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¿Por qué loca?

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Una reina de leyenda

Juana I de Castilla, de Aragón, de Nápoles, de Sicilia, de Navarra, de las Indias y de las Islas y Tierra Firme del Mar Océano (1478-1555), fue la primera reina (o rey) de España y la más poderosa de su época. Es también la más conocida de la historia de la Península Ibérica, tanto que hay quien se acuerda de ella más que de su madre, la famosa Isabel I de Castilla, llamada la Católica. Pero no la recuerdan ni por su nombre ni por su enorme obra política sino por un terrible apodo, muy difundido desde mediados del siglo XIX, y por una inquietante e incierta pasión erótica.

El apodo terrible es el de «la Loca». Es un apodo que a las mujeres nos es atribuido con cierta facilidad para esconder un poco el miedo que da a algunos hombres nuestra originalidad, inteligencia, poder, fecundidad, amor y autoridad. Juana I tuvo mucho de todo esto y, además, le tocó vivir en una Europa que se estaba volviendo más y más hostil a las mujeres y al sentido libre de lo femenino.

El poder masculino le estaba ganando terreno a la autoridad femenina, preparando así la sociedad para el imperialismo moderno. Pero la reina Juana I no era imperialista ni fue tampoco una monarca absoluta, sino que tuvo sus propias ideas sobre el gobernar, ideas más propias de mujeres que de hombres y que valían y valen para los dos sexos.

El apodo injusto lo hicieron famoso en Europa algunos escritores y artistas del Romanticismo que tuvieron mucha influencia a mediados del siglo XIX. Utilizaron para difundirlo sobre todo el teatro, la pintura y la ópera. Fue su manera de intervenir en la política sexual para oponerse a la mucha (y temida) libertad femenina que había en su tiempo tanto en Europa como en América. El siglo XIX destaca por las numerosas y grandes artistas, políticas y escritoras de lo femenino libre que hubo en las diversas lenguas y culturas de Occidente; destaca también porque se difundieron más que antes los matrimonios entre mujeres, matrimonios leales y legales fundados en el amor, la convivencia y la comunidad de bienes; y destaca por los avances del sufragismo y del feminismo. Por eso, una reina tan poderosa y original como Juana estorbaba al patriarcado, que quiso borrarla de la historia universal y de la genealogía femenina, evitando que inspirara a las mujeres de entonces. Y hay que decir que casi lo consiguió.

Se montó así la leyenda de la «locura» de la reina Juana. Para que tocara mucho el sentir de la gente y, de este modo, resultara más convincente y difícil de olvidar, esta leyenda fue mezclada con otra, más antigua, que es la de la pasión sexual desaforada de Juana, cuando era una jovencísima archiduquesa de Austria, por su marido, el débil, juerguista e infiel archiduque Felipe de Austria (1478-1506). Felipe es conocido ahora con el apodo de «el Hermoso», pero en su tiempo llevaba otro, el de croit conseil, que significa que se dejaba aconsejar más de la cuenta por sus hombres de confianza.

La leyenda de la pasión desaforada de Juana por su marido es de principios del siglo XVI. Parece que nació en Castilla, entre los asesores flamencos de Felipe el Hermoso, en un contexto político complicadísimo y muy violento para Juana, que acababa de ser reconocida sucesora a los tronos de Castilla y de Aragón y estaba embarazada por cuarta vez en pocos años. Felipe el Hermoso quería ser él el sucesor porque era hombre; de modo que, enfadado, decidió abandonar Castilla y regresar a Flandes. Pero no convenía dar la impresión de que había desacuerdo entre Juana y Felipe, porque esto podía debilitar a la monarquía y afectar a la salud y a la nueva maternidad de Juana.

La leyenda de la «locura» fue combinada con la de la pasión sexual y, así, como «locura de amor», ha prevalecido sobre la historia verdadera hasta nuestro tiempo. Todavía hoy podemos ver de vez en cuando obras de arte o representaciones teatrales o de danza que llevan ese título. Y de «locura de amor» hablan casi todos los libros de historia que mencionan a la reina Juana, generalmente con un grado de estupidez que produce vergüenza ajena. Testimonio de su basta y vasta falsedad es el uso en la leyenda contra la reina Juana de la figura de Dido, la gran reina fenicia de Cartago que, según la obra de un ensalzado poeta latino, se suicidó, loca de amor, cuando Eneas la abandonó para seguir su proyecto viril de fundar Roma; pero ocurre que Dido ni siquiera tuvo el gusto de conocer a este fantaseado aventurero, siendo como fue muy anterior a él y a la fundación de Roma.

¿Por qué estas leyendas? Sucede a veces en la Historia que se cometen delitos colectivos tan terribles que no se pueden ni recordar ni tampoco olvidar. Resultan tan insoportables que han de quedar en la memoria convertidos en otra cosa, una cosa a un tiempo preciosa y horrenda que los vela y desvela. Quedan así a la espera de ser rescatados y redimidos en un mundo nuevo capaz por fin de comprenderlos y de ponerlos en palabras verdaderas que hagan justicia. El delito cometido contra la reina Juana I fue uno de ellos, uno que ahora podemos rescatar y redimir para que deje de pesar gravemente sobre nuestra memoria, nuestra historia y nuestro presente común.

Fue un delito típico del patriarcado del siglo XVI. Consistió en utilizar toda la violencia posible para despojar de hecho, aunque no de derecho, a Juana I, reina propietaria de Castilla, de Aragón, de Nápoles, de Sicilia, de Navarra, de las Indias y de las Islas y Tierra Firme del Mar Océano, del ejercicio libre de su poder y gobierno porque era mujer, reemplazándola por tres hombres conjurados en el proyecto patriarcal moderno: su marido Felipe el Hermoso, su padre Fernando el Católico y su hijo Carlos I de España y V de Alemania. Si la reina Juana enfermó, enfermaría de miedo, como ha sugerido la historiadora Bethany Aram. Es sospechoso que las primeras referencias documentales a su «enfermedad» no aparecieran hasta 1503, cuando se convirtió, inesperadamente, en heredera de los tronos de su madre y de su padre. El desposeimiento de Juana I dio inicio a lo que ha sido llamado, por Ruth El Saffar, «la supresión de lo femenino de la cultura occidental».


Este es el primer capítulo de La Reina Juana I de España, mal llamada La Loca, la nueva entrega de la colección Una historia verdadera de Sabina Editorial. Está disponible en la generosa red de librerías con que las que trabajamos. Si no ves en el mapa una que te quede a mano, pregúntanos: librerantes@librerantes.com

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