Inicio»Gente de letras»Conversaciones»«Si hubiera querido abrir un puticlub hubiera sido más fácil». Judith, librera de Intempestivos (Segovia)

«Si hubiera querido abrir un puticlub hubiera sido más fácil». Judith, librera de Intempestivos (Segovia)

29
Compartidos
Pinterest Google+

05092015-_MG_1321

¿Y cómo ha ido este primer año, Judith? ¿Ha sido complicado?

Si hubiéramos abierto un puticlub hubiera sido mucho más fácil. Porque habrían sabido qué era, qué reglas había, a qué atenerse. En cambio, una librería-café… No había ninguna. En La Granja sí hay un par, Ícaro y Farinelli. Aquí, en Segovia, ninguna. Cuando fuimos a urbanismo a contarles el proyecto: «¿Pero es un bar?». Y nosotros «No es un bar, es una librería, con un complemento, un añadido…» «¿Pero va a haber pinchos?». «No, no va a haber pinchos…». Les parecía demencial. Nos decía el señor «Esto que os habéis inventado…». Hay librerías como ésta a montones. Y este hombre ni idea. No comprendía nada.

De manera que, a la hora de darnos los permisos, nos trataron como bar. Tuvimos que poner una insonorización al local carísima. Podrían venir los Rolling Stones a tocar sin problemas. Gran parte de la inversión en libros que teníamos prevista se nos fue en esto. Imagínate.

¿Y cómo acabáis aquí?

Yo vivía en Barcelona. Iba a Laie, me encanta esa librería. Solía decir que cuando fuera mayor y me tocara la lotería abriría una Librería-café. No me tocó. Lo que nos tocó fue un ERE. A Jesús lo despidieron. Y fue el momento, decidimos invertir lo que le dieron en esto, con la ayuda de su hermano. Se lo llevó casi todo la obra, claro. Medio metro de hormigón, cuarenta centímetros de pareces, medio metro de techo… No teníamos previsto el tener que preparar así el local. Algo de obra sí queríamos hacer, el sitio es privilegiado, ya lo ves. Pero fue una locura la obra. Eso sí, ahora se está muy bien, la acústica es genial. No reverbera. Cuando vino Peridis –nos juntaríamos cuarenta o cincuenta personas– la gente hablaba y se estaba bien. Hemos también tenido un par de conciertos. Hay que buscar el lado positivo.

De manera que el dinero para el fondo que teníamos se redujo a la mitad. Es cierto que estoy vinculada al mundo de la edición desde hace años. Y muchos editores intercedieron, y los distribuidores, sin conocernos de nada, nos dejaros buenos depósitos.

¿Cuál es tu vinculación con el mundo editorial? Cuéntanos. No eres de aquí.

Soy de Barcelona. Viví allí 29 años. Filóloga. Por azares de la vida empecé a trabajar en Seix Barral. Mi primer trabajo, en realidad, fue en Espasa, de comercial de libros de texto. Un horror. Y luego ya pasé a Seix Barral, primero como lectora, luego como ayudante del editor, y finalmente como secretaria de Pere Gimferrer. Fue una experiencia para recordar. Y tras esto me quedé en el paro, estaba haciendo una sustitución por baja laboral. La señora volvió. Y un amigo periodista me metió en la tele. Estuve trabajando ocho años como redactora. Hasta que un día me levanté, trabajaba con Cristina Tárrega, y me fui. Ya estaba en Madrid. Fue cuando conocí a Jesús, él trabajaba en Telemadrid. Ése fue el megaERE que nos trajo aquí.

Cuando dejé la televisión hice un máster de edición. Hubiera querido hacerlo en Barcelona, y no lo hice porque empecé a trabajar, pensé que no era necesario; gran error. A parir de ahí empecé a corregir, que es lo que a mí me gusta. El trabajo de mesa es lo que me apasiona. Me encanta leerme el libro antes que nadie.

Oye, pero es curioso, no sé si te ha pasado a ti: te llega un texto, lo reescribes… ¡y el autor no se da cuenta! Al contrario, lo hace suyo.

Son más tocapelotas los traductores que los autores en esto. Y hay veces que, te pongas como te pongas, no se entiende la frase. «Es que en inglés dice eso». Me parece muy bien, pero no tiene sentido. Y se trata de que lo tenga. Autores hay de todo. Me ha tocado alguno que ha enviado un mail al editor dando las gracias al corrector por el trabajo.

Eso no es habitual…

No, no lo es. También ha habido alguno de «No he aceptado ningún cambio». Pues bueno; hay una frase de siete lineas sin verbo principal y sin una coma. «Es que yo escribo así». Pues vale.

Había corregido, cuando abrimos esto, a Sexto Piso, Cátedra, Espasa, Impedimenta, Siruela… Tenía contactos, conocidos. Con algunos de ellos una relación muy cercana, como con Enrique Redel de Impedimenta, o Belén Bermejo de Espasa. Son relaciones que trascienden lo personal, amigos. Cuando les conté el proyecto que tenía en mente se entusiasmaron, y me ofrecieron todo el apoyo. Y lo hicieron. Hablaron con comerciales, distribuidores. Me abrieron todas las puertas. Fue muy importante para nosotros. Con todo el dineral que nos habíamos gastado en la obra, que no estaba previsto, de no haber sido por su ayuda no hubiéramos podido abrir. O hubiéramos abierto con diez libros.

05092015-_MG_1361

El tema de las correcciones es un tema. Cómo salen algunos libros de imprenta.

A veces lees libros de editoriales pequeñas y se te cae el alma a los pies. Sé que está la cosa muy mal. Vendo libros. He trabajado como correctora con tarifas que no se han movido, y si se han movido ha sido a la baja, durante todo el tiempo que llevo trabajando como correctora. Empecé hace siete años. Y cuando empecé ya me decían que las tarifas no se movían desde hacía diez años. Es tremendo. Recuerdo una editorial que me pagaba 0,30 el millar de caracteres.

Cuando estás en el mundo del libro parece que todo tiene que ser por amor al arte. «Es que es tan bonito». Bueno, sí. Pero esto es un negocio, vivimos de esto.

[Aparece Jesús, su compañero y socio, que va para el almacén, preguntando no sé qué sobre el catálogo de una empresa de embalajes, y esto nos da pie a hablar de las devoluciones. Se lo cuento nada más que para que se expliquen el corte]

Tenemos que solucionar el tema de la mensajería. Las grandes distribuidoras no asumen el porte de las devoluciones. Es un palo para nosotros. Y hay algunas que te mandan libros que no solo no has pedido, es que no tienes manera de darles salida aquí: Haz macramé. Que no es que no quiera, que es que en esta librería no vendo estos libros. No es nuestro público objetivo. Y si te lo pido yo, aún. Pero esto no. Encárgate tú, que es el que me lo has mandado.

Y luego está el pedido mínimo. 130 €. Ostras. Una librería como ésta no puede hacer esos pedidos. Si tuviera solo una distribuidora, tal vez. Pero no es el caso. Tenemos que ser conscientes de en qué punto estamos cada uno. Con lo barato que es enviar un libro con el post-libris, que lo tenemos ya todos.

O que te hagan esperar semanas. Para cuando llega el cliente ya ha comprado en Amazon, que se lo envía casi que de un día para otro.

Yo creo que hay dos problemas en el mundo del libro. Uno es que hay demasiados libros, se publica demasiado. Hay libros que, directamente, no saco de las cajas. Porque no me caben. Y es una pena. Muchas veces se devuelven libros sin que hayan estado expuestos. Y, sí, intento que sean solo los que sé que no tienen aquí sentido, los que entiendo que no van a funcionar, dado el público que tenemos nosotros. El otro problema es el modelo de distribución, que sigue siendo el de hace veinte años. Como si no hubiera cambiado nada en todos estos años. No puedes tener a un cliente esperando dos semanas por un libro. Es que no puede ser. Es de cajón. Lo pierdes.

El modelo tiene que cambiar. No tengo la fórmula, no sé cómo, pero tiene que cambiar.

intempestivos-050915

Decía Javier Melón, librero de Librería Central, en Gijón, que un mes de Marzo le llegaron más de cuatrocientas novedades. Todo el mundo quiere estar en la librería, se presiona a la distribuidora para estar en cuantos más puntos de venta mejor. Y se descuida esto otro que comentas.

A los libreros no nos da tiempo a conocerlo todo. Cuando has llegado estábamos con los editores de Silex. Vienen, te cuentan. Te lo ponen fácil. Si ellos no vienen a contarnos que existe Silonia yo no me entero. El editor tiene que tener una cercanía con las librerías, o por lo menos con las librerías que le interesen más.

Tengo ahí lo de Grey, y lo tengo por cabezonería, porque quiero vender bestsellers, eso nos permitiría diversificar, poder pagar a la gente que viene a hacer actividades. Porque pasar la gorra, la verdad, no funciona, no es suficiente. Llevo un año intentando que se venda, pero no hay manera. Los tengo aquí todos, la primera edición, la de la famosa página en blanco.

[El tema de la página en blanco es espeluznante. Se lo voy a contar: llegaron las cajas a las librerías los ejemplares con la tara —una hoja en blanco— desde imprenta y, en la misma caja, aparte, llegaron unas fotocopias con el texto que faltaba, a fin de que el librero se la facilitara al que comprara el libro. Como lo oyen. Así está el patio].

El librero tiene la obligación de estar al tanto de las novedades, de lo que sale y va funcionando.

Ahora están funcionando muy bien determinados libros de poesía, ¿no?

Sí, sí. Estoy es una discusión que he tenido con algún amigo editor, al que no le gustan este tipo de libros. Yo lo tengo claro, le digo: «¿Tú sabes qué es que vengan chavales de 16/17 años a comprar libros?». Lo importante es que lean, que le pierdan el miedo a entrar en una librería. Niñas que vienen a comprar a Marwan, a Diego Ojeda y se sientan aquí a tomar un café.. A mí me dan la vida. Ése es el futuro. El otro día vino una niña a preguntar si teníamos Mi chica revolucionaria. «Sí, sí lo tenemos», le digo. «¿Y cuánto cuesta?». Se lo digo y me dice «Bueno, pues si hoy no voy a cenar al burguer y mañana no voy no sé dónde con los amigos, con el dinero que me han dado mis padres para el fin de semana me lo puedo comprar la semana que viene ya». Y vino y se lo compró. Se me saltaban las lágrimas.

Captar a este tipo de lectores es uno de nuestros retos. Porque se está dejando de leer.

Y fíjate: empezamos con una balda de poesía y ya tenemos toda una estantería. A mí me encanta.

¿Cómo es el público que entra aquí?

De todo. Y nosotros vamos recomendando, y sí que vas notando que poco a poco van confiando más en nosotros, nos piden que les recomendemos libros, etc.

Ya lleváis un año. ¿Cuál es el balance?

Ha sido una lucha constante, contra los elementos, los horarios… (De dos a cinco en Segovia no hay nadie; en invierno a partir de las ocho y media tampoco) Aún con todo, el balance es muy bueno. Ha sido un año muy enriquecedor a todos los niveles.

Ahora ya podemos comparar. Y este verano respecto al anterior ha sido mucho mejor. Ha habido una evolución, parece que el esfuerzo ha merecido la pena. De octubre a junio hicimos 25 presentaciones de libros, con todo lo que ello conlleva.

Y hay gente que viene y te da las gracias, «Segovia necesitaba algo así». Es muy gratificante.

Las redes sociales nos han ido también muy bien: «La próxima vez que vaya por allí me paso por la librería». Estamos a una hora de Madrid. Lo vamos notando. Más que el turismo.

05092015-_MG_1297

Tenéis café, vino, cerveza…

Y Whisky [se ríe]. No se viene aquí a emborracharse, salvo en algún concierto que se nos ha ido de las manos…

Es una inversión de futuro. Cuando me preguntan qué tal va el negocio, contesto que esto no es un negocio. Es una forma de vida. Y te tiene que dar para vivir, por supuesto, porque no somos ni gilipollas ni millonarios. Pero es una forma de vida, es todo el tiempo. Nosotros nos hemos ido de vacaciones con una maleta de libros, y a visitar otras librerías. Tenemos un día libre y nos vamos a ver a Rafa, de Letras Corsarias. Charlamos con libreros, intentamos hacer cosas juntos, buscar alianzas. Con los chicos de La Puerta de Tannhäusser, Álvaro y Cristina, igual. Librerías que están muy en sintonía con nosotros. Y con editores independientes.

Un editor grande, al final, tiene una cuenta de resultados, y tiene que vender equis libros. Conozco algún caso que te dice: «Este año pasado no he publicado nada, pero nada, que me interese». Es tremendo. Publicas 50 libros y no te interesa ninguno.

Al lector le tienes que dar unas garantías. El libro impreso es lo que es. Hoy no creo que, en España al menos, las ventas del libro electrónico sean significativas. Es algo residual. Sí que es verdad que la gente está acostumbrada ya a otro tipo de mensaje. Cuesta sentarse con un libro a leer. Hay que ofrecer al lector algo diferente, un libro atractivo físicamente. Me viene a la cabeza Impedimenta, por ejemplo, con esas portadas tan bonitas. «Jo, es que lo quiero tener». O formatos diferentes… No sé. Sé que si les das un libro con una portada fea, texto corrido, no funciona igual.

Hay libros muy muy feos.

Sí, feísimos. Y de las grandes. Tela marinera. Son libros para un público al que le da lo mismo. El lector lector no se descarga cosas, pero es también un público exigente.

Los clientes buenos, los más fieles, son lectores, regalan libros, gastan dinero… Son, eso,  muy exigentes. No compran cualquier cosa. El papel, las correcciones. El libro ha de ser algo más que páginas y páginas de negro sobre blanco.

La librería que más vende en España es El Corte Inglés. Demencial. No hay un tío en El Corte Inglés que sepa de libros. Tú vas a preguntar por cualquier libro y… «¿Qué?». Tengo una amiga que fue a hacer una entrevista de trabajo. Con ella había una señora a la que seleccionaron en lugar de a ella, que había dicho que le gustaría trabajar en la sección de libros. «Pero es que yo de libros… poco. No sé nada», les dijo la señora. «Nada, no te preocupes, que no hace falta». Así se hace la selección. Por qué tomaron esa decisión. No lo sé. Supongo que no quieren a gente que se implique. Ni idea. El caso es que es la librería que más vende en este país.

Creo que hay que ayudar a la librería pequeña, y no lo digo porque sea librera, de verdad, igual que a los editores pequeños. Si no, vamos a acabar con una uniformidad horrorosa. No vas a poder comprarte algo más allá del Grey.

05092015-_MG_1309

El Mapa de libreráis 2014 que ha elaborado CEGAL recoge un dato sorprendente: España es el país de Europa con mayor número de librerías en la Unión Europea. Algo más del 20% de las librerías que hay en el viejo contiente está en España, que además es el país con más densidad de librerías por habitante. Por otro lado, una encuesta reciente del CIS dice que el 35% de los encuestados no lee casi nunca. Si la gente no lee, ¿por qué se abren tantas librerías?

Porque estamos locos. Pensamos que tener una librería es súper-romántico. Y es una mierda, no tienes tiempo para leer. Entre lo que te mandan los editores, que yo la verdad es que lo agradezco muchísimo, que nos manden libros, me lo leo con mucho cariño, y que no te deja tiempo la gestión. Sí creo, en nuestro caso, que esta librería era necesaria en Segovia. Es diferente al resto, su fondo, la propuesta. Por otro lado, son unos 50.000 habitantes, y ya había 6 librerías. Si abrimos otra librería al uso más… creo que no habríamos aguantado ni el año, sinceramente. Teníamos que ofrecer algo que no hubiera aquí.

El tener un café, además de la librería, no nos engañemos, es un desahogo. La caja el día de la presentación, si sirves unos botellines, unos cafés, se nota, claro, te salva la semana. El margen de los libros es el que es. El de la hostelería es mucho mayor.

intempestivos-050915-interior

Volvamos a cómo funciona este mercado tan loco.

Está sobredimensionado. Es una burbuja. Un día estalla y nos vamos todos al garete. Es lo que te decía al principio: se publica demasiado. Y los modelos no han cambiado, y eso no puede ser. Y lo que me preocupa es que van a quedar los grandes, esto va a estallar y los pequeños, ¿cómo podemos sobrevivir? Aliándonos, trabajando juntos. Gente con intereses comunes.

Este primer año lo mejor que nos ha dado ha sido eso, las personas que conoces, cómo te descubren cosas, editores que te conocen y ya te buscan los libros adecuados para tu librería. Eso es genial. Que crean en ti. Que vengan de la revista Leer, o que vengas tú. Es la leche. También te digo que si esta conversación la tenemos en junio hubiera sido mucho más negativa. Estaba agotadísima. Ha sido duro. Ahora hemos descansado, el verano ha sido suave y, aunque ha ido bien, no ha habido novedades, ni presentaciones. No habría que cerrar en Agosto, porque es cuando puede el librero leer, descansar… Nos vienen de pronto 200 cajas de cosas que no has pedido, que no sabes cómo colocar. Es una maravilla en ese sentido.

La única forma de llevar esto es trabajar mucho, estar pendiente de lo que sale, de lo que va a salir. Y te tiene que gustar. Se le supone un amor por los libros al librero. Si no te gusta, lo dejas. Es así. Porque económicamente no vas a hacerte rico, ni de lejos. Eso ha cambiado en los últimos años totalemente. Me contaba Rafa, el librero de Letras Corsarias, que cuando estaba en Hydria llegaron a vender de un Millenium mil ejemplares. ¡Mil ejemplares! Eso ahora es impensable. Te colocabas detrás del mostrador y a vender libros. Ahora no. Ahora el librero tiene que tener una actitud activa, no parar, hacer actividades, pensar, moverse. El modelo anterior está caduco; sentarte tras el mostrador a esperar que entre alguien… Eso se acabó.

05092015-_MG_1295

[Justo llega Carlos, editor de editorial segoviana La uña rota, amigo de la Librera. Qué casualidad. Le invitamos a que se siente; lo hace encantado]

Qué vais a sacar ahora Carlos. Me lo tienes que contar. Qué tal.

Una locura. Tenemos tres libros en imprenta, cosa que no habíamos hecho nunca. Ha sido porque uno es el Reikiavik, de Juan Mayorga, que se estrena ahora en el Centro Dramático Nacional, el 23 de Septiembre. La productora quería tener libros antes del estreno. Así, que adelante con ello. También vamos a sacar uno del Oulipo, del Olipo moderno, actual, se titula Es un oficio de hombres, son relatos, muy divertido. Y lo teníamos que presentar ahora el 1 de Octubre. Así nos sale más barata la imprenta, llevando 2. A la vez hemos reeditado el de Perec, El aumento seguido de El arte de abordar a su jefe de servicio para pedirle un aumento. La traductora ha cambiado algunas cosas…

Judith: ¿Ves como los traductores son peores…?

Carlos: Había algunas cosillas con las que no estaba muy de acuerdo, frases a las que les ha dado alguna vuelta… Y ha sido también una locura.

Reikiavik es la obrita. Está bien, teníamos que publicarla, como se estrena la obra. O somos sus editores o no lo somos. Y no lo sé. Una obra sola es distinto.

Judith: Teatro 1989-2014 se ha vendido muy bien.

Carlos: Pero es distinto. Ése era toda su obra publicable. Éste va a costar casi la mitad que el otro. Que yo lo hubiera puesto a 10, no a 12, ha sido más por la distribuidora: «Ni se os ocurre ponerlo a 10 euros».

Puede ser algo psicológico: un libro a 10 euros no se valora igual, es demasiado barato. No sé, se me ocurre.

Carlos: Hicieron un experimento con un colchón, ponerlo a precio normal y luego a precio desorbitado. El mismo colchón. No se vendía por el precio, cuando estaba a un precio barato.

No lo sé. No es igual una novela que una obra de teatro, poesía que una novela.

Judith: Acantilado pone los libros carísimos. Y se venden.

Atalanta…

Judith: Lo de Atalanta es demencial. Son libros carísimos.

¿Y qué tal va, Carlos? ¿Cómo está la cosa?

Carlos: Está todo el mundo asustado, han sido unos meses de verano muy malos, se ha vendido poquísimo. De los peores que se recuerdan. A ver qué pasa ahora en septiembre. Hay que pelear mucho.

Y está el tema de la burbuja, que yo creo que ha empezado a deshincharse. Se está devolviendo mucho. Ya no se está cobrando por colocación. Ya la colocación no da tanto dinero como antes. Y eso significa que algo está cambiando. Si sigue así, dentro de poco, a saber. Y en nuestro caso, la verdad es que no debemos nada, lo tenemos todo pagado. Pienso en otras editoriales y pueden pasarlo mal. Si debo y de pronto no empieza a entrarme el dinero con el que contaba, el dinero que entró el año pasado, voy a tener problemas.

Judith: También se devuelve mucho porque las distribuidoras te mandan un montón de cosas que no encajan con tu librería. Cuando soy yo, librera, la que hago la novedad, la que elijo, no devuelvo. Hay alguna distribuidora que me deja hacerlo y no le devuelvo nada: pido en función de lo que veo que va a funcionar en mi librería, soy yo la que lo sabe mejor. Devuelvo poquísimo.

Carlos: Y se están perdiendo los fondos. Entras en librerías y estás viendo novedades de hace una año como mucho. El librero tiene que tener personalidad: «esto lo dejo, no lo devuelvo». Cuando yo trabajé como librero vi que se vendía más fondo que novedades.

Judith: Si entras ahora al almacén ves libros que no han salido de la caja. No los he pedido. Vienen porque me obligan a un pedido mínimo ¡de 130 euros!. Dónde voy a meter esos libros. Mira mi librería. Ahí están.

Carlos: Eso tendrá que cambiar.

Y vamos así dejando languidecer la conversación sobre lo mal que está todo, empezamos a mirar los libros, que es lo que de verdad nos gusta, se nos nota. Carlos acaba con el número DOS de La Galla Ciencia, el que incluye El amor y media vuelta en rojo, de Roger Wolfe. «¿Sólo son 10 euros?». Se lo lleva.


Uno de mis hermanos solía explicar las habituales dificultades de convivencia en los pueblos, los odios ancestrales que se tenían los unos a los otros, el mal que se desean, por la imposibilidad de no ver durante un tiempo al que tan mal te cae, no poder alejarte de él; en lugares donde vive tan poquita gente no es fácil no coincidir, por no decir imposible. De manera que tienes, sí o sí, que tomarte el café en el bar cada mañana con el tipo que le dijo no sé qué a tu hermana, o con el que movió la linde a su favor para arañar «ya ves tú, qué miseria de tierra». Todas y cada una de las mañanas, a ese mismo tipo. Es complicado.

Cada vez que voy de excursión a un pueblo, incluso a una ciudad pequeña, recuerdo esta teoría de mi hermano, pensando en los comercios y, por ende, en las librerías. Imagino a los lugareños repartiéndose para ir a comprar a casa de fulanito o benganito, tener que pensar en ello, en función de las simpatías, de los lazos familiares, incluso de con qué partido político o equipo de fútbol, tanto da, vas, en fin, que no ha de ser fácil.

En estas andaba cuando se sentó Judith conmigo, al comienzo de esta charla. Jesús quedó encargado de atender a la clientela. Desde donde nos sentamos –al fondo, en una de las mesas de la librería-café– podía verse el acueducto, el trasiego de la gente un sábado por la mañana. Es el número 10 de la calle Teodosio El Grande.

Intempestivos-fachada

2 Comentarios

  1. […] Leer la entrevista completa en Librerantes […]

  2. […] cuantos más seamos, mejor, que esto no son los Juegos Olímpicos. Si pasas por Plasencia o Segovia vete a conocer a nuestros aliados. Y no te olvides de conocer el sitio de Ana Tarambana, que ha […]

Dejar una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *