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Un refrán, tres mujeres y ocho libros

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El movimiento se demuestra andando

Y con el fin de validar esta estructura y de lanzar este breve tratado a la ruta del universo, me veo en la obligación de comenzarlo hablándoles de mí.

Fred Vargas en este libro maravilloso.

Hoy en vez de dar las gracias al final voy a hacerlo, además, al principio: esta semana hemos recibido un montón de suscripciones nuevas a nuestra revista. Qué ilusión. Y cómo me gusta llamar a esta suerte de boletín revista; lo hago y pienso en Norma Duval, esas piernas espectaculares bajando una escalera rodeada de hombres y mujeres igual de espectaculares o más, piernas y brazos duros como el acero con el que se hacen los barcos, dientes blanquísimos, perfectos, cantando, celebrando qué sé yo, tal vez la vida, ay. En fin, que qué alegría. Y que muchas gracias.

Empiezo a escribir ya muy tarde; me he pasado todo el santo día —léase en el tono dramático y definitivo que usaría una madre de la Castilla profunda, una que aún no tiene lavadora y sí cinco hijos insoportables y malcriados— intentando rescatar unas fotos que hice en Pasajes el otro día y que, tal como veis, no van aquí; es decir, no lo he conseguido. Menos mal que somos felices; si no, yo no sé.

Habrá que hablar también de la huelga del día 8 de marzo. Nosotras no la vimos. Sabemos solo de oídas que hubo quien no fue a trabajar. Se me ocurrió que podríamos aprovechar el día libre haciendo algunas compras. Y allí, en el centro comercial, no había nada más que mujeres trabajando. Bueno, también algún hombre, pero muchas más mujeres. Imagino que aquí si hacen un congreso de Dependientas puede pasar también lo que en el de Sevilla, que lo llamen de Dependientes, por lo del neutro, y que luego sean convocados ellos en su mayoría, «que lo hemos intentado, pero es que las mujeres con las que hemos contactado no podían», decía alguien de CEGAL días atrás. Bueno. Pues vale.

Antes de salir me contó mi hija una anécdota que yo creo que ilustra casi igual que lo del Congreso se LibrerOs qué le pasa a este país y qué le va a seguir pasando; no va a cambiar nada cuando son siempre los demás los que tienen que hacer el trabajo que no se ve. Me parece. Me contaba cómo le habían explicado, alguien cercano, que una mujer, también cercana, blanca, heterosexual, sin hijos ni hijas, con un puesto de trabajo más o menos fijo, como el de casi todo el mundo con contrato de trabajo en este santo país —léase en el tono que usamos más arriba—, funcionarios aparte, iba a ir a trabajar y luego, claro, cómo no, a la manifestación. A hacerse un selfie (esto lo añado yo; aunque me podría jugar un par de cervezas a que hubo luego fotos de la cosa por la red). «¿Y le has preguntado por qué?». «Dice que porque si no va a trabajar ese día la despiden». Y olé. Y luego a la manifestación. A soltar consignas. Porque hay que salir en la foto. Ya estamos las demás para hacer el trabajo del que luego vas a beneficiarte tú, mariprogrecomodona (les dejo la palabra, a mí me parece todo un hallazgo).

Lo bueno es que este tipo de actitudes, y todas las conversaciones con las que finalmente no hicieron huelga, lo que nos fueron contando las dependientas, «Hoy es que si no veníamos no nos pagaban» (sic), el cartel del Congreso de librerOs, sirven a una madre para explicar, aparte de en qué consiste el Derecho de huelga, por qué hay que formarse e informarse, con ejemplos y para que no lo olvides, hija, es una lección que te regala la vida, qué es hacer política y qué paripé, o qué es ser feminista y qué bienqueda. Intento ser hiriente. Que Dios me perdone. Y no me extiendo más, que hoy he empezado tardísimo, acabo: Trabajar este jueves 8 de marzo siendo mujer, blanca, heterosexual, etc. Caray, que tu vida es muy muy muy fácil. Ponte en situación. Y haz algo, mujer.  Algo aparte de gritar como si no hubiera un mañana cuando viene la tele, digo. Que no lo tengamos que hacer todo las demás.

Tres mujeres

Qué papel juega la traducción en la edición de libros, su enorme importancia, cómo ha ido cambiando en los últimos años. Citaremos, entre otras, la traducción de la novela de Zofía Nałkowska de 1942, publicada bajo el título Choucas, y la de Báltica, Invierno en los Alpes, publicada el año pasado. Conoceremos de primera mano los descubrimientos inesperados que hallaron las traductoras de la poesía completa de Emily Dickinson, el esfuerzo que supuso el traer al español un lenguaje tan único. Y el modo en que el feminismo ha inspirado la traducción de su obra.

No hay fotos. Ya digo. No sé qué he hecho; el caso es que me he cargado la tarjeta SD. Así que no hay fotos. En nuestro caso, entonces, es al revés: hacemos cosas buenas de verdad y luego no somos capaces de documentarlas. Katarzyna Olszewska, editora de Báltica; Milagros García Garretas, de Sabina editorial, y Amelia Serraller Calvo, doctora en Filología Eslava y Lingüística Indoeuropea, que moderó la mesa, fueron las protagonistas, junto a las autoras de las que nos hablaron, Emily DickinsonZofia Nalkowska, del último jueves librerante, que en esta ocasión celebramos en martes no por fastidiar, aclaro; no nos salen en jueves, qué le vamos a hacer.

Es una hora, el audio sí he conseguido editarlo y colgarlo, podéis escucharlo como a Marta Echevarría por las mañanas, de fondo.

Así lucía la sala justo cuando empezamos. La única foto que tengo, hecha con el móvil. Iría luego llegando más gente. Así da gusto

Y los ocho libros

Son los que llevamos a la librería. Si haces click sobre cada una de las portadas llegarás hasta la ficha de cada uno; va también el detalle de las mejores librerías del mundo, donde podrás conseguirlos.

Poemas 1-600. Fue - culpa - del paraíso Poemas 601-1200. Soldar un abismo con aire Poemas 1201-1786. Nuestro puerto un secreto
El arca del tiempo Siguiendo a Emily Dickinson ¡Noches salvajes! Ese día sobrecogedor

Gracias por llegar hasta aquí. Hasta la próxima.

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