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¿Por qué viene a cuento? Jueves librerante, que ya toca. También sobre el amor; a quién no le ha pasado

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«Volaba como antiguamente: sabiendo hacia dónde»

No sé si les ha pasado, que les hayan roto el corazón alguna vez. A mí sí. Una vez y media. La vez entera quedó destrozado, y les voy a contar por qué, faltaría más, por si hay alguien tan cabezota como yo por aquel entonces al otro lado, y además me está leyendo: me pasó porque no quería que me pasara, me negaba a aceptarlo. Hacerlo suponía aceptar que no estaba en mi mano arreglar aquello, que no podía darle una solución de manera que tanto él como yo pudiéramos ser felices, estar bien, que es —me parece a mí— de lo que se trata. Qué mal lo pasé, qué mal lo hice todo. Ahora, cuando ya han pasado todos los años que tenían que pasar, cuando soy capaz de ver cómo me saboteé a mí misma, etc., me doy cuenta de que en aquella época, que fue bonita, al cabo, aprendía mucho, todos los días, vivíamos en un tercero sin ascensor, mi niña aún necesitaba su carrito al principio, lo recuerdo bien, aquellas escaleras, lo durísimo que se me puso el culo de subir y bajar con tanto peso; ya han pasado ocho, nueve años, también aprendí algo fundamental —que lo voy a escribir tal cual y como es tan obvio a ver cómo lo pongo para que quede trascendental, definitivo, meridiano—: hay que dejar en paz a quien no te quiere. Tal cual. Pueden ponerle luego el nombre que sea: a quien no te quiere; a quien no sabe si te quiere; o, mejor, mi preferido: huir como si se te llevaran los siete demonios siete de quien —te parece a ti— no sabe lo que quiere, «no estoy preparado para una relación (sana contigo, pero podemos seguir mareando la perdiz, porque no se está tan mal entre las sábanas, y a veces me siento solo, y hasta que aparezca otra que me merezca más confianza, que me dé no sé qué que tú no me das…»).

Con las librerías y el catálogo, que es a donde voy, pasa lo mismo. Podemos empeñarnos lo que queramos en mandar libros y libros de editoriales cuyos libros conocen nada más sus madres (estamos las madres siempre tan pendientes de todo) y sus mejores amigos, gastarnos lo que no tenemos en pagar el servicio de mensajería un mes sí y al otro también, enviar y recoger y vuelta a enviar y recoger ejemplares de títulos y títulos y más títulos a quien ni los quiere ni los mira bien. Marear y marear la perdiz, ese pájaro. Podemos hacer el tonto lo que queramos, en fin. Así no vamos a conseguir que nos quieran y sí todo lo contrario. Vamos a perder dinero. Tal vez incluso un poco de entusiasmo. Con lo caro que lo venden. Poco más. Porque si la librera, o el librero, ni conoce ni quiere ni malditas las ganas que tiene de saber, de conocer, abrir otra y otra caja más que a saber… estás, de facto, al enviarle todo ese papel, nada más contribuyendo a qué, ¿crees acaso que se van a vender tus libros así, solo porque es verdad que tienes un catálogo que da ganas de llorar de alegría por cómo se va armando, poco a poco, pasito a pasito…?

Y es que es por todo eso por lo que viene a cuento Librerantes, lo que quería contar hoy y volveré a contar a quien se venga el sábado que viene —Librería Venir a Cuento, Calle Embajadores, 29; aquí más, yo diré poquito—; «una distribuidora de libros atípica, única en su especie». Nuestro trabajo es ese: buscarles a los libros, a nuestros apreciados libros, un sitio que les merezca, donde nos los vayan a cuidar, a vender bien. No tenemos un regimiento de comerciales, señores que van a comisión con un catálogo que no se han leído, ni piensan. Inciso: qué pelmazos son algunos, ¿verdad? Ni podemos hacer regalos caros. Ni tenemos un novio en el Babelia. No tenemos, tampoco, servicio de novedades nada más que con unas poquitas librerías (a mí me gusta decir que trabajamos con las mejores, porque soy así de presumida. Bueno, y porque es verdad). Lo que sí tenemos, y en cantidades industriales, además, es muchas ganas de hacer bien las cosas, con pasión, y en la medida de nuestras posibilidades, porque también tenemos algo de sentido común. Y es ahí donde estamos. Más o menos. O lo intentamos.

Esta semana, decíamos en el título, recuperamos los jueves librerantes, entonces. Que llevábamos ya un tiempo que no nos poníamos a ello. Volvemos, en primer lugar, porque nos lo habéis pedido. Y, segundo, porque, a quién vamos a engañar: lo estábamos deseando. Cuenta aquí Lucía, que se está ocupando de organizarlo todo, la cosa. Sabina, Stirner y Principia.

Y qué más.

La pasada semana, el jueves, estuvimos en Enclave de libros. Editora, poeta y actriz presentaban el número 6 de la Colección Mínima de Sabina: Soy como el trueno / Sóc com el troY pasó una cosa muy bonita: se leyeron poemas en catalán, con un acento que yo no había oído hasta ahora… Os dejo el audio aquí:

Es muy interesante lo que cuenta la actriz Susana Caralt sobre las metáforas que usa Dodas, el ambiente rural, el acento, y el vocabulario, cómo algunas de las palabras tienen un significado que acaso solo alcancen a entender del todo los de allá. A partir del minuto 30. Me impresionó especialmente su acento, ya digo, cómo quedaban los poemas leídos en este catalán tan particular. No dejéis de escucharlo en un ratito que tengáis. Es precioso.

Aparte, quería añadir, por si el domingo pasado no hice aún suficientes amigos, os voy a decir algo, ya hablándoos de tú, como una madre: yo haría que bien el catalán, bien el gallego, euskera, valenciano, cualquiera de las otras lenguas oficiales, al menos una, fuera, a elección de los padres primero, del alumno después, cuando fuera ya algo mayor, asignatura obligatoria en las escuelas no solo de las Comunidades Autónomas que tienen lengua oficial propia. Conseguiríamos así dos cosas (bueno, son más, pero pongo solo dos, que otra vez me he puesto a escribir a la hora de la comida):

  1. Que pudieran competir quienes aprendieran este segundo idioma en igualdad de condiciones en los procesos de selección de funcionarios públicos de estas Comunidades Autónomas con lengua oficial propia, y
  2. Contribuir a mantener vivas estas lenguas, que son una riqueza. No me digáis que no.

Dejo también algunas fotos. Son vuestras. Qué acento más bonito. Había un montón de mujeres. Lo pasamos bien.

Primero, las editoras; Sabina editorial en pleno:

Luego, la poeta: 

En primer plano, la poeta María García Zambrano.

Y la actriz:

Susana Caralt, leyendo a Anna Dodas i Noguer. Nacieron en el mismo pueblo…

Parte del público:

Mujeres en la librería
Hubo un momento en el que sólo estábamos nosotras, los hombres llegarían luego

Y el libro:

9788494703317 Por tada de Soy como el trueno / Sóc com el tro

Gracias…

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