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Librerías

…o de cómo no se ha muerto nadie esperando un libro (que sepamos, al cierre de esta edición). En favor de las librerías No dejará de sorprenderme, aun después de haberlo oído tantísimas veces, la razón que se da en muchas ocasiones para explicar (excusarse, mejor, que en nuestro sector está esto regulín visto, sobre todo cuando se pretende quedar bien con las librerías) por qué se compra —o se vende, tanto da— en Amazon, a.k.a. El Maligno: «Es que es

Como nunca he descubierto en mí cualidades que atrajesen a nadie, nunca he podido creer que alguien se sintiese atraído por mí. La opinión sería de una modestia estulta, si hechos sobre hechos —esos inesperados hechos que yo esperaba— no viniesen a confirmarla siempre. [Fernando Pessoa en El libro del desasosiego] Estrenamos zapatitos nuevos: La umbría y la solana, nueva editorial Librerante Fernando Pessoa, Antero de Quental, Antonio Vieira, José de Almaida Negreiros, Luys Santa Marina, Andre Malraux, Lìdia Jorge. Son los

Orfebrería del humanismo Pep Antoni Roig Cuando tenía 17 años y viajé por primera vez al extranjero decidí empezar una particular tradición: entrar en cualquier librería de alguna ciudad europea y preguntar si tenían algún libro de Mercè Rodoreda. Desde entonces lo he repetido siempre que he podido. Pero la diferencia entre preguntarlo en librerías comerciales de gran tiraje o hacerlo en librerías pequeñas no se distingue en el hecho de encontrar más o menos ejemplares de In Diamond Square o Rue des Camélies, sino

Retomamos donde lo dejamos la serie sobre librerías y sus gentes. Fotógrafo y redactora nos acercamos para charlar con la librera Viviana hasta Trafiantes de sueños (en la calle Duque de alba, cerquita del mercado de la cebada, Tirso de Molina), una de las librerías con más personalidad de la capital, con un fondo —también nos referimos a los libros aquí— claro, contundente, generoso.

Desde que leyera ayer en el Babelia, en la página 3, en un texto cuyo título me gustó tanto que me lo he quedado para este editorial, que «La realidad es que un solo 2% (de autores) puede vivir de la literatura», no hago más que pensar en ti, digo, en el artículo o, más exacto: en el concepto «autor». Porque a qué se refiere aquí la periodista. ¿Qué es un «autor»? ¿El que lo pretende? Porque si es así,

Lo decimos muchas veces cuando no nos escuchan los autores: qué tostón el tener que acudir a la presentación de un libro. Pocos compromisos hay más pesados, más aburridos, más difíciles de evitar sin quedar mal, o regular. Y lo cierto es que estos actos para mayor gloria del autor y sus padres y sus primos, son una pesadez inaguantable. Recuerdo una ocasión —la tengo grabada a fuego en mi memoria, de tan mal como lo pasé— en la que un autor

Me encantaba dar largos paseos con mi padre por Oviedo, pero solían terminar en alguna librería, donde él se pasaba horas rebuscando y charlando con el librero, mientras yo me aburría mortalmente. También es cierto que de aquella no existían esas secciones para niños tan molonas de hoy día donde, menos leer, los pequeños hacen cualquier cosa, como por ejemplo babear los lomos de los libros o dibujar con ceras de colores. Pero había dos excepciones. Una, regentada por dos

«No estoy acostumbrada, llevo fatal lo de estar a este otro lado», me dice Tamara Crespo cuando ve que enciendo la grabadora. Es la librera de Primera Página, una de las ¿12? librerías de Urueña, el pueblo de Valladolid donde hay más librerías que bares, tan sólo 182 habitantes censados el año pasado, según el INE, una muralla casi que en perfecto estado de conservación y unos 1.000 instrumentos musicales diferentes

El poder del silencio de los libros, que despierta nuestros sentidos antes de que conozcamos el tesoro que encierra. Ayer fue un día bastante triste (salvo la tardenoche, como luego estuvimos de librerías). Muy triste; me lo pasé discutiendo con una librera a la que un tipo más listo que donde los hacen —ya hemos hablado de él en anteriores entregas: no se ha equivocado en toda su vida una sola vez, al menos no que nosotras sepamos— le ha pasado graciosamente un balón que no tenía por qué ir para ella —o tal vez sí, no lo sé— y que entró en una dinámica tan mala como la mía; esto es, el discutir no para llegar a una solución, sino para acabar demostrando, nada más, que llevábamos razón, cada una en lo suyo.

Sobre algún pecado y lo difícil que es dar las gracias sin quedar demasiado moñas Esta quincena, como me han dicho ya dos libreros —a los que además les tengo aprecio sincero, que esto es lo que tiene, que une mucho—  que parece que estoy enfadadísima, me había propuesto contar nada más que cosas buenas, porque no lo estoy, digo, enfadada, todo lo contrario… pero no me va a salir, estoy viendo, según me he sentado a mi mesa, lo