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Todo sucede aquí

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Minila me hizo el favor de mandarme su último libro al departamento, bueno, al de una amiga porque en el mío se los roban. Lo primero que leí de él fue Lo peor de la buena suerte, publicado por Tierra Adentro. Me gustó tanto que además de reseñarlo compré un par más y los regalé.

Luego escribí sobre él para un periódico local (vivo en la Ciudad de México) en el que trabajaba. Creo que le gustó mi recomendación o el gesto, no sé muy bien, y me buscó de nuevo para enviarme su última publicación, Todo sucede aquí, de la editorial Cuadrivio. Su dedicatoria, donde agradeció el apoyo hacia su obra, la sentí cálida de verdad. Sentí que lo escuchaba diciendo lo mismo que escribió en la primera de sus páginas.

Todos los días me llegan invitaciones a eventos, de música, teatro, literatura, etc., pero casi nunca puedo asistir porque siempre tengo trabajo. Freelanceo para ser mi propio «jefe»; me di cuenta de que soy un explotador (conmigo mismo), por eso nunca llego a las presentaciones, exposiciones o conciertos, por seguir trabajando.

Pese a esto, Minila me había invitado a la presentación de su libro, llegué 40 minutos tarde porque el Metro, para variar, no servía. Pensé que sólo iba a llegar para presentarme con el autor (sólo nos conocíamos por Facebook, y ni siquiera bien, porque no habíamos visto ninguna foto del otro). Pero no, el Metro no sólo atrasó mi camino, también el del autor y a un par de invitados más.

Llegué y todavía tuve tiempo de tomarme una cerveza antes de que comenzara la presentación, que pese a ciertos comentarios que no sentí atinados, no le quitó el mérito a lo que el autor dijo sobre su proceso creativo o lo que comentó sobre las decenas de manos y ojos que rechazaron el libro antes de verlo publicado.

La literatura fantástica en México ha quedado un poco olvidada a pesar de tener a autores genialísimos como Emiliano González y Alberto Chimal. Y es esto lo que más me motivó a leer a Minila, quien desde su primer libro acotó su terreno y se postró con fuerza en este género literario.

Pese a que los cuentos de «terror» nunca me han dado terror, a Minila lo leo con gusto gracias a que tiene una particularidad en su obra: todo puede ir empeorando siempre y seguir así hasta que el autor diga «bueno, ya, ya los hice sufrir mucho a todos, mejor les doy un final… mucho peor».

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