Inicio»Gente de letras»«Que mi propio trabajo sea militancia, sea activismo». Viviana, librera de Traficantes de sueños

«Que mi propio trabajo sea militancia, sea activismo». Viviana, librera de Traficantes de sueños

15
Compartidos
Pinterest Google+
Rescatamos de la hemeroteca la conversación con la librera del espeacio que nos acoge este domingo para la presentación de De esto no se habla, flamante último libro de las Contintas, no solo por lo bien que lo pasamos, sino también.

Retomamos donde lo dejamos la serie sobre librerías y sus gentes. Fotógrafo y redactora nos acercamos para charlar con la librera Viviana hasta Trafiantes de sueños (en la calle Duque de alba, cerquita del mercado de la cebada, Tirso de Molina), una de las librerías con más personalidad de la capital, con un fondo —también nos referimos a los libros aquí— claro, contundente, generoso. Hablamos durante casi dos horas de cómo hacer que una librería funcione, de este proyecto en particular, de la importancia de las personas, de cómo los libros y la gente, si se pone, pueden transformar el mundo, convertirlo en un lugar mejor, nada menos. También de cómo hacer para ser mujer y madre y no acabar como una regadera. Ya veréis que se nos nota lo bien que lo pasamos. Esto es fundamental.

LIBRERIA-3

Cómo surge todo esto, Viviana.

Traficantes es una apuesta política y empresarial. Intentamos equilibrar y combinar las dos cosas desde su inicio. En los orígenes de nuestro proyecto está el utilizar el libro como herramienta para la transformación de un mundo injusto, con muchas desigualdades que cada vez crecen más.

Las personas que componemos el proyecto somos personas que teníamos —que tenemos— una militancia, un activismo en los movimientos sociales. Lleva en marcha 20 años. Sitúate, entonces: movimiento de ocupación, insumisión… En esa época los movimientos sociales, la autonomía, producen materiales. Estos materiales, en sus inicios, son fanzines y música (cassettes). Y grabaciones y autoproducciones. Ocurría que había proyectos muy parecidos a nivel estatal. Pensamos que tenía que haber una comunicación, un intercambio entre el fanzine que se saca en Barcelona y el que se saca en Madrid. La idea original es ésa. La de intercambio; mover, digamos, de manera alternativa, entre estos distintos proyectos primos hermanos, los materiales que producen unos y otros. Y al cabo del tiempo, de manera natural, surge la idea de introducir en esos canales el libro. Se da un paso más.

¿Qué edad tenías entonces?

Ahora tengo 50 años… Ponte que tenía unos 30. Yo no estaba en el inicio. Fueron los compañeros los que se plantearon el acercar esos libros que permiten entender el mundo, profundizar en las críticas que se estaban haciendo para tener espacios de referencia, de encuentro, de discusión, donde el libro sea una herramienta para toda esa reflexión. Así empieza Traficantes. Va muy unido todo.

Además, se trata de no vender tu fuerza de trabajo al mundo capitalista al que estás criticando, sino intentar de alguna manera ser coherente con ese pensamiento y decir: «Voy a invertir mi fuerza de trabajo en esa transformación que quiero del mundo. Y lo voy a hacer a través del libro, usándolo como herramienta para esa transformación». Luego había que ver si era posible profesionalizarse, tener una renta para no tener de esta manera que vender la propia fuerza de trabajo al capital. Que mi propio trabajo sea militancia, sea activismo.

¿Quiénes estaban en los inicios?

Tres personas: David, Fernán y Nacho. En este primer momento yo no estaba.

¿Cuántos sois ahora? ¿Quién sigue de los primeros?

David y Fernán siguen. Nacho ha seguido otros caminos. Ahora somos once personas.

Se empieza de manera muy precaria, con una librería en un primer piso, en Hortaleza. Fue también una cesión por parte de gente anarquista, gente que tenía en mente la idea de retomar lo que eran los ateneos de antes de la Guerra Civil, un espacio de encuentro y formación de la clase obrera. Nos ceden una sala, una habitación donde se monta la librería.

Imagínate, era una primera planta. Si ya es difícil entrar en una librería… Esto era un piso, una casa a la que había que acceder subiendo unas escaleras, llamar a una puerta. Es decir, visibilidad muy escasa, casi nula. La gente no va por la calle y ve tu librería. Tiene que saber que estás y tiene que subir a tu librería.

Luego se va desarrollando el proyecto. Es un proceso de acumulación. Pensamos que también podíamos producir esos libros, trabajar no sólo los libros que en ese momento el mercado te ofrecía, estimular la producción y creación dentro del propio proyecto. Es así como surge la editorial. Y luego, para que esos materiales se puedan mover a nivel estatal, surge una distribuidora alternativa. De manera que tenemos ya tres equipos: librería, editorial y distribuidora. Más adelante nos planteamos que el proyecto necesitaba de una labor de comunicación. Y montamos un taller de diseño que hace los trabajos que necesita el grupo (tarjetas, marcapáginas, catálogo…). Bajo el paraguas de Traficantes de sueños se empezaron a desarrollar varios equipos de trabajo, entonces, que están relacionados.

Además, y como consecuencia del cambio que hace ya cinco o seis años, tal vez algo más, empieza a sufrir la Universidad, que deja de ser ese espacio de investigación, independiente, autónomo, para pasar a ser un espacio donde las empresas privadas entran a diseñar el trabajo, incluso los planes de estudio; un espacio orientado a la formación, a la salida laboral. Es cuando vemos que se empieza a poner en cuestión, por ejemplo, para qué sirve la filosofía, qué aplicación práctica tiene. Bueno, a ver, lo que hace la filosofía es construirte el cerebro, enseñarte a pensar, a ser crítico, a reflexionar. ¿Aplicación práctica? Pues toda. Tal vez no para encontrar, puntualmente, una salida laboral, sirve para algo mucho más complejo.

Y este proceso no sólo pasa aquí, también se produce en Europa. Es cuando nos planteamos que también tendríamos que montar un espacio de aprendizaje para los activistas y los militantes. Sobre todo, dirigido a ellos, pero en realidad para cualquiera con una inquietud en este sentido. Y así ya tenemos los cinco equipos. A través de la formación tienes, digamos, un mapa, una brújula para situarte en esos cambios que se están produciendo. Nos centramos en lo que interesa a los movimientos sociales, al feminismo. A la lucha contra cómo se está enfocando el tema de la inmigración, el tema de África. También las redes sociales.

De ahí el nombre de Nociones comunes. Son ideas que nos van a permitir abarcar, comprender y posicionarnos y luchar contra esas cuestiones que no nos gustan.

LIBRERIA-4

Todo esto en relación a la vertiente política, digamos. ¿Y la empresarial? ¿Cómo conseguís la viabilidad económica del proyecto? ¿Qué forma jurídica le dais al principio, por ejemplo?

Es una asociación cultural. Al principio todo es muy precario. Tenemos poco capital. Y cuando hay poco capital lo que se necesita es autoexplotación, trabajar mucho en condiciones muy precarias. Así te puedes hacer con un fondo de libros. También se nos ocurre una manera colaborativa para que la gente pueda participar en el proyecto.

Somos una librería asociativa. Esto quiere decir que tiene socios. Los socios son personas que tienen un compromiso de compra mensual o bimensual. Es un compromiso para un año, durante el cual ingresan 30 euros, un adelanto sobre futuras compras. Esto nos permite dos cosas, fundamentalmente. De un lado, nos permite tener una relación regular y duradera en el tiempo con estas personas que son socios, les vemos con regularidad. De otro lado, supone una cierta seguridad económica. Si tenemos, imagina, 60 socios, ahí ya tenemos un dinero para planificar unas compras. No dependemos entonces tanto de lo que se va a vender.

Son 30 euros bimensuales. 15 euros al mes.

Eso es.

Gente que simpatiza y abre una cuenta en la librería, por así decir.

Efectivamente. Esto nos permite organizarnos, hacer compras de libros. Y encima es gente que te apoya y con la que también puedes intercambiar conocimiento. Al tener una regularidad tú generas confianza. Eso va en los dos sentidos. El conocimiento no está sólo en la librera, se crea una relación, una confianza, un intercambio con el público que viene, con los que participan. Un intercambio de conocimiento.

Existe una comunidad importante en torno a Traficantes de sueños desde el inicio.

Sí. Desde el inicio. Nos situamos dentro de los movimientos sociales y éstos nos reconocen. Somos parte de. Es también una apuesta dentro de nuestro colectivo de crear algo estable como espacio de referencia. Puesto que venimos del movimiento de ocupación a lo mejor duras un mes, o un año… es frágil. En un tiempo pueden haberte desalojado. En este sentido, Traficantes es un proyecto estable, que se mantiene y que no va a desaparecer. .

Lo primero fue profesionalizarse. Esto es muy importante. Porque somos muy activistas, muy militantes, estamos interesados en el mundo del libro, pero si tú tienes que dar un servicio tienes que equipararte a lo que hay en el mercado, no tienes que ser peor. Si alguien te encarga un libro ese libro ha de llegar. Tienes que tener una continuidad, una regularidad a la hora de abrir el espacio, de tener los materiales, de generar discusión…

Teníamos también que intentar tener buenas condiciones laborales, y a medida que pasa el tiempo eso se va fortaleciendo. Al principio, ya te decía, trabajamos en condiciones muy precarias. Con el paso del tiempo, a medida que el proyecto se va asentando, podemos tener mejores condiciones laborales. En este momento todos tenemos un contrato de trabajo. Además, para mantener la igualdad dentro del colectivo, todos cobramos lo mismo por las mismas horas de trabajo. Es indiferente que estés en el taller de diseño, en la editorial o en la librería. Cobramos lo mismo.

¿No hay una jerarquía?

Hay una antigüedad. Yo llevo ya quince años. Otros llevan tres. No es una jerarquía de mando, es una jerarquía de antigüedad, de experiencia. Un conocimiento que adquieres con los años. Redes, relaciones. Vas construyendo.

Y las nuevas tecnologías.

Sí. Imagínate; antes estábamos con fichitas de libros. Es un mundo que ha cambiado un montón. Programas de gestión, ordenadores… Facilitan el trabajo. Si pensamos en el trabajo del librero hace 20 años poco tiene que ver. Sí que tiene que ver en el sentido de lo que es el libro físicamente. Pero las maneras de trabajar sí que han cambiado. Ahora tenemos los metadatos, las páginas web. Se ha dado un paso de gigante. Y hay que adaptarse.

Para ser competitivos, claro.

Claro. Y saber buscar un equilibrio, hacer apuestas que no te van a dar un rendimiento económico y otras que sí. Las personas que están trabajando han de poder obtener una renta para poder vivir. En este momento, después de 20 años de proyecto y de varios cambios de espacios físicos de la librería, podemos decir que lo hemos conseguido.

Vimos que era viable, y que necesitábamos tener un espacio más asequible, más neutro, que la gente te pudiera encontrar. En lugar de hacer que la gente viniera a nosotros, que nosotros fuéramos a la gente, poder llegar nosotros a ellos y no al revés.

LIBRERIA-6

Antes de aquí, después del piso de la Calle Hortaleza, estábamos en Embajadores, pero en un pasaje comercial, algo escondidos. Había también que ir a buscarnos. Y la gente, es lo habitual, para entrar en una librería tiene que ver lo que hay detrás.

Tengo que decir que hemos podido ir haciendo todos estos cambios porque nos apoyamos en la economía social y solidaria. Puesto que tenemos un proyecto crítico, cuando decidimos cambiar de local nos preguntamos quién podía prestarnos el dinero. La banca convencional no iba a ser. Es la economía solidaria, la que pone en primer lugar a las personas la que nos da formación económica y nos presta el dinero para dar estos pasos.

Aquí había que hacer una reforma. Nos presta el dinero Coop57.Es una herramienta financiera para la economía social y solidaria. En ese cruce entre proyecto político y proyecto empresarial la economía solidaria es el otro puntal que nos ha permitido crecer. Sin esta financiación lo hubiéramos tenido francamente difícil para acometer las reformas de los diferentes locales.

También estamos muy relacionados con el software libre. Por supuesto, se pagan los derechos de autor, se paga al autor. Pero se considera el conocimiento como un bien común, que pertenece a la sociedad, a todos. El conocimiento, en general, no es una creación al margen de donde estás, de tu cultura. El autor está situado en una época, en un lugar. El conocimiento es riqueza común, de la ciudadanía. Por eso, cuando creamos la editorial, en vez de reservar todos los derechos liberamos derechos para el público. Hacemos una apuesta: la editorial tiene que poder sobrevivir con la venta de los libros en papel. Pero date cuenta de que tenemos una lengua en común con América Latina. Por eso te puedes descolgar el pdf. Que no sea por una cuestión económica por la cual tú no puedas acceder al conocimiento.

En la base está el deseo de que no sean sólo las clases altas las que puedan tener acceso a la cultura. Que esto no tenga por qué ser así. Y esto se consigue liberando los derechos.

Esto es interesante porque hay quienes achacan, en parte, a la existencia de estos contenidos libres el que se vendan menos libros en papel.

Cuando montamos la editorial y contamos esto nos auguraron un gran fracaso. Nos dijeron que no duraríamos ni un año, ni dos. Ya llevamos casi diez años. Es viable. Lo hemos demostrado.

¿Se pueden descargar todos los libros de Traficantes de manera gratuita?

Sí. A los pocos días de la publicación en papel puedes ir a la web y descargártelo. De esta manera lo que hemos conseguido, en realidad, es generar una comunidad que nos apoya. Si algún mejicano o argentino que ha tenido acceso a nuestros libros viene a Madrid, se pasa por la librería. Nos quiere conocer.

Son personas, además, que consumen libros para leerlos.

Sí. No se trata de un ocio rápido de consumir y tirar.

El que todo el mundo pueda acceder a los contenidos lo que hace es ampliarlos. La editorial obtiene su renta de sus libros en papel. Se pueden seguir publicando libros. Y con los pdfs que están a disposición del público de manera gratuita lo que se consigue es una comunidad que apoye.

¿Y qué publica Traficantes?

A medida que se va desarrollando la editorial vamos desarrollando distintas colecciones: Mapas, Útiles, Movimiento e Historia. El pasado nos permite construir el presente. El conocimiento de las luchas del pasado nos conduce a mejorar las que tenemos. Por eso la colección Historia. Para tener puntales sólidos sobre los que apoyarte.

La colección Movimiento está pensada para darle voz a las luchas concretas que se han desarrollado en el Estado. Luchas de sin papeles, luchas de feministas. Que sean ellos y ellas las que cuenten su historia. En primera persona. No es lo mismo contar la historia desde abajo que desde arriba. Un autor de Kenia, Chinua Achebe, decía «También el león debe tener quien cuente su historia. No sólo el cazador».

Luego, para situarse en este mundo, hace falta tener un mapa para ver dónde estás. Y el Útil, la cuarta colección, sería la brújula, la herramienta que te va a permitir transformar ese mapa.

Publicáis fundamentalmente ensayo.

Sí. Con esas cuatro colecciones. Tratamos de cubrir las necesidades de los activistas y militantes.

LIBRERIA-5 COLOR

El cambiaros a este local a pie de calle, y además en este barrio, habrá supuesto una apertura a otra comunidad o comunidades diferentes a la vuestra.

Totalmente. Es lo que te decía antes. El proyecto estaba equilibrado, pero era frágil. Este local, muy visible, con escaparate a la calle, lo que nos ha permitido es conseguir llegar a la gente, no tener que esperar a que la gente nos encuentre o llegue a nosotros. Es un público muy diferente al de nuestra comunidad. Si una persona que no nos conoce entra y me pide una recomendación, y lo hace sobre un tema sobre el que hay ya una gran producción de los grupos editoriales más grandes, yo aquí puedo hacerle llegar a libros diferentes, libros que no están tan disponibles, tan a la vista. Podemos acercar materiales más desconocidos.

Mantenemos la comunidad de nuestros inicios, lo que estamos haciendo es ampliarla.

¿Y qué tipo de libros son los que no se pueden encontrar en esta librería?

Pues no vamos a tener libros fascistas, por ejemplo. Como nuestra identidad viene marcada por ese situarse en el movimiento antiglogalización, en el movimiento feminista, de ocupación, digamos que esos son los libros que queremos poner en valor.

Somos de izquierdas. Aunque este término ya se queda corto. Somos críticos. Entonces, puedes ser crítico desde muchos ángulos. Como los libros son millones, y tú tienes un espacio finito en la librería, haces una selección. Esta selección, en nuestro caso, está orientada a fortalecer el conocimiento de los movimientos sociales. Un libro que tenga una mirada machista, racista… no tiene cabida en la librería. Teniendo en cuenta el espacio que tienes. Si tuviéramos 20 plantas, pues tal vez tendrían cabida libros que pudieran tener otra orientación. No somos el Corte Inglés, no somos la FNAC. No tienes más remedio que posicionarte.

Pero es complicado en relación a los libros machistas, cómo hacer esa criba.

Bueno, son unos márgenes entre los que procuras moverte. Todas las novelas que tengo en la librería no me las he leído. No puedo saber en muchos casos. Se trata de establecer un marco.

Por ejemplo, por poner alguno, no vamos a tener aquí libros publicados por Aznar, por la fundación FAES. Ésos no son los libros que vas a encontrar aquí. Tampoco libros muy técnicos. Hemos hecho una selección. Cuál es mi identidad, ésa es la pregunta de la que partimos. El fondo ha de ser coherente, entonces, con la respuesta. Somos críticos con el pensamiento único. Así, aquí tienen cabida todos los libros que ayuden a desmontar ese pensamiento único.

El librero es un abre caminos.

Casi que acaban de daros un premio. ¿Cómo lo lleváis, qué supone para vosotros?

Es un reconocimiento. Cuando empezamos nos dijeron: «Una librería de izquierdas. No vais a durar ni un asalto». O la que decíamos antes: «Una editorial que publica con licencias libres. No va a durar ni cinco meses». Es, entonces, un reconocimiento a esas ideas precursoras, innovadoras, que han tenido éxito, que se han podido mantener a lo largo del tiempo, que no han desaparecido.

Es una apuesta hacia un espacio crítico donde se puede discutir de una multitud de temas, a través del libro, y también a través de la proyección de un documental que puedan proyectar unas compañeras y compañeros en el local. Es un reconocimiento a todo eso. A una manera, también, no jerarquizada, no piramidal, de tomar decisiones. Nuestra estructura es asamblearia, ya te decía. Y todos cobramos lo mismo. Cada equipo de trabajo es autónomo, tiene su propia reunión de trabajo, su propio grupo. Y luego todos tenemos una reunión semanal. Es un espacio de comunicación interno, y de discusión no solamente de las líneas que vamos a seguir, por ejemplo, la de la cultura libre, que atraviesa cada una de las patas de Traficantes, sino también un espacio de puesta en común, de propuestas, de analizar la coyuntura en la que nos encontramos. Todo eso es la asamblea.

¿Quién da el premio?

El Ministerio de Cultura y el gremio del libro. Es el gremio el que hace la entrega física y el que se pone en contacto contigo, el que publica las bases para el concurso y las librerías se presentan.

Es además un reconocimiento con dinero. Está dotado con nueve mil euros. Un dinero que siempre viene muy bien.

Aparte del reconocimiento y aparte del dinero, supone una promoción importante. Se ha notado después del premio, gente que nos ha conocido gracias a esto.

LIBRERIA-1

Cómo es la práctica del funcionamiento asambleario de un negocio, en este caso una librería. Me refiero a la toma de decisiones, sobre todo.

Cada equipo es autónomo. La librería, para ver qué libros van a entrar y ver qué presentaciones se van a hacer, no se tiene que juntar con todos.

En la librería estamos Blas, Carolina, Julia, Óscar y yo. Es el equipo de trabajo más numeroso.

Tomar una decisión entre cinco ya parece complicado.

Son las decisiones trasversales, las que afectan a todo el proyecto, las que se discuten en la asamblea. La librería tiene la suya propia. Nosotros nos juntamos los martes después de comer. La hacemos aquí, en el bar. La podemos hacer donde queramos. El hecho es hablar. Y las decisiones, en general, no se toman por votación, se toman por consenso. Si no, se sigue discutiendo.

Entiendo que es posible por la afinidad dentro del grupo

Claro. Tiene que haberla. Son dos temas distintos, e igualmente importantes. Para estar aquí tienes que ser profesional, conocer el mundo del libro, lo cual es fácilmente cuantificable. Luego hay que tener una afinidad, un cierto conocimiento, una sensibilidad. Por eso cuando buscamos a alguien solemos buscar dentro de la comunidad. Contar la historia de Traficantes, hacer una síntesis de estos veinte años, no es algo fácil. No tenemos un manual, ni un libro que cuente esta historia. Valoramos cuál es su militancia, sus intereses políticos.

También es importante una sintonía personal. Qué tal nos entendemos, cómo nos llevamos. Es complicado. Se puede contar la historia del colectivo, pero es complejo.

Cuando entra alguien nuevo lo que hacemos es ponerle un padrino o madrina. Una persona que le ponga al día, que sea su referencia y le vaya formando hasta que se complete un proceso que le permita desarrollarse profesionalmente dentro de la librería.

¿Y el horario?

Trabajamos unas ocho horas al día. Pero es flexible. Tenemos por aquí el rastro.

El domingo abrimos, luego estamos solicitados, como somos activistas, para que vayamos con libros a muchos encuentros, jornadas… Intentamos, eso sí, compatibilizar lo máximo posible nuestra vida personal y laboral. Hay un principio de flexiblidad. Cuando alguien necesita algo, se le cubre.

Óscar, por ejemplo, entra a las siete y media. Hay un montón de trabajo dentro de la librería para el que no hace falta estar de cara al público, incluso es inconveniente. Yo tengo una hija, tengo que estar por las tardes en casa, tener tiempo de calidad para estar con ella.

LIBRERIA-2

¿Cómo lo haces? Para no volverte loca ni hacerlo todo mal, digo. Eres madre y además te apasiona tu trabajo.

Supone estresarse mucho.

Las nuevas tecnologías, por un lado, han estado muy bien. Pero tienes que ir a una velocidad… que es imposible. Hay quien te escribe un correo a las ocho de la mañana y te está llamando a las pocas horas para ver por qué no has contestado. Es una locura. Claro que he visto tu correo, pero necesito pensarlo, reflexionar sobre lo que me dices. No es algo automático.

Es una tensión continua entre la agilidad y la rapidez que puedes dar y la necesidad de tomarte tiempo para pensar. Acabas resintiéndote físicamente. Hay que saber gestionar esa tensión.

Unas veces lo llevas mejor y otras peor.

Tal vez las mujeres tenemos mucho que aprender de los hombres en este sentido. Aprender a pasar, a no tener que solucionarlo todo nosotras. Hemos asumido roles masculinos, tareas que tradicionalmente desempeñaban los hombres, sin desprendernos de las femeninas. De manera que nos resulta más difícil hacernos con esa paz necesaria, por ejemplo, para crear. Porque estamos desbordadas.

El rol de las mujeres a través de la historia ha sido sobre todo el cuidado y la reproducción de la vida. Entonces, cuando estás cuidando y reproduciendo, es como dices, no puedes aislarte, tienes que estar en continua comunicación, en continua conexión. La mujer, además, como es la dadora de vida en ese proceso de mantenimiento de la vida, sobre todo de la gente menuda, tiene que estar todo el rato atenta a lo que le está rodeando. Por esa misma razón, socialmente, culturalmente, nos han preparado para estar siempre en relación, atentas. El cuidado es esa conexión, esa capacidad de no estar solamente en lo tuyo, sino también en lo de los demás. Es algo que tenemos muy interiorizado.

Es muy difícil tener un tiempo para la reflexión, para crear, como tú dices, sin atender a lo que sabes que necesita atención, porque estás conectada permanentemente, te dices que no puedes estar sólo pendiente de tus necesidades, que tienes que ocuparte de lo que te rodea, de los que necesitan tu atención y tus cuidados. Esa capacidad, en realidad, es un valor, te hace ser sensible a lo que está pasando, te permite responder. No eres capaz de cerrar los ojos y hacer como si nada, te afecta tanto que no puedes seguir trabajando en lo tuyo, te tienes que ocupar.

No lo ves como algo negativo.

No. Al contrario. Estás mucho más relacionada. Y eso también es valor. Porque la relación va en los dos sentidos.

Hace poco lo leíamos en la prensa, se hicieron eco los principales periódicos: Las empresas con más mujeres al mando son más rentables

Y que esa manera de ver al intelectual, al que produce pensamiento en una urna transparente, como alguien al que nada le afecta, que está por encima, o aparte… Así tenemos el mundo que tenemos. Podemos ser depredadores, pensar que el mundo es infinito, voy a explotar los recursos naturales, no comprender que para el mantenimiento de la vida es importante un cuidado. Nosotras tenemos que aprender de esa capacidad de producción y de creación de pensamiento en el aislamiento, pero siempre conectados con nuestro entorno. Porque es esa falta de conexión la que ha llevado a la sociedad a donde está ahora mismo. Los ricos son más ricos y los pobres son más pobres porque a los ricos les da exactamente lo mismo lo que pasa a su alrededor. No están conectados. Si fueran un poquito más permeables a lo que está pasando ahora lo mismo se planteaban lo que están haciendo. Y ahí creo que las mujeres jugamos un papel importante. Tienen que aprender de nosotras en este sentido.

El mundo será mejor si es feminista, si tiene en cuenta el cuidado y la reproducción de la vida. Esto es muy importante. Es algo más trascendente que el alimentar o cuidar a niños y ancianos: es el respeto hacia la naturaleza, los bosques, los animales, la contaminación de los ríos, la contaminación atmosférica…

La visión feminista haría este mundo un mundo mejor. Las mujeres estamos acostumbradas a solventar conflictos de otra forma, no iniciamos guerras, lo hacemos de otra manera, buscamos otros caminos. En su tradición la mujer crea vida, no la destruye. Busca salidas diferentes a la de la fuerza bruta.

Vamos a acabar, Viviana: ¿qué es lo mejor de ser librera?

Lo que más me gusta es el libro físicamente. Cogerlo, poder olerlo, poder pasar las páginas. Sobre todo, porque pienso que el libro, aparte de que puede transformar el mundo, abre tu mente, te permite viajar sin moverte de tu sitio. Te permite conocer África, otros lugares. Al mismo tiempo que te permite aislarte de lo que te rodea, te permite cruzar un puente. Es el conocimiento que me da sobre otras cuestiones, sobre otros temas. El conocimiento en su sentido más amplio: conocer otros lugares, otras culturas, otra forma de pensar, otra música, otras maneras de hacer.

¿Y qué es lo que lees? ¿Qué te gusta más?

Mi pasión es la novela negra. Y la narrativa africana. La primera porque la maldad no está solamente en el género humano, sino que la maldad es una cuestión de desigualdad social. Y la novela negra cuenta esto de una forma diferente. El ensayo ha de ser riguroso. A través de una novela, como es ficción, como es un invento, imaginación, se puede contar todo esto de una manera más amena, acercar la realidad de otra forma.

Y África, ese continente tan cercano. Los árabes han estado aquí durante siete siglos y parece que se encuentren a años luz. En este momento, en el que el pensamiento occidental ha arrasado con todo, es el único pensamiento científico, el único pensamiento que nos permite aprender y comprender el mundo, me parece que hay que prestar atención a otras historias, a otras maneras de mirar el mundo. África, digamos, para mí es casi la cuna de la civilización. Porque nuestra cultura, el capitalismo en sus inicios, se basa en la exclavitud de esos tres millones de personas que hemos sacado del continente para ponerlos a trabajar. Pienso que para que nuestro mundo pueda cambiar tenemos que tener claro que nuestros valores occidentales no son los únicos, los verdaderos.

Nos tendrás que recomendar algún libro

Dominique Manotti. Es una escritora francesa, mujer sindicalista. Las novelas que he leído suyas, por ejemplo sobre el tema de la inmigración, cuenta a través de unos trabajadores del textil en la ciudad de París todo un submundo que está invisibilizado.

Y autores africanos. Yasmina Khadra. A través de la novela negra cuenta la guerra fratricida que ha tenido lugar en Argel. Antonio Lozano, que es un profesor de instituto que ha vivido mucho tiempo en Tánger. También escribe novela negra que cuenta el continente africano.

Pues ya me voy, Viviana. Me gusta mucho vuestra librería, podéis hacer tantas cosas.

Claro. Sólo hace falta un poco de dinero y ganas. Empezamos con un micrófono, menos aún. Y ahora, imagínate, Nociones comunes lo puede escuchar cualquiera en cualquier parte del mundo. El curso Qué hay detrás del amor ha tenido muchísimo éxito. Un montón de mujeres, también hombres, que se han interesado sobre la cuestión del amor romántico...

Hablas con tanta pasión. Es importante disfrutar de lo que se hace.

Eso es.


Las fotografías que ilustran este perfil son de Manu Granadero @ManuJhy


 

 

3 Comentarios

  1. […] Fuente original: «Que mi propio trabajo sea militancia, sea activismo». Viviana, librera de Traficantes de sueños …. […]

  2. Maria teresa viñas
    23 mayo, 2016 de 08:38 — Responder

    Cuanto me gustó leer la entrevista!
    Cuanto me gusta ver que otro mundo es posible a través de ti!

    • Librerante
      23 mayo, 2016 de 09:23 — Responder

      Gracias, Teresa. Agradecemos el entusiasmo 🙂

Dejar una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *