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Maite Larrauri. «La filosofía no ha sido escrita para filósofos»

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Maite Larrauri el pasado 30 de mayo, firmando ejemplares en la caseta 260 de Sin Tarima, en la Feria del libro de Madrid 2015
Maite Larrauri el pasado 30 de mayo, firmando ejemplares en la caseta 260 de Sin Tarima, en la Feria del libro de Madrid 2015

Maite Larrauri (Valencia, 1950) fue durante más de treinta y cinco años profesora de filosofía en centros de enseñanza media, militó activamente en la oposición antifranquista e introdujo en España el feminismo italiano de la diferencia. Además de los incontables artículos que con su firma encontramos en revistas especializadas españolas y extranjeras (Archipiélago, Disenso, Cuadernos de Occidente, Rue Descartes, Via Dogana…), durante los noventa fue columnista de opinión del diario El País. Hoy, algunos, aunque esté sentada comiendo en una pequeña trattoria romana, ciudad en la que vive parte del año, la reconocen por sus apariciones en el programa de televisión española Para todos la 2 y se detienen a felicitarla por su labor divulgativa.

Los libros de fronterad edita ahora completa la colección Filosofía para profanos de la que Maite, junto al ilustrador Max, es autora.

Según Deleuze la filosofía no es contemplación sino creación y, como también expone Kundera en El telón, ello impone sobre los creadores la responsabilidad de bucear en las profundidades de la vida y salir con los ojos rojos por la reflexión. ¿Qué papel juega su serie Filosofía para profanos? ¿Se ve como el profesor loco que recitando a gritos a Gide y a Baudelaire hace que Deleuze deje de ser idiota a los 14 años, según su propio testimonio? 

Para mí esta serie abre la posibilidad de entrar en la filosofía sin que se alce un muro insalvable. Partí del presupuesto de que hoy en día no existe ni el tiempo ni la paciencia para que alguien interesado en cuestiones filosóficas pueda dedicar una parte de su vida a leer y descifrar libros intrincados. Es lo que he hecho, seleccionar un aspecto, una forma de entrar en los autores que ahorre mucho tiempo.

¿Qué le llevó a tomar la determinación de ser usted quien se encargara de una tarea semejante? 

No fue una determinación sino una historia. Hace muchísimos años, por lo menos veinte, me llamaron de una asociación de vecinos de un distrito popular de Valencia para que les diera una charla. Fue a raíz de unos artículos que había escrito en El País sobre la violación de mujeres en Bosnia. Dije que no, que ya había escrito sobre la violación y que no tenía intención de volver sobre eso. Yo no era una conferenciante ni mucho ni menos, era una profesora de filosofía que sólo había hablado en congresos de filosofía. Insistieron y acepté con la condición de hablar sobre lo que yo quisiera, y hablé sobre el patriarcado, sobre la Caja de Pandora. Lo hice pensando que se iban a desilusionar, pero no fue así, me volvieron a llamar. Eran casi todas mujeres, amas de casa, y no sabía lo que querían de mí. Aposté por una jugada fuerte: me fui con las tres primeras páginas del Qué es la ilustración de Kant, las distribuí y las expliqué, pensando que, ahora sí, iba a ser el punto y final. A la semana me llamaron para que al año siguiente les diera un curso entero. Empecé con el teatro griego, explicando algunos estereotipos, como Antígona. Inmediatamente ese grupo de mujeres adoptó el nombre y se desgajó de la asociación de vecinos, se independizaron como grupo de mujeres «Antígona», que todavía existe, y mantuvimos una relación que duró aproximadamente cuatro años en la que en cada curso yo trataba un tema: teatro griego, Virginia Woolf… Se fue llenando de gente; Bancaja financió el seminario. Pasamos de una asociación de vecinos a una sala con micrófonos, donde empecé a impartir un curso que se llamó «Filosofía para profanos».

¿De qué artista o literato contemporáneo diría que su obra está cerca de crear conceptos y de ser, por tanto, filosofía? Y, por el contrario, ¿a qué autor consagrado de hoy le recomendaría leer, por ejemplo, a Deleuze?

El músico crea afectos; un pintor, perceptos, y el filósofo, conceptos. Yo entiendo que el filosófico es un trabajo muy específico. Otra cosa es que puedas tener un acercamiento profano o que puedas apropiarte de algo. Lo que llama Deleuze la captura. Pone el ejemplo de Proust, pero no se podría decir que un artista plástico o un músico hagan un trabajo filosófico, sino que cogen alguna idea filosófica y la transforman en una creación más próxima a lo que es suyo. Todos hemos tenido la experiencia de leer un libro escrito por un pintor o por un músico, y no tiene la cualidad de un escrito filosófico, es muy difícil que pudiera tenerla. E igualmente ocurre al contrario: el filósofo que se pone a escribir novelas. Lo que no quiere decir que no haya una comunidad en la creación, una especie de envío y de rebote que te llega a ti; establecer que del concepto se puede llegar a que alguien piense y al pensar lo traduzca a su propio idioma, perceptos, afectos. Podría nombrar, pero supongo que cualquier gran creador ha debido tener esas conexiones con el mundo del pensamiento o cualquier gran filósofo creador ha tenido conexiones con el mundo del arte, de la música… Sería el caso de Deleuze, pero también el de Foucault, de Barthes… De hecho, los dibujos de Max no son sino un salto hacia otro tipo de cosas. Lo que él dibuja no es una idea sino lo que provoca una idea, o sea una percepción, un percepto, un dibujo.

Max también se pasó por la caseta 260 a firmar ejemplares.
Max también se pasó por la caseta 260 a firmar ejemplares.

¿Cómo fue el proceso creativo que compartisteis, entonces? 

Max no estudia libros de filosofía. Ha leído esta serie como un profano, dice que es mi primer profano. Lo que ha intentado ha sido ver de qué manera le inspiraban, para permitirse una expresión diferente. No hay una relación lineal y evidente entre lo que está dibujado y lo que está escrito.

Si la filosofía pop es a la filosofía lo que la música pop es a la música, ¿qué serían los libros de autoayuda y el coaching a la filosofía pop?

Yo pienso que los libros de autoayuda no tienen nada que ver con la filosofía. A lo mejor se enfada alguien si lo digo. No lo creo. Sucede lo siguiente: hay unas ciertas líneas de filosofía que son más vitales o que se han concebido como formas de vida, pero los consejos de estos libros que mencionas pecan de una gran superficialidad. Hemos de entender que cuando un filósofo antiguo optaba por una filosofía lo que hacía era algo muy semejante a lo que hacen los monjes cuando se meten en un monasterio. Renunciaban a sus vidas, a lo que tenían, y adoptaban totalmente una forma de vida distinta. No era un mero consejo.

Ciertamente tiene razón. Tratan del hábito, y aun así son casi una forma de devoción, constatable en el tamaño de la sección en muchas librerías. Una de las virtudes que captó mi atención desde el principio de Filosofía para profanos es que hace fácil, aprehensible, algo que más tarde va ir exigiendo pensar cada vez más. ¿Cree haber hallado un antídoto?

Lo del pop tiene que ver con otra cosa, tiene que ver con el movimiento. La filosofía pop, una expresión que a mí me gusta mucho, quiere decir: yo te lanzo una cosa y ese estímulo puede hacer que tú te muevas o que no te muevas. No es casual que Deleuze sea el primero en esta colección. Es su idea de filosofía la que yo he intentado llevar a cabo. Si lees a Simone Weil y te deja completamente frío y ninguna de sus frases te hace reflexionar o no deseas volver a leerla, si sus conceptos no te alcanzan –lo que es posible– puede suceder en el mismo marco en el que una música puede no gustarte y sin embargo hay otra que te hará mover los pies. Si te provoca movimiento, es el efecto de una filosofía pop. Sería una manera más de contradecir al coaching y a la autoayuda: aquí no se pretende, no se puede calcular si va a alcanzar a alguien. Deleuze decía: si te gusta sigue; si no, abandónalo. Abres un libro de Kant y dices: se me cae de las manos. Puede no ser el momento, puede que no seas tú quien tenga que leer ese libro. Afortunadamente la cultura occidental tiene un acervo de filósofos inmenso y, si no te gusta uno, puede gustarte otro. Ni aunque viviéramos trescientos años habríamos agotado todo lo que de la filosofía podemos aprender. Cuando la gente se dirige hacia los orientalismos es por desconocimiento. La filosofía occidental es tan espiritualista o más, y habla de la mente y de ejercicios espirituales con una ventaja: tú eres occidental y por tanto tú conectas.

Destalle de la solapa de El Deseo según Gilles Deleuze
Destalle de la solapa de El Deseo según Gilles Deleuze

La selección de filósofos…

Estos autores no suelen estar presentes en la enseñanza media. ¿Por qué no haces uno de Kant o de Descartes?, me dicen algunos profesores. No me resuenan. No se trata de favorecer la didáctica de la filosofía. ¿Quiero decir con esto que Kant o Wittgenstein no pueden mover y conectar con la realidad? Sí, pero yo no sabría hacerlo. Yo sé, cuando leo a los autores que he elegido para esta serie, que conectan con mi vida, y a través de ellos intento conectar con la vida de los otros. Esta serie tiene otra virtud: su brevedad. Te compras La guerra según Simone Weil y si en dos horas descubres que ni te va ni te viene, no has perdido más que esas dos horas. Si en cambio te llamara, si comenzaras a pensar en tus circunstancias a raíz de esta lectura, habrás tenido una puerta de entrada hacia la filosofía de Simone Weil. Te he salvado de diez años de estudio. Luego, si quieres, puedes seguir diez años más. Siempre lo pensé como un libro de bolsillo, algo que puedas llevar contigo y leer en un plis-plas y que, de inicio, no consuma toda tu atención.

Le hemos oído (y leído) decir que el portero, el más famoso pied noir, el filósofo Albert Camus, fue un hombre feliz. No sé si es una aseveración que pudiéramos hacer con seguridad muchos. Si un día, charlando, alguien le confesara a Deleuze que toma decisiones cómodas, que reconoce su territorio pero prefiere no moverse ni aventurarse más allá, que actúa en contra de su propia felicidad y en base al inmovilismo, ¿qué le respondería?

Un territorio se define como un vector para salir del territorio. Quiere decir: hay gente que entendería que el territorio es todo aquello que puedes limitar con una valla. Ésa sería una acepción de la palabra territorio que podríamos utilizar. «No invadas mi territorio», como quien dice: «No invadas mi intimidad». Sin embargo, Deleuze lo utiliza de otra manera. Normalmente pensaríamos en trazar una raya, en postes, en la linde de un campo. Eso lo llamaría un «límite contorno». Piensa, y eso se lo hizo pensar Bateson, que los límites de la vida no son «límite contorno» sino «límite tensión», y estos últimos equivalen al desarrollo de la potencia de cada ser vivo. El límite de una vaca es hasta donde le lleve su necesidad de comer. No tiene por qué ser, por tanto, el de la cerca que has puesto en derredor suyo. ¿Cuál es el límite de un bosque? A un bosque lo limita su propia potencia de crear árboles, podría terminar aquí o allá, pero es imposible que un contorno lo limite. Si una persona dijera o explicitara: «Yo no me muevo de este territorio, me mantengo en mi zona de confort», no podría referirse al territorio tal como lo describe Deleuze, se trataría de un límite contorno. El territorio de Deleuze es siempre movimiento.

Y entonces, ¿qué viaje emprendería hoy Maite Larrauri para salir de lo que hace desde eso que hace?

Cuando las cosas me salen bien ya estoy saliendo. Cuando he hecho estos libros, cuando he escrito para fronterad, cuando he dado un seminario. Eso tiene que ver con las cosas que sé hacer y soy capaz de hacer. Cuando te entra miedo y piensas que el mundo está en contra, es cuando entonces empiezas a limitarte en el territorio contorno y dices: no hay nada que hacer, el mundo es una mierda, para qué seguir. En Deleuze, como en Nietszche, prima la acción. Frente a la acción está siempre el que se queda más acá de la valla: para qué voy a escribir libros si este es un país de mierda donde nadie lee libros. Pero no dejaría de ser el comentario de un resentido. Para qué impulsar una revista como fronterad si aquí a nadie le va a interesar. El que hace, el que actúa, se ha dejado detrás todo tipo de resentimientos. Y actuar es siempre salir del territorio porque la acción es una creación, y la creación es que conectes con otras cosas de fuera. No hay salida de otra forma. La cuestión está en saber y tener claro que siempre va a consistir en una salida y una nueva entrada, te desterritorializas para volver a territorializarte. El mejor ejemplo es el de la Pantera Rosa: pintar la pared de rosa para pasar inadvertido, sales de ti mismo y pintas el mundo de rosa, tú eres mundo. Se acaba la desgracia, el resentimiento. Habría armonía, si pintáramos el mundo de rosa porque somos rosas.

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Son famosas las reticencias de Deleuze a la actitud totalizadora del psicoanálisis. Imagina al filósofo sentado frente al diván del cineasta neoyorquino durante unas horas, semana a semana, cuarenta años. ¿Qué películas habría acabado rodando Woody Allen?

No tengo ni idea. Pero fíjate que Félix Guattari es un psicoanalista, un psiquiatra. Del psicoanálisis hay una cosa que le revienta: que toda la acción y la interpretación de uno mismo tenga que ver siempre con el pasado. No lo puede entender porque entonces tú estás siempre reconstruyendo la historia de tu familia y no hay ningún elemento de futuro. Nada rompe el triángulo, no hay relación posible con otros mundos. Sólo con tu papá, tu mamá, etc. No sé qué película podría haber hecho Woody Allen pero se habría divertido mucho con Deleuze. A veces el judío hace de sí mismo la representación paródica de alguien tan torturado, tan limitado a estas cosas. Habría sido una película mucho más abierta, más creativa, más aventurera. En vez de ser una película familiar, habría sido… yo qué sé, cósmica.

Hablando de fronterad, ¿qué reportaje contra el ruido cree usted que desearía escribir Deleuze?

Era tan poco periodista Deleuze. Así como Foucault escribió en prensa y fue incluso reportero, él no se habría pronunciado. De hecho, para el espíritu del 68 Deleuze ha quedado como un pensador del movimiento, pero en la práctica no tuvo ninguna aproximación. Interrumpían su clase y él respondía: c’est pas mon désir. Se puede tener un pensamiento revolucionario sin participar directamente de la revolución. Y eso es lo que hacía Deleuze. Por ello, cualquier cosa que como el periodismo tenga que ver con el hoy, esté sujeto a la actualidad, para él no habría sido algo en lo que involucrarse. Ahora bien, como siempre ha estado muy interesado en las cuestiones de la locura y los límites, a través de Guattari, tal vez habría escrito un reportaje sobre la situación en que quedaban las personas que salían de los psiquiátricos o sobre qué nuevas relaciones han trabado los psiquiátricos con ellos. Sobre la vida de los locos. Foucault fue un activista, un filósofo activista; Deleuze, no. Deleuze es Sócrates.

¿Podría avanzarnos algo del próximo volumen de la colección Filosofía para profanos,que llegará a las librerías el próximo otoño: La creación según Bergson?

Hay un hilo de continuidad entre Deleuze y Bergson. A Deleuze le gustaba mucho Bergson, y hablamos además de la creación. Es un tanto más complejo, me temo, pero tiene pasajes subterráneos de comunicación con el libro de Deleuze. A Deleuze siempre le pareció muy interesante la narrativa anglosajona, le interesaron Virgina Woolf, Joyce… Siempre creyó que era mejor la narrativa anglosajona que la filosofía anglosajona. Me valgo de los ejemplos de Virginia Woolf para explicar la creación según Bergson, como hice con Deluze y en el colectivo de mujeres «Antígona».

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