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Libros de trapisonda

Una cosa es la ciudad real y otra la que uno crea en su mente, la que a uno le gustaría que fuese, se construye con una mezcla de nostalgia y anhelos. Durante los años de entreguerras, se gestaron las vanguardias al tiempo que se tendían puentes más allá de las grandes ciudades europeas. De este modo Budapest, no era solo la capital húngara sino que era al mismo tiempo Paris, Berlin, Viena, etc. Así teje los pasajes de esta obra
Budapest. Guía para marcianos

¿Por qué este libro? Budapest. Guía para marcianos, de Antal Szerb. Por Pablo Martínez de Pisón, editor de Libros de Trapisonda Aunque sería difícil precisar su género —¿apuntes de viaje?, ¿colección de microrrelatos? ¿poema en prosa?— su contenido habla por sí mismo: es una declaración de amor hecha por el escritor, con el tierno entusiasmo de un enamorado a su ciudad natal. Nunca sabremos la opinión que se forjó de Budapest ese discreto marciano al que una mañana el autor muestra

Lánchíd, el Puente de Cadenas Tal vez sea lo primero que debamos elogiar. Budapest es la ciudad de los grandes puentes. El Puente de Cadenas se construyó a principios del siglo pasado, a lo largo de muchas décadas, con un sincero entusiasmo colectivo. Sobre él cantó el poeta Emil Vidor, por lo demás, un perfecto desconocido, en la edición de 1842 del Athenaeum: Bajo las olas enterraron el grano del cual –avergonzaos, tercas aguas–, brotará un día el arco triunfal,

Apenas había salido el tren, mi compañera, esa que no llevaba pasaporte, se durmió. Se ve que el golpe de las ruedas y el balanceo del tren actúa sobre la conciencia humana adormilándola. Por suerte para mí, durmió hasta la misma Viena. Ocurrió en cambio que tuve otros dos acompañantes en el compartimento del tren. Estaban sentados enfrente de mí y hablaban en alemán. Uno de ellos era un hombre corpulento, ancho de hombros, de mediana edad y bien afeitado.