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Libros

Sobre la obra Un libro fundamental sobre la Guerra Civil, una obra definitiva sobre las distintas visiones que nos aportaron los libros de todas las tendencias. ¿Cómo se nos ha contado la Guerra Civil? ¿Cómo ha evolucionado su visión y valoración a lo largo del tiempo? ¿Cómo la narraron o valoraron escritores y pensadores, desde la literatura y el ensayo? El presente volumen ofrece un análisis completo y ecuánime de todos aquellos títulos que nos han explicado, y nos siguen

«No estoy acostumbrada, llevo fatal lo de estar a este otro lado», me dice Tamara Crespo cuando ve que enciendo la grabadora. Es la librera de Primera Página, una de las ¿12? librerías de Urueña, el pueblo de Valladolid donde hay más librerías que bares, tan sólo 182 habitantes censados el año pasado, según el INE, una muralla casi que en perfecto estado de conservación y unos 1.000 instrumentos musicales diferentes

El poder del silencio de los libros, que despierta nuestros sentidos antes de que conozcamos el tesoro que encierra. Ayer fue un día bastante triste (salvo la tardenoche, como luego estuvimos de librerías). Muy triste; me lo pasé discutiendo con una librera a la que un tipo más listo que donde los hacen —ya hemos hablado de él en anteriores entregas: no se ha equivocado en toda su vida una sola vez, al menos no que nosotras sepamos— le ha pasado graciosamente un balón que no tenía por qué ir para ella —o tal vez sí, no lo sé— y que entró en una dinámica tan mala como la mía; esto es, el discutir no para llegar a una solución, sino para acabar demostrando, nada más, que llevábamos razón, cada una en lo suyo.
Presentación Los Nuestros y Fruta para el pajarillo de la superstición

Presentación de Juan Carlos Reche Cala  y Juan Andrés García Román

O de cómo se le quintan a una las ganas de plantar narcisos Es una exageración; hemos descubierto que este tipo de titulares hacen que hagáis más clicks, que nos leáis más (no sé si mejor). En realidad, no es para tanto. Pero sí que es verdad que a veces pasa, digo, lo de los narcisos. Cuando empecé a trabajar con los libreros hablé horas y horas con ellos, por teléfono y en persona. Una vez, incluso, un librero me invitó

Cuando yo era pequeña, las lavadoras ya eran un electrodoméstico habitual en bastantes hogares. El lavadero de casa de mis padres era un pequeña pero luminosa galería adjunta a la cocina: su ventana se abría a un vertiginoso patio interior que era como un pozo de Apokolips, pero en soleadito. En el cristal había una pegatina de la Feria de Muestras de Barcelona de 1970, una estilizada imagen que evocaba al dios Hermes, psicopompo y patrón de comerciantes, atletas, viajeros

«No sé cómo te gustan mis artículos, que escribo sin ganas y a la fuerza, en el último minuto porque me hace falta el dinero…» [Carmen Laforet a Elena Fortún entre mayo y junio de 1951.] Contar —bien, con cierto detalle— cómo es una librería, quién la regenta, qué tipo de libro puedes encontrar en sus estantes, etc., en menos de cuatro mil palabras, tiene una cierta complicación. Lo sé porque lo he intentado ya unas cuantas veces, sospecho que

Tertulia literaria en Libros de Arena [Nota de la librería]  Moderados (es un decir) por el editor jefe de ViveLibro, Ignacio Rodriguez Garcia, Libros de Arena retoma con el año sus charlas entre amigos comenzando esta vez tanto por el trepidante mundo de Lorenzo Falcó («El mundo de Falcó era otro, y allí los bandos estaban perfectamente definidos: de una parte él, y de la otra todos los demás») como por el no menos trepidante de su autor, Arturo Pérez Reverte. Tocaremos temas

«No tiene un nombre glamouroso, una etiqueta que se pueda poner de moda. No tiene el atractivo de la novedad, son cosas que hemos oído una y otra vez. Conocerse, actuar con honestidad… Pero lo complicado no es oírlo, ni entenderlo, cosas así se escuchan constantemente. Lo complicado es aplicarlo en tu propia vida y hacerse consciente de que la clave está en la responsabilidad personal». 1 Llegar a la sede de Continta me tienes tuvo una cierta complicación. Anoté

Hace ya más de veinticinco años de aquel viaje a Cáceres en el que Javier Tomeo dio una charla para setecientos alumnos. A alguien de la universidad se le ocurrió que quien asistiera a las cuatro conferencias de escritores del ciclo que organizaron se le dieran alegremente unos cuantos créditos académicos (en aquella época —aunque parezca increíble— aún existían cosas gratis) Resultado: setecientos chavales llenando el auditorio del antiguo convento de San Francisco sentados incluso en los pasillos, las escaleras