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Tú no lo sabes… pero lo necesitas

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Las erratas casi no se ven. Esa es la cosa

Las erratas no se ven, hay que agudizar la vista para encontrarlas. Hace tiempo leí sobre una niña que tenía como pasatiempo buscar erratas en el periódico que, cada día de verano, traía su abuelo a casa. Se encontraba de todo: una palabra desnuda sin su tilde, una letra polizona en una palabra que no era la suya, una coma mal colocada, una vergonzosa letra minúscula donde debía ser una descarada mayúscula y, alguna vez, hasta encontró faltas de ortografía de las graves…

Cuando leemos estamos concentrados en el contenido del texto, en el significado de cada una de las palabras y no en su forma. Al parecer, cuando ya hemos aprendido a leer con fluidez, nuestro cerebro lee las palabras completas, a partir de algunos caracteres descifra el significado de la palabra y salta a la siguiente. Por eso es muy difícil detectar las erratas si no vamos en su busca, y por eso nos sorprende tanto cuando encontramos alguna mientras leemos, nos molesta a la vista y nos llevamos una mala impresión.

Cuando los lectores encuentran varios errores en un texto tienen la sensación de que la editorial, el editor o hasta el autor no son muy buenos. Es lógico que el autor en su manuscrito cometa faltas y errores, y es lógico que el editor esté más pendiente de otras cosas que de la limpieza del texto, porque para eso está el corrector, pero al lector le hace falta muy poco para llevarse una mala impresión de todos ellos. El lector, con esa sucesión de erratas (porque normalmente después de la primera vienen unas cuantas más), comienza a percibir que la editorial es un poco descuidada y no es nada seria. Si los lectores perciben una editorial como poco profesional transmitirán a sus conocidos esa misma impresión: «El libro me gustó, pero…» Ese «pero» es terrible.

Los editores son conscientes de la importancia de presentar un texto limpio y sin erratas. Ocurre que muchas veces entra en la ecuación el dinero. Todos sabemos lo difícil que es sacar adelante un proyecto cultural, más aún si se trata de un libro, porque es necesario contar con muchos profesionales en un largo proceso que cuesta mucho tiempo, esfuerzo y dinero. Por ello, en los últimos tiempos se intenta contar con cada vez menos personas para crear un libro, y se nota. Para mal El corrector, en no pocas ocasiones, ha sido considerado como una parte prescindible de la cadena. Craso error. La mala imagen que da una editorial que publica libros sin corregir es difícil de borrar, si no imposible. Aunque suponga un coste al principio, a la larga habrá sido una inversión para ayudar a conformar la buena reputación de la editorial.

Si buscan corrector, están a tiempo: pueden contratarnos.

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