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La curiosidad como motor: Negratinta

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Con motivo de la publicación del número 4 de Negratinta. Cuba, el ocaso de la última utopía, hablamos, entre otras, del oficio de periodista con Pablo Sierra del Sol, uno de sus editores.

En la presentación de la revista que aparece en la web habláis de un «periodismo perdido» que pretendéis recuperar, ¿cómo era ese periodismo y cómo es el actual? ¿Por qué aquel era mejor?

Recuperar el periodismo perdido no es un simple ejercicio de nostalgia ni una manera de condenar a la hoguera el periodismo que se está haciendo actualmente. Este oficio tiene muchísimas caras, casi tantas como periodistas. No sé si aquel periodismo, el que se practicaba antes de las prisas de internet, era mejor o peor, pero quizás sí que estaba basado más en caminar, escuchar, hablar, analizar y explicar desde una mirada más narrativa. Ojo, muchas veces se cae en el error de engrandecer el pasado y lo cierto es que siempre ha habido amarillismo, desinformación y espectacularización en el periodismo. El problema al que nos enfrentamos ahora, tal vez, sea comunicarnos en medio del ruido mediático que sufrimos a diario. Ahí está la paradoja de los tiempos actuales. Desde mi punto de vista, la tecnología nos ha dado mil facilidades para comunicarnos con personas que viven en la otra punta del planeta al mismo tiempo que nos ha vuelto adictos al contenido que se genera segundo a segundo en internet y las redes sociales.

¿Cuándo y cómo se produjo ese cambio en el periodismo?

A la banalización del periodismo que han sufrido los grandes medios (y a la que se han apuntado otros medios digitales de menor tamaño que han aparecido en los últimos años) ha contribuido en gran medida la precarización de este oficio, uno de los más golpeados por la crisis. El momento exacto no sabría decírtelo, es más, no creo que lo haya, es un proceso largo, reflejo de los cambios que se han producido en sociedades como la española, cada vez menos industriales y más dedicadas al sector servicios. Las redacciones se han visto despojadas de veteranos, que muchas veces hacían de mentores para los periodistas jóvenes que entraban con ganas de comerse el mundo pero con poca idea sobre el oficio. Con el tiempo vas haciéndote tu propio manual de supervivencia porque este oficio puede ser muy perro y, si sabes leer y aprender de los veteranos, comprendes que no hay nada peor para una tarea tan subjetiva como el periodismo que las ganas de pontificar que tienen algunos. Como decía Josep Pla, es más difícil describir que opinar, por eso todo el mundo opina y casi nadie describe.

¿Por qué es necesario en la actualidad un periodismo como aquel?

El buen periodismo siempre es necesario; aunque parezca que nadie espera al otro lado para leer, ver o escuchar tus historias, hay que cavar trincheras para resistir al huracán de la inmediatez. Y sin ponernos tan trascendentes, el periodismo es un oficio que, a poco que puedas ganarte la vida con él y relativizar los sueños de grandeza y aventura en los que caemos muchos periodistas, puede permitirte disfrutar muchísimo si sabes conectar con el lado más íntimo de otras personas para contar historias que merece la pena que sean narradas.

¿Qué temas tratáis en la revista? ¿Cómo surgió la idea de hacer números monográficos? 

La revista es ecléctica. Contamos todo lo que nos interesa. Para hacer la revista en papel, la elección de los temas nace de las conversaciones que tenemos Hamed Enoichi y yo. La idea de hacer monográficos nació de manera casual. Abrimos la web un lunes, que caía en 14 de abril, y decidimos publicar durante esa semana temas relacionados con la II República. Esa semilla se trasladó luego al papel y los cuatro números que siguieron al cero, que sacamos en marzo de 2015, han tenido un dossier de cuarenta páginas alrededor de un tema en concreto. En el primero fueron los veinte años que han pasado desde la Guerra de Yugoslavia, en el segundo, la violencia que ha generado el narcotráfico en México, en el tercero, la huella invisible del Protectorado Español en el norte de Marruecos, y en el cuarto hablamos de Cuba tras la muerte de Fidel Castro y el final del bloqueo comercial de Estados Unidos.

Cada número habla de un país porque se concibe como un viaje a un lugar concreto en el que está sucediendo o ha sucedido algo que nos sirve como excusa para tocar múltiples temas. Porque, aunque parezca que el leitmotiv es la política, la guerra o el conflicto, en cada dossier aparecen crónicas de trasfondo literario, musical, social o deportivo. Esa es un poco la seña de identidad de la revista. Igual que le ocurre a la crónica, es difícil de definir porque tiene un poco de todo. El resto de artículos, entrevistas, viñetas, fotografías o cómic que aparecen en la revista van por el mismo camino. No están dirigidos a un público concreto sino a gente curiosa. La curiosidad de los lectores es el combustible que hace rodar este proyecto.

El objetivo de estas revistas que hemos editado en papel es que sus compradores las guarden como oro en paño. Hemos editado cada número con la mentalidad con la que se edita un libro, tocando temas atemporales con un estilo que pueda tener vigencia cuando se relea en unos años y ampliando la narración a través de la vista. La importancia que le damos a la imagen en Negratinta es fundamental para entender cómo están hechas las revistas en papel. Ninguna fotografía es comprada: todo el material visual que se publica es original, ya sea de Lorena Portero, nuestra editora gráfica, o del resto de fotógrafos e ilustradores que participan. A Untaltoni, el ilustrador de cabecera de la revista, le gusta citar a Man Ray: «Pinto lo que no puedo fotografiar y fotografío lo que no me apetece pintar». Más de una docena de artistas, fotógrafos, ilustradores y humoristas gráficos han aportado también un punto de vista muy particular para desarrollar las historias que hemos contado, que van desde un recorrido en autobús por las calles de Tánger, a una mirada sobre la biografía musical de Nacho Vegas, pasando por la crónica del fin de semana en el que dos amigos vieron las dos primeras temporadas de Twin Peaks encerrados en un refugio de montaña. Todo encajado con maestría por los diseñadores que han trabajado en el proyecto durante estos dos años, como Pau Kokura, Paloma Anso o Miguel Sánchez Lindo.

Sobre el último número, que se centra en Cuba, ¿cómo ha sido la investigación? ¿Habéis viajado hasta allí? ¿Habéis podido hablar con muchos cubanos?

Con el tema de los dossiers ocurre algo curioso. He estado en la antigua Yugoslavia y México de refilón, así que puedo decir que no conozco esos territorios. Tampoco he ido nunca a Cuba, y al norte de Marruecos viajé recientemente, un año después de haber impreso el número dedicado a esa zona. En cambio, los colaboradores que firman esos artículos (incluidos los prólogos que abren cada número, en los que hemos tenido como firmas invitadas a escritores y periodistas como Manuel Vilas, Pedro Simón o Juan Villoro) sí que han estado sobre el terreno o tenían alguna vinculación sentimental o familiar con el lugar/tema que íbamos a desarrollar. Algunos, directamente, escribían desde el lugar de los hechos. En el caso de Cuba ha ocurrido así. El modus operandi es sencillo. Los temas para hacer el dossier llevaban tiempo revoloteando en la cabeza. Hamed y yo decidíamos cuál iba a ser el siguiente monográfico. Hablábamos con los posibles colaboradores, muchos de ellos, asiduos a escribir en nuestra edición digital y, o bien proponíamos temas o enfoques que sabíamos o intuíamos que les podían interesar, o eran ellos mismos los que ofrecían un material concreto. Al contar con media docena de piezas relacionadas con el tema, en el caso de Cuba y el resto, que tocaran diferentes palos de la baraja y donde estuvieran representados varios géneros (crónica literaria o de viaje, opinión, entrevista, reportaje fotográfico…), dábamos el siguiente paso, que era componer todo ese periodismo en bruto dentro de un bloque diferenciado del resto de la revista a nivel de diseño. Todos los monográficos, además de ocupar la portada de la revista, con fotografías montadas por Lorena Portero o ilustraciones de Untaltoni, tenían un prólogo en forma de relato en la página 3, una portadilla interior a doble página y cuatro citas ilustradas de personajes relacionadas con el lugar sobre el que decidimos escribir.

¿Cómo nació Negratinta

La revista fue fruto de la casualidad. No se siguió ningún plan premeditado ni había objetivos claros. Simplemente nació a partir de cuatro conversaciones de bar de unos tipos que se conocían pero no eran amigos a los que les gustaba escribir y querían abrir un espacio propio para hacerlo. Y así empezó este invento.

¿Qué habéis aprendido desde entonces? ¿Os ha cambiado el paso del tiempo?

El paso del tiempo nos ha enseñado muchas cosas. El camino ha estado lleno de baches, pero hemos aprendido muchísimo. Estos tres años y medio editando la revista suponen un desgaste personal importante porque lo hemos hecho por amor al arte, sin ingresar un euro. Todo lo recaudado se ha reinvertido en el proyecto. Ahora estamos en un momento de repensar la revista y este otoño queremos relanzarla, usando como trampolín la edición digital, donde hemos conseguido bastante visibilidad para los medios con los que contamos.

Por último, tengo curiosidad sobre el subtítulo de la revista, ¿por qué mezclar periodismo y narrativa?

Porque el periodismo es literatura de no ficción y nos encanta despojarlo de esos corsés asépticos que le pusieron los gurús de la objetividad.


Todos los números de la revista Negratinta están disponibles en la generosa red de librerías con que las que trabajamos. Si no ves en el mapa una que te quede a mano, pregúntanos, que para eso estamos: librerantes@librerantes.com

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