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Un acto de amor a las palabras [por Susana Morais]

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Un acto de amor a las palabras. Tiago Rodrigues, el teatro y el arte político de la memoria

La ortodoxia nunca fue su fuerte. Iba a formarse en la Escola Superior de Teatro e Cinema de Lisboa, pero solo estuvo un año. La cambió por la oportunidad de trabajar con la compañía belga tg Stan, cuyo modus operandi se basa en la creación compartida y desafía el canon de la clara distribución de roles entre director y actores. Con 21 años, la opción de Tiago Rodrigues (Lisboa, 1977) supuso algo fundamental: sustituir las muchas dudas que tenía sobre si su futuro pasaría por trabajar en teatro por la certeza de que ese era exactamente su camino. De ahí le viene el gusto por los procesos colectivos y la colaboración artística, obedeciendo al final a lo que considera ser la propia esencia del oficio. «El teatro tiene desde hace milenios esa naturaleza de ser un lugar en el que nos multiplicamos y hace un continuo llamamiento a la capacidad para coser un botón, pintar un telón, cortar un ticket de entrada», declara sin dudar. O preparar la cena, podríamos añadir. Esta entrevista revela cómo ese espíritu grupal puede llegar a incluir ponerse el delantal y colocarse delante del fogón. palabras

Tiago Rodrigues representa, escribe y dirige. Pero solamente opta por ser concreto cuando tiene que rellenar el campo «profesión» en algún formulario –actor, siempre escribe actor, porque por ahí empezó todo. «Alguien que trabaja en teatro» es la formulación que prefiere para expresar la actividad profesional a la que dedica su vida. A lo mejor la manifestación de una propensión por definiciones amplias que, abiertamente, asume con respecto a la elección de los títulos de las piezas que crea. Procura que sean suficientemente vagos y misteriosos para que no funcionen como una mera ilustración de los espectáculos y tan amplios cuanto posible para que en ellos quepa cualquier opción que haga a lo largo del proceso creativo. ¿Qué espectador puede intuir qué le espera si se prepara para asistir a Tristeza e alegria na vida das girafas [Tristeza y alegría en la vida de las jirafas] o Três dedos abaixo do joelho [Tres dedos por debajo de la rodilla]?

Nos acercábamos ya al final de la conversación cuando quien preguntaba se percató de que la conexión que se establecía vía Skype hacía el puente Madrid-París y no Madrid-Lisboa. Un detalle insignificante para el desarrollo de la entrevista, pero sintomático de la biografía artística de Tiago Rodrigues. La itinerancia y el espíritu viajero que caracterizan su prolífico currículo –la circulación de los espectáculos que creó asciende a más de 15 países– son también una de las huellas que está dejando su labor de director artístico en el lisboeta Teatro Nacional D. María II (TNDMII). Nunca antes había sido tan amplia la geografía recorrida por la programación de esa institución que alberga el edificio de la céntrica Praça D. Pedro IV de la capital portuguesa, con misión de servicio público y cuya historia se empieza a contar en 1836.

Bien más temprana, cuando nuestro diálogo estaba todavía arrancando, fue su declaración de amor a las palabras. Pero mucho menos sorprendente. Nadie podría adivinar su ubicación por lo poco que revela el plano medio de la cámara del ordenador, pero cualquiera sabría reconocer desde el primer momento ese enamoramiento. A lo largo de la entrevista, las explicaciones son detalladas, procurando constantemente la forma más adecuada para expresarlas y sin digresiones. Aunque en algunos momentos pueda parecer que se esté alejando del tema sobre el que fue cuestionado, la ruta de su discurso termina volviendo exactamente a lo que las preguntas planteaban. Y siempre que otras palabras que no las suyas son las que mejor traducen lo que quiere decir no duda en utilizar las de George Steiner, José Saramago, Orson Welles o Nick Cave. Las cita de memoria, poniendo en práctica un ejercicio fundamental del espectáculo que hace pocos meses presentó en Madrid en el ámbito del Festival de Otoño a Primavera y que fue el punto de partida de la conversación.

—Ha estado en Madrid recientemente presentando By Heart, un espectáculo singular en varios aspectos. ¿La elección del título en inglés está relacionada con la vocación internacional de sus proyectos? ¿O la justificación tiene más que ver con la posibilidad que ofrece la expresión en inglés de transmitir otros sentidos más allá de su traducción literal? Ni el portugués de cor o el español de memoria contienen la palabra corazóndel by heart inglés o del francés par couer.

—Cuando creo espectáculos no pienso mucho en la posibilidad de la internacionalización. Mi experiencia me dice que cuando se está muy preocupado en crear algo que sea suficientemente universal para que pueda funcionar en cualquier lugar los artistas terminan alejándose de lo que es absolutamente distinto en su trabajo y pierden algo de esa identidad propia y de su contexto. Y eso es lo que importa cuando asistimos a un espectáculo iraní en Lisboa o a uno holandés en Oporto. Yo he ido descubriendo que esa ambición de crear algo paneuropeo o universal es justamente el camino para hacer espectáculos que no hablan de ellos mismos. El título By Heart no surgió del objetivo de tener un título más internacional. George Steiner es una presencia constante a lo largo del espectáculo, se cita muchas veces y en una de esas citas habla de la diferencia entre saber by heart y saber by mind. A pesar de todo, el portugués de cor tiene presente la forma arcaica de la palabra corazón, pero By Heartconcentra el espíritu de lo que George Steiner propone: conocer de memoria un texto es una declaración de amor a ese texto.

—En la génesis de este espectáculo se encuentra una petición verdaderamente conmovedora de su abuela. Sabiendo que en breve se quedará ciega, le pide que elija un libro que pueda aprender de memoria y retener en su mente para cuando ya no pueda leer. ¿En qué momento un episodio que, a priori, quedaría reservado a su biografía personal e historia familiar se transforma en algo teatralizable?

—Yo ya había hecho espectáculos en los que usaba mi nombre y pequeños fragmentos de mi biografía para aportar una especie de falsa credibilidad, un aura falsamente documental. Aunque solo lo había hecho en el territorio de la ficción, creo que ha influido la facilidad con la que en el pasado había hablado en nombre propio diciendo en el escenario «Buenas noches, mi nombre es Tiago Rodrigues». La idea de contar una historia personal me asaltó rápidamente, muy pronto, pero luego he tardado muchísimo tiempo en aceptar y convencerme a mí mismo de que había legitimidad ética, por un lado, y por otro lado validez artística para avanzar con la idea. Este grado de exposición, hablar de mi historia personal y de mi familia de una forma absolutamente verdadera, fue algo que no había hecho nunca y que no he vuelto a hacer. Me acuerdo del momento exacto en el que se me ocurrió hacer el espectáculo. El día en que mi abuela me hizo la petición pasamos la tarde juntos y luego me metí en el coche para hacer el viaje de Peredo dos Castelhanos a Lisboa. Durante el viaje tuve la certeza de que iba a hacer un espectáculo sobre el asunto. Dicho así suena algo cruel, parece que es esa parte del cerebro de los que trabajan en creación artística que inmediatamente ve una posibilidad de hacer algo con una tragedia personal o con en suceso terrible. Nick Cave dice que todos los artistas necesitan de un trauma de infancia para construir su trayectoria artística y que la gran ventaja de ser artista es que, si no tienes ese trauma, puedes siempre inventarlo. Durante el viaje de vuelta a Lisboa pensé que sería un espectáculo increíble. Porque es sobre el amor por las palabras, algo que viene estando presente en mi trabajo y que quiero declarar al mundo. Es sobre la importancia de la lectura, pero también sobre la importancia de aprender de memoria, que es algo que hago profesionalmente desde hace mucho tiempo. El momento de aprender de memora es un momento de diálogo íntimo, probablemente el más íntimo que puedo tener con personas como Racine o Shakespeare. Era una misión tan imposible tener que elegir el último libro de alguien, sobre todo de alguien que amamos, que pensé que era impensable que eso no fuera contado y compartido. He escrito cartas a George Steiner contándole la historia de mi abuela y algunas las leo en el espectáculo. Y creo que ese es uno de los componentes más fuertes de esta pieza: esa línea invisible que la atraviesa entre uno de los más grandes eruditos del siglo XX y XXI y mi abuela, cocinera en un pueblo de Trás-os-Montes. Creo que existe esa línea invisible entre la erudición y cualquier persona que, por muy humilde que sea su formación, tenga amor por la lectura, las palabras y la literatura.

[…]

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Susana Morais es doctora en Ciencias de la Comunicación por la Universidad Complutense de Madrid (España), máster en Ciencias de la Comunicación por la Universidade da Beira Interior y licenciada en Periodismo por la Universidade de Coimbra (Portugal). Forma parte de RICCAP (Red de Investigación en Comunicación Comunitaria, Alternativa y Participativa) y colabora con la Fundación porCausa en el desarrollo de proyectos sobre la representación mediática de temas relacionados con la desigualdad y la pobreza. Ha sido periodista y coordinadora editorial en instituciones culturales, además de haber trabajado en el ámbito de la comunicación corporativa.


Este fragmento es uno de los textos que compila el volumen Segundaantolojía (Los libros de fronterad, 2017). Lo puedes encontrar —o encargarlo, s08i en ese momento no lo tienen— en la generosa red de librerías con las que trabajamos.

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