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«Se diría que tiene claro lo que hará con su tiempo, con su vida…»

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La lámpara arroja un brillo peculiar sobre el lomo de una hilera de libros. Su luz es limitada y el resto de los estantes quedan en una penumbra que permite ver sus siluetas como figuras desdibujadas, un poco fantasmales. Suena el aire en los radiadores que no se han purgado desde hace tiempo. No hay música, salvo la de las gotas de lluvia golpeando los cristales, con una regularidad extraña.

Cuando el timbre suena, un sobresalto. No espera a nadie. No hay respuesta en el telefonillo y no abre. Vuelve a sonar. Sin saber por qué, esta vez pulsa el botón. Escucha unos pasos en el patio de acceso pero no ha tenido tiempo de ver quién es. Nadie llama a su puerta y supone que se trata de alguna visita a otro vecino o de alguien que olvidó sus llaves. Vuelve a la lectura, algo molesta por la interrupción.

La historia no la envuelve, no se puede sumergir en ella. Alguien le recomendó esta novela y sospecha que se precipitó una vez más al pensar en una afinidad que en sí le apetece, que le resulta gratificante. Su mente empieza a dispersarse. Aunque sigue mirando la página está reflexionando, no lee.

Piensa en esas  fotos que no sabe dónde están, que es absurdo porque no hay tanto espacio en el que buscarlas. Ha encontrado un montón de imágenes de lugares en los que ahora no sabría decir cuándo estuvo, de sitios concretos a los que ya no podría asociar un nombre, aunque le encantara estar allí, recorrerlos, respirarlos. ¿Cuántas veces decidió que en cada viaje ordenaría esas fotografías y escribiría los detalles? Siente vergüenza de esa desidia que parece controlarla, que ella consiente, ¿por qué? Buena pregunta.

Vuelve a buscarlas. Ha encontrado unas imágenes que tienen, como poco, 30 años… y observa a aquella mujer. Es joven y parece seria, decidida, se diría que tiene claro lo que hará con su tiempo, con su vida, que le sabrá sacar el mayor provecho, que puede hacerlo sin duda.

Le sorprende esa sonrisa, mejor dicho, esas sonrisas en esa colección de imágenes, que de pronto le parece que son tan sinceras como limitadas, como si ya tuviera algún peso sobre ella, algo que la impidiera estar absoluta, enteramente disfrutando, siendo tan joven. Han pasado tantos años y sigue sin saber.


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