Un corte de pelo

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Soy fuerte, tengo buen carácter, una inteligencia aguda y suelo gustar. Eso pensaba, ufana, paseando por la calle.

Aquel día, no sé cómo, me despisté. Cuando quise darme cuenta no veía a Miguel por ninguna parte. Me puse muy nerviosa. Empecé a dar vueltas, a recorrer todos los caminos habituales en nuestros paseos. Nada. Acabé buscando en lugares donde nunca habíamos estado. Como loca. Me agoté del todo, estaba exhausta. No sabía el tiempo que había transcurrido y no encontraba el camino de vuelta a casa. Iba de un lado a otro. No vi venir el coche. Fue lo que pasó: me metieron en un coche.

Cuando medio desperté me encontraba dolorida y sucia. Intenté moverme pero no me quedaban fuerzas; volví a desmayarme.

Al despertar, noté un olor agradable. Una mano amiga me rascaba, con cariño, detrás de las orejas y bajo el hocico. No sabía quién era, solo me sentía limpia y a salvo. Y me estaban cortando el pelo.


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