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Cuba

Con motivo de la publicación del número 4 de Negratinta. Cuba, el ocaso de la última utopía, hablamos, entre otras, del oficio de periodista con Pablo Sierra del Sol, uno de sus editores. En la presentación de la revista que aparece en la web habláis de un «periodismo perdido» que pretendéis recuperar, ¿cómo era ese periodismo y cómo es el actual? ¿Por qué aquel era mejor? Recuperar el periodismo perdido no es un simple ejercicio de nostalgia ni una manera

Hagiografía de Narcisa la bella en la librería Muga [Madrid] «Hagiografía de Narcisa la bella es muy divertida y muy feminista. Robles tiene el don genuino de la sátira y lo cómico, algo relativamente escaso en las letras iberoamericanas.» Jean Franco. «Somos un lapso de tiempo en el espacio que nos toca vivir.» Mireya Robles. «Un libro que se lee muy bien» La distribuidora, exaltada, casi al final del acto. Cuando bajan las temperaturas y el mercurio puede convertirse en la mejor

En Hagiografía de Narcisa la Bella, Mireya Robles ahonda con desbordante imaginación poética en la sexualidad femenina y la condición de mujer en la Cuba de los años cuarenta. Nada más llegar al mundo, Narcisa provoca desconcierto y cierta repulsión. Su apariencia de «dragón», su voz ronca, su disposición a someter su voluntad al bienestar de una familia insensible e indiferente a sus necesidades, hacen de Narcisa una santa; y de esta historia un relato de martirio en clave de

Ciclo Encuentros Auditorio del Centro, 19.30 h Orlando González Esteva (Cuba, 1952). Reside en Estados Unidos desde 1965. Entre sus libros de versos figuran Mañas de la poesía, Escrito para borrar, Fosa común, Casa de todos y La noche y los suyos. Libros en prosa: Elogio del garabato, Cuerpos en bandeja, Mi vida con los delfines, Amigo enigma, Los ojos de Adán y Animal que escribe. El arca de José Martí. El Fondo de Cultura Económica de México publicó en 2008 ¿Qué edad cumple la luz esta mañana?,
Imagen del transexual posando a cámara

Por la mañana necesitaría un rato antes de poder recibirnos, nos había dicho cuando nos despedimos la noche anterior. Ahora veíamos por qué: no había dormido, pero lucía radiante. Se había cambiado de ropa. Una malla de lycra blanca con manchas negras, zapatos de tacón alto. Y una camiseta de tirantes de color celeste, con pequeños arreglos de brillantes justo por debajo de sus senos artificiales, apretados en un sujetador negro. Llevaba también un vistoso reloj de pulsera, muy ancho,