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Rothko

Viaje a Rothko, el guardián del color Antón Patiño Espacio-tiempo como absoluto cromático en Rothko. Asistimos a la reverberación de las masas de color en ámbitos de interacción. Quietud contemplativa y ensimismamiento que otorgan una poderosa carga de sentido al vacío. Hay un magnetismo poderoso en este vacío central y desde luego este pintor nos lo hace sentir como pocos. Una posición radical aparece entonces, percibimos que la raíz de todo está en el silencio. En un determinado poder introspectivo
Siempre hubo afición al ajedrez en el Café Comercial [por Juan Bohigues]

Homenaje al Café Comercial. Un sitio donde se jugaba al ajedrez Juan Bohigues Siempre hubo afición al ajedrez en el Café Comercial, incluso entre los empleados. Poníamos un tablero escondido en «el túnel del amor», lo llamábamos así porque todos los enamorados se ponían en las últimas mesas del café Comercial, las que estaban situadas al lado de los servicios, como siempre habían bombillas fundidas, sus claroscuros permitían besos apasionados, y algún que otro roce pecaminoso, «meterse mano» vamos. Nosotros los
Víctor Hugo

Los dibujos de Victor Hugo. Fijar los vértigos Alberto Ruiz de Samaniego En Victor Hugo, la meditación es siempre líquida. Situado en la estela de Nerval, el ensueño en él no hace más que derramarse como fluido eruptivo sobre la vida cierta o visible. «Bajo algunos soplos violentos del interior del alma», escribe Hugo, «el pensamiento se convulsiona, se eleva, y de él sale algo parecido al rugido sordo de la ola» (El hombre que ríe, IV, 1). Océano o caos,
fronterad

Todos somos Leopold Bloom. Una relectura del ‘Ulises’ Eduardo Lago 1. Un libro que es todos los libros Hay libros en los que cabe la totalidad de la experiencia humana, libros cuya lectura nos explica lo que somos. Libros en los que caben todos los libros, el resto de los libros, los que están ya escritos y los que quedan por escribir, libros que cuando se cruzan en nuestro camino cambian el curso de nuestra vida. Cada uno de quienes
Naturaleza Humboldt

Alexander von Humboldt y de cómo el ser humano ha perdido de vista la naturaleza En una de las ventanas de la planta baja de una perdida cabaña en el condado de Wiltshire, en el brumoso sudoeste de Inglaterra, cuelga un cartel con una calavera y un par de tibias cruzadas en el que se puede leer en inglés el aviso “Peligro. Radioactividad”. Mirando en el interior a través del polvoriento tragaluz todavía es posible reconocer un taller salpicado de

Los Panero. Encinas parían cadáveres «Hay restos de mi figura y ladra un perro. Me estremece el espejo: la persona, la máscara es ya máscara de nada. Como un yelmo en la noche antigua una armadura sin nadie así es mi yo un andrajo al que viste un nombre. Dime ahora, payo al que llaman España si ha valido la pena destruirme bañando con tu inmundo esperma mi figura. Tus ángeles orinan sobre mí. San Pedro y San Rafael en
Tiago Rodrigues. Un acto de amor a las palabras

Un acto de amor a las palabras. Tiago Rodrigues, el teatro y el arte político de la memoria La ortodoxia nunca fue su fuerte. Iba a formarse en la Escola Superior de Teatro e Cinema de Lisboa, pero solo estuvo un año. La cambió por la oportunidad de trabajar con la compañía belga tg Stan, cuyo modus operandi se basa en la creación compartida y desafía el canon de la clara distribución de roles entre director y actores. Con 21 años, la

1. Hay algo especialmente odioso en el concepto de contagio. Nunca lo he visto tan claro como al saber que en Japón determinados contratos de alquiler obligan a la familia del inquilino a pagar un exorcismo en caso de que éste se suicide en el apartamento. Aunque la explicación, de alguna forma, se halle en los trabajos de Paul Rozin, profesor de psicología en Pensilvania, en torno al contagio y la contaminación moral. A partir de un puñado de preguntas como,

Una mujer tan desconcertante y tan sencilla como su lenguaje 1 Ávila Como es lógico, ha sido con la llegada del mundo moderno cuando la figura de Teresa de Jesús ha sido estudiada y recontada de muy distinta manera que como lo había sido en tiempos anteriores o de cristiandad, y en torno a aquella figura han estado, efectivamente, el criticismo histórico, el enjuiciamiento de su persona, de su dimensión religiosa y de su obra escrita; y hay que decir

«En Siria no se puede respirar». Imagina que tu nombre es Said. Imagina que tu nombre es Raghida Tienes 35 años, naciste, creciste y viviste toda la vida en la ciudad siria de Daraa –que se pronuncia Dareia– y allí conociste y te casaste con Raghida, que quince años después todavía te gusta, sobre todo su cara y sus ojos redondos, brillantes como higos. Los mismos ojos, con pestañísimas negras, que tiene tu hija mayor, Mona, de trece años, una