos en los kioskos. Algunos periódicos vuelcan absolutamente todo». Así, las redacciones se han ido reduciendo, la calidad ha bajado. «Con lo cual, el futuro, para estos grandes medios, es poco halagüeño.

Periodismo en Meta librería
«La impresión que yo tengo«, dice alguien del público, «es que los directivos y dueños de periódicos viven ajenos a la realidad que de la que tienen que hablar sus periódicos, como en una burbuja, aislados. No se enteran».

En otra liga diferente, la de trabajar sin financiación ajena, están medios como fronterad, «absolutamente inviable económicamente, basada en dos principios antieconómicos (o muy económicos): la autoexplotación y el entusiasmo. Nadie vive de la revista y no creo que nadie vaya a vivir de la revista. Viviremos de cosas que hacemos en torno a ella: libros, ebooks, eventos…».

Alfonso acaba su intervención  mencionando el caso de El faro, un periódico de El Salvador, «el mejor periódico de Hispanoamérica. Lleva 17 años. Los siete primeros años estuvieron sin cobrar. Ahora es cuando han empezado a ganar algo de dinero, tienen una subvención de la Fundación Soros, sobre todo para investigar un espacio que se llama “sala negra”. Son 10 periodistas en la redacción; escriben de maravilla, muy humildes, muy valientes. Hacen una labor impecable. Un ejemplo para toda América Latina. Están empezando a publicar libros ahora». Hace unos días anunciaron que los periodistas que llevaban más tiempo iban a formar parte del accionariado. «No es que desde el punto de vista financiero sea la solución«, continúa Alfonso, «es complicado; hay más casos en América Latina, como Soho o Gatopardo, revistas con una cierta solvencia económica que también apuestan por este tipo de periodismo más explicativo, más profundo, más respetuoso con la verdad, un poco siguiendo la estela anglosajona, que creo que en España deberíamos retomar».

Se abre así el turno de preguntas, hasta que José Luis, el librero, nos recuerda que ha de cerrar. Recogemos alguno de los comentarios que hicieron los asistentes en los pies de foto que ilustran esta modesta y en absoluto exhaustiva crónica.

Armada
Para concluir, tras el coloquio, Alfonso Armada lee un poema de Adam Zagajewski. «Me tomo esta libertad porque soy el más viejo»

1 Comentario

  1. […] Podéis encontrar un estupendo artículo de Raquel Blanco sobre nuestra reunión aquí. […]

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