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Una del oeste. Por María Macchia, librera de Enclave de libros

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Quienes viven: La lucha contra la muerte

La saga coral se desarrolla en el siglo XIX en el noroeste de Estados Unidos, adonde se dirigen las olas migratorias en busca de una tierra prometida

Por los caminos salvajes de una naturaleza hermosamente desbordante se adentran carros repletos de enseres tirados por animales. Hombres, mujeres, niños y vacas y caballos se enfrentan a las inclemencias del tiempo y del espacio. Al final del viaje, el recuento de lo perdido. El recuerdo de los entierros improvisados a la sombra de un árbol centenario. No hay tiempo para llorar al niño que al caerse del carro es aplastado por las ruedas de la vida que ha de seguir su viaje hacia una tierra mejor. Así, desde las primeras páginas de Quienes viven, se asoma inclemente la muerte, que no sabe sino llevarse a quienes viven.

Una saga coral que se desarrolla a lo largo de la segunda mitad del siglo XIX en el extremo noroeste de Estados Unidos donde se dirigen las olas migratorias en busca de una tierra prometida. En esa tierra indómita, se entreteje el destino de cuatro familias pioneras junto con los pueblos indígenas, los lummi, skagit y noocksack, en la lucha por la supervivencia. Se forjan los destinos de los protagonistas: John, Ada, Clare, Minta, y demás personajes cuya consistencia es tan precisa que no podemos sino creer que sean personas de carne y hueso. En ese entorno hostil y hermoso a la vez, se unen para hacer frente a la dureza de la vida, forman una comunidad en la que, al principio, no existe el trabajo como lo entendemos hoy, sino la entrega total a las actividades propias de una tribu que procura abastecerse, cubrir las necesidades primarias de sus miembros. Nadie puede ser una mera sombra dentro de una comunidad, los personajes se vuelven tan reales que siguen ahí, incluso después de que aparezca la palabra fin. Sus deseos, sus pensamientos, sus errores, sus dudas y esperanzas, sus cuerpos fuertes, dejan un rastro tras su paso aunque sus vidas no hayan sido otra cosa que un estar dentro de la historia, ocupando un lugar en la comunidad.

Caprichosa, arbitraria y terriblemente humana, ahí está la muerte: se lleva a niños que enferman, a adultos sanos que trabajan para domesticar la tierra, para talar árboles y dejar pasar el sol, para construir pozos, railes, abrir vías de comunicación, a mujeres jóvenes agotadas por el peso de la carga, a blancos e indígenas, a todos quienes viven. Solo la omnipresencia de la muerte hace posible la comunidad de vivos.

Y es que tras la trama superficial que narra la épica de un tiempo y un lugar, las aventuras de unas familias insertas dentro de los reveses de la historia y de la naturaleza, aparece la transformación que acarrean los cambios introducidos por el progreso (agua corriente, ferrocarril, electricidad). De repente la crisis del valor oro/plata/dinero (da lo mismo) arrastra la crisis de los ideales de solidaridad y hermandad nunca declarados como tales sino vividos como lo más sencillo dentro de un grupo de seres cuya supervivencia está supeditada a la supervivencia de los demás. En la medida en la que avanza el “bienestar” en el pueblo, en ese momento, el dinero empieza a adquirir la importancia vital que lo convertirá en única religión de nuestro no-tiempo.

La editora y librera de Enclave de Libros, María Macchia, escribió hace algunos meses este artículo en infoLibre sobre una de las novelas que Sabina Editorial ha editado este año, Quienes viven de Annie Dillard.

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Quienes viven está disponible en la generosa red de librerías con que las que trabajamos. Si no ve en el mapa una que le quede a mano, pregúntenos, que para eso estamos: librerantes@librerantes.com

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