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¿Tienen que estar desnudas las mujeres para entrar en el Metropolitan?

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Historias de mujeres, historias del arte

Cualquiera que se interese por la historia del arte puede notar enseguida que se mencionan muy pocos nombres de mujeres artistas. Será al llegar a los movimientos de vanguardia del siglo XX cuando vayan apareciendo algunos de esos nombres. Mujeres que han sido sistemáticamente ignoradas por el discurso historiográfico oficial y que desde los años setenta diversas historiadoras del arte han intentado visibilizar completando el discurso heteropatriarcal. Una de ellas es Patricia Mayayo, historiadora del arte, profesora e investigadora española. En su libro, Historias de mujeres, historias del arte, tira del hilo de esa historia olvidada de las mujeres como creadoras de arte y no como meros objetos artísticos.

Una de las historiadoras del arte feministas más célebre es Linda Nochlin, quien ya se preguntaba en 1971 ¿Por qué no ha habido grandes mujeres artistas? Mayayo intenta dar respuesta a esa y muchas otras preguntas, como  ka de ¿por qué la historiografía ha usado la etiqueta «arte hecho por mujeres» marginándolo y agrupándolo así como si todo lo que crean las mujeres fuese una masa homogénea, sin diferencias de estilo, escuela o época? El grupo de activistas feministas Guerrilla Girls empapeló en 1989 las calles de Nueva York con la pregunta «¿tienen que estar desnudas las mujeres para entrar en el Metropolitan?».

En este libro se enumeran infinidad de obstáculos que durante siglos las mujeres artistas se han ido encontrando, muchos de ellos insalvables, lo que ha provocado que conozcamos a muy pocas. Siempre fueron apartadas de los círculos artísticos y menospreciadas, aun cuando a lo largo de la historia se fueran produciendo ligeros avances. Durante el siglo XV se extiende la costumbre de educar a los hijos de las familias nobles en la música, la poesía y el arte. Fue gracias a este cambio de actitud el que muchas mujeres pudieran empezar a desarrollar sus inquietudes artísticas, aunque hayan sido en su mayoría y de manera sistemática ignoradas en la historiografía.

Heroínas frente a víctimas

Además de la posición social, lo que permitió a algunas mujeres desarrollarse como artistas en el Renacimiento y el Barroco fue el hecho de pertenecer a una familia de artistas. Como Fede Galizia, Lavinia Fontana, Levina Teerlinc o Marietta Robusti (hija de Tintoretto).

 

Artemisia Gentileschi destaca de entre sus contemporáneas por dos elementos presentes en su obra: la elección de temas religiosos y mitológicos protagonizados por mujeres fuertes como Judith, Susana o Esther, y el original punto de vista que la lleva a representarlas como heroínas frente al abuso del hombre. El discurso historiográfico, al no poder encuadrarla en los estereotipos vinculados al «arte femenino» (delicadeza, elegancia o blandura), la ha despreciado tachándola de mujer «masculina» o de mujer «lasciva».

A finales del XVII se comenzaron a fundar las academias de bellas artes en Europa, en algunas de las cuales fueron admitidas mujeres; ahora bien, nunca les fue permitido estudiar desnudos, participar en los concursos o dedicarse a la enseñanza. En L’Académie Royale de París a lo largo del siglo XVIII algunas mujeres alcanzaron el rango de académicas, entre ellas destacan Rosalba Carriera, experta en la técnica del pastel, Anne Vallayer-Coster, pintora de flores, y las retratistas, Elizabeth-Louise Vigée-Lebrun y Adelaïde Labille-Guiard.

Con la Revolución Francesa las instituciones artísticas volvieron a cerrarles las puertas. Sin embargo, por la importancia que empezaron a adquirir los retratos y la pintura de género, el número de mujeres que exponían en los salones aumentó considerablemente a finales del XVIII y principios del XIX. Sobresale un grupo de seguidoras del pintor de la Revolución Jacques-Louis David: Constance Marie Charpentier, Césarine Davin-Mirvault y Angélique Mongez, son algunas de ellas. Es curioso que de la primera fue muy apreciado un cuadro que primero fue atribuido a David. Cuando se supo que la obra era de la pintora la opinión de los críticos cambió radicalmente. Fue en ese momento cuando algunas artistas empezaron a producir obras de géneros hasta entonces reservados sólo a los hombres. Son famosas las enormes escenas de batallas de Elizabeth Thompson o los dibujos y esculturas de animales obra de Rosa Bonheur. Esta última, para realizar los estudios de los animales que le interesaban, acudió a muchas ferias de ganado y mataderos, que eran ambientes masculinos, vestida de hombre.

Durante el siglo XX muchas mujeres se introdujeron en los círculos artísticos como modelos o a través de sus maridos, pero la historiografía las ha apartado en beneficio de sus compañeros varones. Antes de las vanguardias, debemos mencionar a Berthe Morisot y Mary Cassat como pintoras impresionistas. Dentro del expresionismo alemán destaca Paula Modersohn-Becker, que formó parte del grupo El Puente y a Käthe Kollwitz, figura destacada del realismo crítico. El nombre de Gabrielle Münther desaparece en los libros de historia del arte al lado del de Wassily Kandinsky, aunque contribuyó en gran medida a la creciente importancia del color y la abstracción. Sonia Terk, esposa de Robert Delaunay, es tan responsable de la creación del cubismo órfico como él pero es más conocida por sus diseños de vestuario. Hannah Höch, encuadrada dentro del dadaísmo, fue la primera alumna de la Escuela de Arte Industrial de Berlín y desarrolló la técnica del fotomontaje y el collage. El primer movimiento en incorporar a la mujer en igualdad de condiciones fue la vanguardia rusa, con las artistas Natalia Goncharova y Olga Rozanova como figuras clave. La pintora y fotógrafa Dora Maar documentó con su cámara el proceso de creación del Guernica de Picasso. Dentro del surrealismo destacan Dorotea Tanning y Frida Kahlo que coinciden en sus perturbadoras visiones de sí mismas.

El libro de Patricia Mayayo evidencia que las mujeres nunca lo hemos tenido fácil, ni en el mundo artístico ni en ningún otro. Muy poco a poco vamos consiguiendo derechos y libertades, pero no podemos caer en el error de creer que ya se ha alcanzado la igualdad total. Es por ello por lo que  debemos recuperar y reivindicar a las mujeres que dieron los primeros pasos en la lucha contra la injusticia.

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