Todos los olores

1
Compartidos
Pinterest Google+

Matices

Cuando le conocí pensé que olía a hierbabuena. Recordé un té delicioso y aromático. Su sonrisa disparó mi imaginación; su carácter, una alarma. Ojalá me hubiera equivocado.

Estaba disfrutando de mi soledad cuando unas frases acertadas llamaron mi atención sobre aquel segundo aroma. Era algo intenso; sin darme cuenta me mostré más receptiva, y él entonces me prestó más atención. Era como chocolate. El que me gusta de verdad es el que apenas tiene mezclas, el oscuro. Y resultó tenebroso.

Hubo otro que me recordó al caramelo: dulce, sin lugar a dudas. Había algo en él que me resultaba aburrido, llegué a un punto en el que nada me estimulaba… acabó resultando empalagoso, un tostón.

¿Más? Había algo peculiar en él, un toque de amargura como el que aliña algunas bebidas para otorgarles un sabor especial, un toque distinto, inesperado. Para tomar de vez en cuando, no todos los días. No a cualquier hora. No.

Hubo muchos aromas, sabores, intensidades, todos formidables… Alguno espantoso, pavoroso.

Dejé de entusiasmarme. Dejé de prestarles atención. Dejé de valorar la intensidad, la dulzura, el engañoso control, lo formidable más que ninguna otra cosa.

Nada tan estimulante, tan reconfortante como la variedad. Las múltiples facetas en distintos momentos, que no importe ni el día ni la hora. Que resulte refrescante y alivie la tensión, que sea intenso, que te haga sentir, que sea dulce y te envuelva con su calor; también amargo, para no olvidar la realidad, para mantenerte despierta. Que sea real como yo lo soy.

Sin comentarios

Dejar una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *